El Papa ha aceptado hoy la renuncia del Obispo Robert Finn de San José, Kansas (St Joseph- Kansas City), presumiblemente por su gestión del caso “Ratigan”. La renuncia se da después de una larga y constante campaña en medios de comunicación por la renuncia del Obispo, dirigida principalmente por el Informativo Católico Nacional (National Catholic Reporter) con sede en la diócesis, así como por otros diarios Católicos en Estados Unidos, y ni qué decir del New York Times, el cual tuvo un desmesurado interés en este asunto.

No hay lugar a dudas de que el manejo de éste escándalo por parte del Obispo Finn, en particular su error en no reportar un caso de sospecha de abuso infantil que lo condujo a su condena por delitos menores, fue realmente lamentable. Al mismo tiempo nos preguntamos el por qué ha sido señalado para ser sancionado. ¿El asunto se habría desarrollado de la misma manera si él hubiera sido un reconocido “progresista”- por ejemplo un abierto defensor de las doctrinas Kasperianas de la comunión de los divorciados vueltos a casar?

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El Papa saluda al obispo Barros

Los Obispos deben tener un comportamiento ejemplar, así como los Sacerdotes y, para el caso, las órdenes religiosas. Pero la sucesión de únicamente Obispos considerados “conservadores” siendo expulsados en este pontificado deja un cada vez más amargo sabor tras cada nuevo caso. Hay más escándalos en cada una de las diversas universidades administradas por Jesuitas en los Estados Unidos que en todos los Obispos conservadores expulsados juntos. Uno puede pensar en casos aún peores de abuso sexual mal manejados en diócesis de administración liberal. Sin embargo aún no hay castigo para ellos. Sin expulsiones. Sin intervención. Ya sin mencionar el extraño caso del Obispo Juan Barros, nombrado por el mismo Francisco para Osorno, en Chile.

Algo no está bien…

Augustinus

[Traducido por Mauricio Cruz. Artículo original]