La Ponencia Inaugural sobre el Beato John Henry Newman fue ofrecida por el Dr. Stephen McInerney (Profesor Titular de Literatura, Campion College)

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Revelaciones Maravillosas ”: 
Reflexiones Anglicanas de John Henry Newman sobre la Liturgia(1)

Ofrecidas en la Parroquia del Beato John Henry Newman, Melbourne 12 de octubre, 2014

ed
Misa Solemne por todas las almas en el Oratorio de Birmingham – Entrada

 Hace más de cincuenta años, reflexionando sobre el legado de John Henry Newman, P. Frank O’Malley se preguntó: “Cuál era el espíritu de este hombre que permanece con nosotros como una referencia constante, como modelo y como símbolo ?” A modo de respuesta, se refirió a algo que pocos estudiosos de Newman antes o desde entonces han tratado de poner de relieve:

El espíritu de Newman se movía dentro del espíritu de la liturgia. El pensamiento litúrgico en su sentido más relevante, al igual que el ritmo de la existencia cristiana, se agita y se centra en la vida de Cristo. Newman absorbe ese carácter litúrgico de la existencia. Vivió por y para la liturgia. (2)

Fue siendo anglicano que “el carácter litúrgico de la existencia ” lo conmovió primero. En la víspera de su decimocuarto cumpleaños su madre le regaló El Libro de Oración Común – o quizá él mismo se le habrá adelantado, comprando el libro para que ella se lo diera de regalo, y que luego hizo “sin decir una palabra”, desconcertada sin duda, por su ” impaciente y testarudo hijo”(3). Desde el momento de su ordenación predicaba regularmente sobre la importancia de los sacramentos y el carácter indispensable de la oración pública; con el tiempo llegará a creer que la oración pública de la Iglesia era el medio a través del cual la Iglesia se manifiesta visiblemente en el tiempo y el espacio. Durante los primeros años del Movimiento de Oxford llegó a considerar el Libro de Oración como el depositario de la enseñanza apostólica en Inglaterra, y un signo seguro de que la Comunión Anglicana pertenecía y expresaba la fe católica, una creencia que gradualmente cuestionaría .

Newman era conocido por celebrar los servicios de la Iglesia con gran cuidado y devoción, (4) alentaba a los fieles a asistir con regularidad, en la creencia que (como escribe Donald Withey) “la asistencia diaria y frecuente celebración de la comunión son la esencia de la vida de la Iglesia “. (5) “el culto religioso”, declaraba Newman, “satisface toda nuestra necesidad espiritual … [y] los diferentes estados del ánimo, de la mente y la variedad de circunstancias”.(6) En Littlemore, como Pusey relatara en 1837, durante las partes del servicio diario, Newman seguía la antigua práctica de arrodillarse “hacia el Este, del mismo modo que la congregación, dirigiéndose a la congregación en las partes dirigidas a ellos”, (7) a pesar de que siempre mantuvo la práctica protestante de celebrar el domingo la Comunión en el extremo norte de la mesa sagrada. (8) A pesar de que no estaba especialmente preocupado por el ritualismo, (9) tenía gran aprecio por la importancia de las formas externas de la oración pública y del ciclo litúrgico cuya ronda anual imprimía las “grandes verdades reveladas” (10) de la Fe en la memoria y la imaginación de los fieles.

La liturgia inspiró y dio forma a la predicación de Newman. Un ejemplo obvio de esto es que el ciclo santoral y de temporada del año litúrgico se convirtió en el principio organizador del Volumen Dos de sus Sermones Parroquiales, publicado por primera vez en 1835. A pesar de que los sermones habían sido escritos durante el transcurso de muchos años, Newman no los organizó en el orden en el que fueron escritos, sino de acuerdo a su lugar en el calendario litúrgico. (11) De este modo se encuentra en el volumen la tradición anglicana de ordenar litúrgicamente las obras, como las de George Herbert, El Templo (1633), de Robert Nelson Compañía para la Ayunos y Fiestas de la Iglesia de Inglaterra (1704), de Charles Wheatly, Una Ilustración Racional Sobre el Libro de Oración Común (1710), y de Juan Keble, El año cristiano (1827). Más allá de la disposición litúrgica del Volumen Dos, los sermones de Newman generalmente reflejan, como escribe Placid Murray, la “gama de sentimientos cristianos despertados por los misterios de la vida de Cristo como se conmemoran en la liturgia”. (12)

Desafortunadamente Newman no nos dejó un solo estudio de la liturgia, bien como anglicano o como católico romano – no hay un “Ensayo sobre los Desarrollo de la Liturgia” que pueda ir a la par de su Ensayo sobre el Desarrollo de la Doctrina Cristiana (1845), aunque este último se basa en ejemplos litúrgicos (a veces cuestionable) para ilustrar el principio del desarrollo doctrinal. En lugar de ello, debemos buscar sus reflexiones sobre la liturgia entre los sermones, tratados, conferencias y cartas, algunas de las cuales llevan la liturgia como su tema principal, mientras que otros se presentan como parte de una polémica más grande en la eclesiología o la naturaleza de la tradición. Fue pensada por tanto de manera coherente.

A continuación quiero examinar tres aspectos del pensamiento anglicano de Newman sobre la liturgia. En primer lugar, voy a explorar su opinión sobre la liturgia como la tradición encarnada, que intentamos reformar a nuestro propio riesgo, una visión que desarrolló como respuesta a los cambios propuestos a la liturgia anglicana en la década de 1830 y lo haremos contemplando los ejemplos de sus sermones, tratados y cartas; en segundo lugar, estudiaré el espíritu litúrgico de Newman antes y en tercer lugar, mostraremos cómo la fe de Newman en la Iglesia Anglicana se fue erosionado gradualmente en la medida que comprendió que su rito se desvió de la tradición litúrgica de la Iglesia Católica. Y todo lo que esto significa para nosotros, en la Iglesia Católica de hoy, será el tema central de mis observaciones finales.

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Un hecho descuidado en la historia de la Iglesia de Inglaterra es que el Movimiento de Oxford surgió en gran parte como una reacción en contra de las modificaciones propuestas a la liturgia anglicana, aunque dentro del contexto más amplio de la reforma política y social deplorado por los fundadores del Movimiento – John Keble, Edward Pusey, Richard Hurrell Froude y John Henry Newman. Fue, desde su creación, lo que hoy en la Iglesia Católica podría reconocerse como un movimiento tradicionalista, aunque un tanto ambiguo históricamente, ya que la configuración litúrgica que se esforzó por preservar fue ocasionada por la reforma protestante, un momento de la historia que algunos miembros del Movimiento de Oxford, incluyendo eventualmente al propio Newman, llegaron a lamentar. Sea como fuere, el Movimiento de Oxford, según el historiador de Cambridge Owen Chadwick, “se refería principalmente a la ley de la oración, y sólo en segundo lugar a la ley de la fe. Era consciente de que creencias y oración eran inseparables … Siempre vio al dogma en relación a la adoración”. (13)

El primer Libro de Oración Común utilizado en la Iglesia de Inglaterra, fue principalmente el trabajo del arzobispo Thomas Cranmer, siendo publicado en 1549 bajo el reinado de Eduardo VI. Fue modificada por Cranmer tres años más tarde, en 1552, para incorporar una teología eucarística más radical, menos católica. Durante la restauración del catolicismo bajo la reina María, la liturgia de Cranmer fue reemplazada por el Rito Sarum, del que provenía originalmente, pero pronto se volvió a introducir bajo Isabel I, en 1559, quien, no obstante, tuvo que modificarlo para tranquilizar a los católicos, eliminando la llamada Rúbrica Negra que prohibía todo menos la visión simbólica de la Eucaristía. Esta se añadió de nuevo bajo Jaime I en 1604 y el texto del Libro de Oración, si no su uso (que fue prohibido durante el interregno de Cromwell) se mantuvo estable durante los próximos dos siglos.

Peticiones para reformar la liturgia crecieron de manera constante a principios del siglo XIX, sobre todo a partir de 1830 en adelante, junto con los movimientos que permitirían a los no anglicanos y anglicanos no creyentes determinar el destino de la Iglesia de Inglaterra a través de diversas actas del parlamento. La posibilidad se hizo realidad cuando se aprobó la ley de reforma en 1832. A partir de ese momento, de acuerdo con William Palmer, el parlamento Reformado “, presidido por un ministerio a cargo de todo lo que era peligroso a los principios religiosos, amigos celosos del racionalismo, deístas , socinianos, disidentes y los católicos romanos … [ que estaban] empeñados en la destrucción de la Iglesia “. (14) Lo peor estaba por llegar. Según Lawrence Barman, en su artículo “La Dimensión litúrgica de los tractos de Oxford”, aunque en un principio “los obispos, como grupo, habían sido hostiles a la reforma parlamentaria y a la reforma en general”, para 1833 algunos de ellos, incluido el obispo de Londres, promovían cambios litúrgicos, incluyendo la abolición del credo de Atanasio. (15) Los evangélicos que minimizaban la importancia de la adoración litúrgica estable, y los liberales anglicanos que restaban importancia al papel de la adoración y la trascendencia de la creencia ortodoxa en la Trinidad y de la Encarnación, sumaron sus voces a los que pedían la reforma. Desde las primeras propuestas de modificación a la liturgia John Henry Newman, un compañero del Colegio de Oriel, en Oxford, y un sacerdote anglicano, se alarmó. En una carta a EM Rudd, en enero de 1830, cuando se preparaba para su curso de sermones sobre la liturgia, señaló que la liturgia más que cualquier otra cosa representaba la unión de los fieles a la Iglesia de Inglaterra. Rechazando el evidente entusiasmo de sus mensajes hacia los cambios litúrgicos, Newman explicó las razones de su tradicionalismo litúrgico. Su afecto por la liturgia, argumentando:

es el gran pilar de la Iglesia en la mente de la gente … la influencia que ejerce en los corazones de su pueblo es principalmente por un apego reverencial a esas oraciones que se han escuchado desde la niñez y que han sido su consuelo a menudo en sus temporadas más difíciles , y han arrojado una gracia en las solemnidades de matrimonios y nacimientos. – ¿No deberíamos temer molestar a este sentimiento? (16)

Newman se hizo eco de este sentimiento cuando predicando un mes más tarde, en Febrero de 1830. Las palabras de la liturgia, decía él, “están ligadas a nuestros recuerdos de infancia …Todos los principales eventos de nuestra vida nos han sido bendecidos por las palabras de la oración pública”. “Por todas estas razones”, concluye, “la liturgia exige nuestro afecto y reverencia” (17)

En 1833, como dijo a Henry Wilberforce, él había ayudado a “establecer Sociedades aquí – para la defensa de la Liturgia”, (18) una línea que repite en docenas de cartas, a varios corresponsales, escrita en ese mismo año. Para Charles Golightly, Newman declaró que, además de la doctrina de la sucesión apostólica, “una defensa del Libro de Oración a las alteraciones de Socinian etc. [sic] es otro de nuestros objetivos.” (19) Newman se lamenta de esos evangélicos anglicanos, y más tarde recordó a otro corresponsal, quien “piensa organizar en esta hora de peligro de la Iglesia , ciertas reformas, alterar su liturgia”. (20)

En Tracto 3 (“Pensamientos dirigidos respetuosamente al Clero sobre Las alteraciones en la Liturgia”), de los Tractos para el Times, Newman habló del peligro de cambiar el Libro de Oración por incluso “una tilde”. Pues un pequeño cambio pronto pude conducir a un cambio mayor, hasta que toda la fe sea distorsionada creando problemas en la memoria de la Iglesia. “Los cambios llamados inmateriales”, argumenta, “a menudo contienen en sí mismos el germen de algún principio, del que son la introducción”. (21) Había pues, como diría en en la disertación número 6, la presente obligación de observar la práctica primitiva, ya que había llegado hasta la Iglesia de Inglaterra a través de los siglos. La defensa del Libro de Oración por tanto, también significó la restauración de antiguas prácticas en desuso, como la celebración regular de la Santa Comunión. (22) La defensa del Libro de Oración se da de la mano con la defensa más general de los ritos litúrgicos y las costumbres que sean necesarias para la fe. “Ritos y ordenanzas, lejos de ser sin sentido, son en su naturaleza capaces de impresionar nuestros recuerdos e imaginación con las grandes verdades reveladas”, argumenta Newman en el Tracto 34. (23)

La afirmación más firme de Newman sobre la relación entre la ortodoxia y la ortopraxis procede de un sermón que predicó en la Fiesta de la Circuncisión, en enero de 1831. (24) El sermón se anticipa a la objeción de que algunos de los servicios llevados a cabo en la Iglesia no son ordenados expresamente en el Biblia, con el argumento de que, de hecho, Cristo mismo nos presenta el espíritu litúrgico que debe animar los cristianos:

Entonces, a partir de su obediencia a la ley judía, practicada y mostrada por nuestro Bendito Señor y sus Apóstoles, comprendemos la gran importancia que tiene mantener las formas religiosas a las que estamos acostumbrados. (25)

Thomas Arnold había hablado de la “incapacidad absoluta de cualquier acción corporal hacia el exterior para producir la interiorización de una creencia espiritual ” (26) y Newman parece tener Arnold (y su clase) en cuenta en el siguiente pasaje:


A veces nos encontramos con hombres que preguntan por qué observamos estas o aquellas ceremonias o prácticas; por qué, por ejemplo, utilizamos formas de oración con tanta cautela y estrictamente? ¿O por qué insistimos en arrodillarse ante el sacramento de la Cena del Señor, ¿por qué en el inclinarse ante el nombre de Jesús? … ¿Por qué ponemos tanto énfasis en este tipo de cosas? (27)

Newman responde señalando la conexión entre observancias externas y creencia interior. Debido a la relación entre las formas externas y la creencia interna, es que resulta peligroso alterar las “cosas externas de la fe y la devoción”:


El espíritu de la religión ha calado, vivificado y estimulado [las formas litúrgicas], que destruirlas a ellas es, en lo que respecta a la multitud de los hombres, perturbar y expulsar el principio religioso mismo …. Doctrinas preciosas se encadenan, como joyas, en hilos delgados …. Ritos que la Iglesia ha designado, y con razón – porque la autoridad de la Iglesia procede de Cristo -. y utilizado por largo tiempo, no pueden ponerse en desuso sin dañar a las almas “(28)

Newman volvió a este tema en su sermón “Reverencia en la adoración”, predicado el 30 de octubre de 1836. (29) Meditando sobre un texto del libro de Samuel (“Samuel servía en la presencia del Señor, desde muy niño, ceñido con un efod de lino “), (30) él compara y contrasta Samuel y Saúl. “Como un levita, o ministro de Dios”, Newman escribe, Samuel “fue tomado para el servicio especial de Dios desde su infancia; él vivió en su templo; más aún, siendo aún un niño, fue honrado con la ropa de la función sagrada “. (31) A pesar de que tenía una capa ordinaria hecha por su madre, “en el servicio divino lo que llevaba, no era esto, sino una prenda que expresaba, y grababa en él, la reverencia”. (32) Por el contrario Saúl muestra la falta de veneración – pues su desnudez cuando profetiza a Samuel demuestra que él no recibió “la prenda de la salvación”. La prenda especial que Samuel lleva representa la salvación. Newman no estaba usando esta analogía con el fin de justificar el uso de casullas, aunque la lógica de su posición parece llevar allí; pero sí reforzar su argumento de que los aspectos externos de la religión, en particular, los sacramentos de la Iglesia, los ritos y los lugares de culto, se relacionan de manera importante a la sensibilidad religiosa interna. Ambos encarnan estos sentimientos y, a su vez, se incrementan mutuamente , expresan respeto y lo imprimen en los fieles.

En el Adviento de 1838, Newman predicó un sermón sobre “El Culto, una preparación para la venida de Cristo” en la que une, de acuerdo con una tradición de muchos años, la venida de Cristo en la Navidad con su segunda venida, y de ese modo une la idea específica de la devoción de Adviento como preparación para la Navidad, con la idea de la adoración en general, y como una preparación para el encuentro que tendremos con nuestro Juez. El culto litúrgico de Dios, Newman sostiene, es la mejor y más adecuada manera de prepararse para encontrarnos con Cristo como Juez y para prepararnos para la visión de Dios. Es el medio que Dios nos ha dado para contemplarlo . “Este hecho”, dice, “es el motivo más trascendental para el culto religioso”. (33)

La liturgia nos prepara para ver a Dios por que prefigura el encuentro que tendremos con él al morir. “Tomemos esta visión del servicio religioso; la de “ir al encuentro del Esposo, “quien , si no es considerado en su hermosura, ‘aparecerá como fuego que consume’. Además de sus otras razones trascendentales, es también preparación para un evento que causa temor, y que un día ha de llegar “. (34) La liturgia, vista desde esta perspectiva, es un campo de entrenamiento para el culto divino. Moldea nuestro carácter, poniendo en nuestros labios palabras de alabanza, y ajusta gradualmente los ojos de nuestras almas, para que puedan recibir la luz de Dios (” que es temerosa antes que extasiada”) como algo hermoso y no como “fuego consumidor “. (35)

“De vez en cuando”, en la liturgia, escribe, “se nos dan revelaciones maravillosas de lo que está detrás de ésta. En ocasiones, inesperadamente podemos vislumbrar una Forma que veremos después cara a cara. “(36)

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Dada la actitud muy reverente de Newman a la liturgia anglicana como se establece en el Libro de Oración Común, ¿cómo es que llegó a dejarla atrás? Newman tenía de hecho una creciente preocupación por el culto anglicano, que expresaba incluso cuando él era uno de sus defensores más acérrimos.

Las declaraciones públicas y privadas de Newman sobre la liturgia revelan a un hombre dividido. Mientras estudiaba la espiritualidad del Libro de Oración por sus muchos tesoros, él también se volvió más consciente de sus abundantes problemas. De la misma manera que públicamente que declaraba el “estándar (37) de la enseñanza y la ” inmediata,presente y viva autoridad anglicana ” en la cual él y sus compañeros tractarianos “basaban su sistema teológico” (38), en privado él se retiraba de las implicaciones de tales afirmaciones, advirtiendo a un interlocutor en contra de depositar su confianza únicamente en el Libro de Oración como una “guía en todas las cosas”:


No puedo predicar que el Libro de Oración es, o fue pensado alguna vez en ser, un repositorio del Evangelio perfecto. Es parte de los servicios católicos originales – y, como tal, es la voz de todos los Santos en todo momento – pero es un asunto de historia que su forma actual, se decidió por una serie de accidentes. (39)

En 1831 Newman reconoció a Harriett Newman que él preferiría ser un restaurador de la liturgia anglicana en la direccion Catolica, en lugar de ser el anti-reformador que las circunstancias le habían obligado a convertirse. Si dependiera de él, sustituiría el primer libro Eduardiano de oraciones “por el actual”. (40) Algunos de sus seguidores, incluyendo Froude, quería ir más allá, mediante la sustitución del Libro de Oración Común con el rito romano en la traducción Inglesa. En lugar de expresar seriamente esta posibilidad, Newman tuvo que hablar en contra del cambio litúrgico por temor a que la defensa de su propia visión de la liturgia socavara la autoridad de la Iglesia y, por tanto abriera el camino a los daños que podría provocar la acción de los evangélicos y liberales quienes tenían la idea de una reforma radical.

Pero cuanto más reflexionaba Newman sobre el Libro de Oración, menos convencido estaba de que los cambios producidos en la Reforma no habían tocado los cimientos. En una carta a Hugh James Rose el 23 de mayo de 1836, expresó dudas sobre el estado del Libro de Oración, en particular el servicio de la Santa Comunión, como expresión de la fe católica y apostólica. La identificación de los problemas con la plegaria eucarística del Libro de Oración (la falta de oración al Espíritu Santo, y la falta de oraciones por los muertos), que él llamó “los defectos de la doctrina, mirando a la cuestión de la Antigüedad”, él declaró: “las alteraciones en el servicio eucarístico me parecen un pecado – no en nosotros sino en nuestros antepasados. Es nuestra desgracia -. Y yo lo soporto con resignación, como debo hacerlo ante la pérdida de una brazo”(41)

Él le dice en otra carta que las “mutilaciones litúrgicas durante la Reforma no dañan nuestra reverencia por lo que fue dejado”. (42) Sin embargo, dado que estas lamentables mutilaciones implican vivir con “defectos en la doctrina”, ¿cuánto tiempo podría soportarlo? William Ward informó a Pusey, en julio de 1841, que Newman pensaba dudoso “afirmar que es válido el sacramento administrado a menos que el sacerdote agregue mentalmente lo que se omite en nuestro servicio eucarístico”. (43) Y a finales de ese año, a raíz del Tratado 90, Newman declaró: “La Iglesia de Dios está bajo un eclipse entre nosotros”. Esto lo llevó a preguntar:

¿Dónde está la unidad, por la que Cristo oró? dónde la caridad, que Él ordenó? dónde la fe dada una vez , cuando cada cual tiene su propia doctrina? dónde nuestra visibilidad, que habría de ser luz para el mundo? dónde esa imponente adoración que avivaba el respeto en cada alma? (44)

También hubo una disyuntiva creciente entre la fe anglicana de Newman y su propia práctica litúrgica. Después de su retiro a Littlemore, en la década de 1840, una gran parte del día lo desarrollaba celebrando no las especificaciones previstas en el Libro de Oración, sino las prescritas en el Breviario Romano, aunque con algunas modificaciones. (45) Sin embargo, para 1844 Newman y sus compañeros ya no tenían objeciones doctrinales a la celebración del Breviario Romano “en su totalidad”. (46) Un año después, Newman era un católico romano, y su creencia en la apostolicidad del Rito Romano le había ayudado a llevar allí.

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¿Qué, por lo tanto, enseñan hoy a la Iglesia Católica, las reflexiones anglicanas de Newman sobre la liturgia? Me parece que, a pesar de que la liturgia que él estaba defendiendo no estaba en armonía con las normas de la Iglesia Católica, la inclinación de su intervención sin embargo, era profundamente católica. Newman sostiene que la Iglesia no debe “perturbar” el sentimiento de los fieles mediante la alteración de la liturgia, y menos aún de manera dramática. ¿Y acaso no le han dado la razón en esto los acontecimientos en la Iglesia Católica moderna en la que el sentir de los fieles católicos ha sido profundamente perturbado e incluso alterado radicalmente por la reforma litúrgica aprobada por Pablo VI en el Concilio Vaticano II? ¿No hemos visto hecha realidad, en el caso de la Iglesia moderna, la predicción de Newman de que “el principio religioso” sería perturbado y abandonado “en relación a la multitud” de personas, Y como resultado de los cambios litúrgicos No han sido afectadas las almas?, tal y como Newman predijo que sería, ¿porque una forma litúrgica “utilizada durante mucho tiempo” (durante siglos) fue abandonada repentinamente en 1969? De hecho, las ideas de Newman, desde la década de 1830, proféticamente anticiparon las del cardenal Ottaviani, quien para hacer frente a Pablo VI en 1969, dijo: “los cambios recientes en la liturgia podrían conducir a nada más que desconcierto total por parte de los fieles que ya están mostrando signos de inquietud y de una indudable disminución de la fe. (47)

Newman hubiese estado impactado por la abolición virtual que sin vacilación hizo Pablo VI del antiguo rito romano y su sustitución por algo que el mismo Joseph Ratzinger llama “un producto sin trascendencia”, ¿Qué habría dicho del pontífice reinante durante esta saga?. Newman, como es bien sabido, fue un ‘inoportunista’ cuando se trata de la definición de la infalibilidad papal. Él creía en la enseñanza, pero no quería que fuese dogmáticamente definida, en gran parte porque él era hostil al espíritu ultramontano de los que estaban más interesados por la definición (algunos de los cuales, incluyendo Ward y Manning, habían sido sus antiguos discípulos en el Movimiento de Oxford). Newman, estoy seguro, habría visto el papel de Pablo VI en los cambios litúrgicos como un abuso de su autoridad papal, de la clase que él estaba tan desesperado por evitar en la Iglesia, pero que el espíritu ultramontano que tanto deploraba las hacían casi inevitable. Creo yo que él habría opinado, sobre ese hombre que llegaría a ser beatificado, con las siguientes palabras:

Después del Concilio Vaticano II, la impresión que surgió sobre el Papa es de que realmente puede hacer cualquier cosa en materia litúrgica, especialmente si actuara por el mandato de un concilio ecuménico. Con el tiempo, la idea de que lo entregado en la liturgia, la idea de que no puede hacer con ella lo que uno quiere, se desvaneció de la conciencia pública de Occidente. De hecho, el Concilio Vaticano I de ninguna manera define al Papa como un monarca absoluto. Por el contrario, se le presenta como el garante de la obediencia a la Palabra revelada. La autoridad del Papa se une a la tradición de la fe, y eso también se aplica a la liturgia. No está “fabricada” por las autoridades. Incluso el Papa ha de ser sino un humilde servidor de su desarrollo legal y perpetua integridad e identidad. . . . La autoridad del Papa no es ilimitada; está al servicio de la Sagrada Tradición. . . . (Cardenal Joseph Ratzinger, El Espíritu de la Liturgia)

Ratzinger habla aquí de la liturgia “‘fabricada’ por las autoridades” – en una clara alusión a la revolución litúrgica Paulina. Por el contrario, el propio Ratzinger ha promovido la idea de la naturaleza orgánica del desarrollo litúrgico y de la reforma litúrgica. Con esto en mente, me gustaría dejarles con las propias palabras de Newman, en su ensayo sobre “La Misión de San Benito”. Él está hablando aquí del desarrollo de monasticismo benedictino, pero sus palabras son igualmente aplicables a la liturgia romana tradicional fomentada y conservada más supremamente en este día por los benedictinos, incluidos los de Le Barroux, Fontgombault y las casa respectivas de sus hijas y conventos correspondientes. Podemos decir del rito romano tradicional lo que dijera Newman de la orden de San Benito. Es una liturgia:

Que no … procede de una sola mente y en una fecha específica, que no apareció toda de una vez … y que es … diversa, compleja, e irregular, esparcida y ramificada de manera única, fértil en lugar de simétrica, con muchos orígenes y centros y nuevos comienzos y con la acción de las influencias locales, como un formidable crecimiento natural; con los símbolos, sobre la faz de ella, de que es un trabajo divino, no la mera creación del genio humano. En lugar de progresar en el plan, sistema y la voluntad de un superior, se ha disparado hacia adelante y salió corriendo como si de manera espontánea, y se ha ido dando forma de acuerdo a los acontecimientos, a partir de una plenitud incontenible de vida interior, y de la propia acción enérgica de sus partes, como esas criaturas simbólicas en la visión del profeta, que “se fue cada uno de ellos hacia adelante, a donde el impulso del espíritu les llevaba.” Se ha vertido sobre la tierra, más que haber sido enviada,en una operación misteriosa y silenciosa, mientras los hombres dormían … y no se ha elevado de entre nosotros sino que ha llegado hasta nosotros y se encuentra más que establecida. (48)

[Traducido por Zela Fabbri]

ARTÍCULO ORIGINAL

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[NOTAS:]
1 Esta conferencia se deriva en parte de una tesis completada bajo la supervisión del Prof. Eamon Duffy en la Universidad de Cambridge en 2012. Estoy agradecido con el profesor Duffy por su orientación, especialmente en relación con las cartas y sermones de Newman. Las conclusiones, por supuesto, son totalmente mías. Una versión anterior de la conferencia fue entregada en la segunda Cena de Estudiantes Católicos Asociación Newman australiano anual 7 de junio de 2014.
2 Frank O’Malley, “El Pensador en la Iglesia: el Espíritu de Newman”, La Revista de Política, Vol.
21, No. 1 (1959): p. 6.
3 Newman recuerda esto en una nota, que añadió años después a la cubierta interior del libro de oraciones en cuestión. Ver John Henry Newman, Las cartas y diarios de John Henry Newman, ed. en el Oratorio de Birmingham por Stephen Dessain, Ian Ker, Thomas Gornall et.al (Oxford, publicados entre 1961- 2008), vol. 1, p. 15. referencias futuras a las cartas y diarios usarán el LD abreviatura seguido del volumen y número de página.
4 Donald A. Withey, John Henry Newman: La Liturgia y el Breviario, influencia en su vida como un anglicano (Londres, 1992), p. 14.
5 Withey, Newman: Liturgia y Breviario, p. 14.
6 John Henry Newman, “El Culto Religioso: un Remedio para la Agitación” (08 de febrero 1835),Sermones Parroquiales y Llanos, en 8 volúmenes, (Nueva ed. Londres, 1889), vol. 3, Sermón 23, p. 336. Las referencias posteriores a los Sermones Parroquiales y Llanos utilizarán la abreviatura PPS, seguida de los números de volumen, de sermones y de página.
7 “E.B. Pusey a Richard Bigot “, LD, vol. 6, p. 141.
8 Withey, Newman: Liturgia y Breviario, p. 12.
9 Withey, Newman: Liturgia y Breviario, p. 12.
10 Tracto 34 “Ritos y costumbres de la Iglesia”, Tractos para el Times, Vol. I (Londres, 1834), p. 7.
11 Para esta observación, estoy en deuda con los comentarios del profesor Eamon Duffy sobre el proyecto de mi tesis.
12 Placid Murray, Newman el Oratorio (Dublín, 1969), 31-2.
13 Owen Chadwick, La Mente del Movimiento de Oxford: Tractarian Ensayos (Cambridge, 1990), p. 1.
14 William Palmer, una narración de acontecimientos relacionados con la publicación de los Tractos para el Times (Londres, 1883), p. 38, citado en Lawrence F. Barman, “La Dimensión litúrgica de los Tractos de Oxford, 1833-1841”, Revista de Estudios británicos, Vol. 7, No. 2 (mayo, 1968), p. 93.
15  Barman, “La Dimensión litúrgica de los tractos de Oxford”, p. 92.
16  “a E.M. Rudd”, Jan, 1830. LD, vol. 2, p. 190.
17  “La Liturgia pública- sus tres usos peculiares”, 07 de febrero de 1830. Sermones sobre la Liturgia, pp 73- 74.
18  “a Henry Wilberforce”, 16 de julio de 1833. LD, vol. 4, p. 9.
19  “a Charles Golightly”, 11 de agosto de 1833. LD, vol. 4, p. 29.
20  “A la señorita MR Giberne”, 20 de marzo de 1836. LD, vol. 5, p. 263.
21  Tracto 3, “Pensamientos … En Las alteraciones de la Liturgia”, Tracts para Times, Vol. 1, pp.4-5.
22  Tracto 6, “La obligación presente de la práctica primitiva. Un pecado de la Iglesia “, para Tracts Times, Vol. 1
23 Tracto 34 “, Ritos y costumbres de la Iglesia”, Tractos para el Times, Vol. 1, p. 7.
24 “Las ceremonias de la Iglesia” (01 de enero 1831), PPS, vol. 2, 7.
25 PPS, vol. 2, 7, p. 71-72.
26 Thomas Arnold, Fragmento de la Iglesia, pág. 29, citado en Alf Härdelin, El Tractarian
La comprensión de la Eucaristía (Upsalla, 1965), p. 91.

27 PPS, vol. 2, 7, p. 72.
28 PPS, vol. 2, 7, p. 75-78.

29 “La reverencia en la adoración” (30 de octubre 1836), PPS, vol. 8, 1.

30 1 Samuel ii. 18
31 PPS, vol. 8, 1, p. 1.

32 PPS, vol. 8, 1, p. 2.

33 “La adoración, una preparación para la venida de Cristo” (2 de diciembre 1838), PPS, vol. 5, 1, p. 7.

34 PPS, vol. 5, 1, p. 8.

35 PPS, vol. 5, 1, p. 9.

36 PPS, vol. 5, 1, p. 10.

37 “A E.B. Pusey “, 18 de marzo de 1841. LD, vol. 8, p. 97.

38 John Henry Newman, ciertas dificultades sentida por los Anglicanos en la Enseñanza Católica Vol. 1 (Londres,1888), p. 131.

39 “A la señorita MR Giberne”, 15 de mayo de 1836. LD, vol. 5, p. 295-6.

40 “A Harriett Newman”, 16 de octubre de 1831. LD, vol. 2, p. 367.

41 “A Hugh James Rose”, 23 de mayo de 1836. LD, vol. 5, pp. 304-305.

42 “A Thomas Henderson”, 8 de abril de 1838. LD, vol. 6., p .226.

43 W.G. Ward para E.B. Pusey, 23 de julio de 1841, citado en Frank Turner, Newman: El desafío a la Religión Evangélica (New Haven: Yale University Press, 2002), p. 385.

44 Sermón 22: “Notas del exterior e interior de la Iglesia” (05 de diciembre 1841), SSD, p. 335.
45 Withey, Newman: Liturgia y Breviario, p. 57.

46 Withey, Newman: Liturgia y Breviario, p. 64.

47 Cardenal Ottaviani al Papa Pablo VI: “Carta sobre el Novus Ordo Missae”, Roma, 25 de septiembre de 1969.

48 “La Misión de San Benito”, la Atlántida, de enero de 1858, en Apuntes Históricos, Tomo 2, p. 388.
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