Cuando en junio de 2012 se verificaba el quincuagésimo Congreso Eucarístico Internacional, que tuvo como sede la arquidiócesis irlandesa de Dublín, el arzobispo Diarmuid Martin, afirmaba que a diferencia de antiguos congresos eucarísticos, ése no era un evento fastuoso, sino un encuentro pequeño y modesto… Necesitamos una renovación espiritual de la fe, un mayor conocimiento de Cristo y su mensaje en una Iglesia que muestra signos de fatiga… debemos redescubrir el espíritu misionero de los orígenes de la Iglesia en Irlanda, para adecuarlo a nuestro tiempo.

La Irlanda de 2012, seguía teniendo uno de los mayores índices en Europa de participación de los fieles en la Misa semanal: un 34%, que en la década de los 1970 era del 90%.

Los números referentes a la Misa diaria seguían siendo también sorprendentes. Con una significativa presencia de la adoración Eucarística en la vida eclesial en Irlanda. La práctica de tener Misas ofrecidas por alguien continúa siendo muy popular, y en los últimos años las liturgias Eucarísticas se han enriquecido por la presencia de inmigrantes.

La Verdadera Fe llegó a Irlanda a través de San Patricio, que nacido en Inglaterra, por designios de la Divina Providencia fue a parar a la isla, poblada de celtas y escotos entonces paganos. De 16 años, Patricio cayó en manos de piratas y vendido como esclavo. Logró escapar en su tercer intento, para regresar años después a la isla como evangelizador, según la tradición enviado por el mismo Papa. Se preocupó sobre todo de conseguir la conversión de los jefes de tribus y clanes, sabiendo que, de convertirse ellos, lo harían asimismo sus súbditos.

Es importante destacar que, ante todo, él supo adaptarse a las condiciones sociales del lugar, logrando formar un clero nativo y comunidades cristianas dentro de cada clan, sin rechazar usos ni costumbres tradicionales, el Santo, enfatizó constantemente que su apostolado se debía a una clara indicación divina y sus frutos a la Gracia.

La infatigable labor del Apóstol de Irlanda y de sus colaboradores dio con el tiempo frutos extraordinarios, lo demuestra el maravilloso florecimiento de misioneros y santos irlandeses. Los monjes irlandeses fueron grandes evangelizadores en un tiempo en que Europa pasaba por una era de decadencia de la primitiva cristiandad debido a las invasiones de los pueblos germanos. Ese florecimiento de monjes viajeros, fue una transfusión de linfa generosa para toda Europa. San Columbano fue definido por esa gesta re-evangelizadora como un gigante de estatura europea.

No podemos olvidar que la semper fidelis Irlanda, ha dado a la Iglesia grandes frutos: fidelidad diamantina manifestada a Cristo, a la Iglesia, y a la Sede Apostólica durante siglos, y, el vivo ardor misionero que los ha animado siempre para difundir en todo el mundo el mensaje del Evangelio.[1]

En su encuentro con la Buena Nueva, los irlandeses descubrieron la Eucaristía como el verdadero y gran tesoro que nos une con Dios, el Único que no pasa, y a unos con otros en Cristo.

Grandes asociaciones de apostolado seglar nacieron de la Iglesia en Irlanda, como la Asociación Pionera de Abstinencia Total (1898) y la Legión de María (1921), entre otras.

Pero la Irlanda de nuestros días es muy distinta. Recientemente en el Catholic Herald, el escritor independiente Jon Anderson ha recordado que desde 2008, la Isla Esmeralda ha estado marcada por una profunda crisis económica, una serie de escándalos de corrupción en un sistema político estable en el que la Iglesia Católica, durante mucho tiempo tutora moral de la sociedad irlandesa, nada tuvo que decir sobre el estado decadente de Irlanda, maltratada ella misma por sus propios escándalos. [2] Anderson señala que la secularización y el desarrollo económico del país caminaron de la mano. De haber sido orgullosamente católica, vino a convertirse estridentemente al secularismo, que podría explicarse por los escándalos del clero, abusos, obispos progenitores.

En 2009 el obispo John Magee, que había sido secretario privado de los Papas Paulo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II, luego obispo de Cloyne, tuvo que dimitir al no haber aplicado sanciones canónicas a sacerdotes pederastas limitándose a cambiarlos de lugar.

Escándalos de abusos, y la crítica merecida, amontonada sobre la jerarquía irlandesa por sus fracasos aceleraron la decadencia. Los fieles estaban horrorizados, los obispos perdieron toda autoridad moral. Un grito de víctimas y supervivientes de los abusos sexuales del clero que traspasa el Cielo y la Tierra, pidiendo signos radicales de arrepentimiento.

El pasado año el Seminario Nacional de Maynooth había acogido apenas 14 seminaristas.

El alto aprecio que los irlandeses han tenido a la Eucaristía es un don del Espíritu Santo, en tiempos de persecución vivían su fe con esta consigna: La Misa es lo único que importa. Así, esperando una completa renovación, primero debe quitarse el mal para después imponerse el bien y la verdad. Qué mejor instrumento para iniciar una auténtica renovación y regeneración espiritual que la Eucaristía. El espíritu del mal –escribió el P. Garrigou-Lagrange- nada teme tanto como una Misa, sobre todo cuando es celebrada con gran fervor y cuando muchos se unen en ella con espíritu de fe.

Jesús comenzó una revolución en la Cruz. La revolución de ustedes debe comenzar en la mesa eucarística y de allí debe seguir adelante. Así podrán renovar la humanidad, dijo el Siervo de Dios cardenal François Xavier Nguyên Van Thuân  que durante 13 años pasó encerrado en las cárceles vietnamitas, nueve de ellos, en régimen de aislamiento.

El Señor prometió que las puertas del infierno no vencerán a la Iglesia, por ello, Su Cuerpo, la Iglesia nunca colapsará de paro cardiaco, pero tenemos que redescubrir los grandes tesoros de nuestra fe como son la Santa Misa, la adoración al Santísimo Sacramento, la devoción a nuestra Señora, la confesión sacramental, para que nuestra Iglesia no enferme de angina, arterioesclerosis o esquizofrenia espiritual, a falta de marianidad y eucaristización.

Germán Mazuelo-Leytón

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[1] Juan Pablo II, 29-09-79.

[2] Cf.: Catholic Herald, 08-05-15

Germán Mazuelo-Leytón
Es conocido por su defensa enérgica de los valores católicos e incansable actividad de servicio. Ha sido desde los 9 años miembro de la Legión de María, movimiento que en 1981 lo nombró «Extensionista» en Bolivia, y posteriormente «Enviado» a Chile. Ha sido también catequista de Comunión y Confirmación y profesor de Religión y Moral. Desde 1994 es Pionero de Abstinencia Total, Director Nacional en Bolivia de esa asociación eclesial, actualmente delegado de Central y Sud América ante el Consejo Central Pionero. Difunde la consagración a Jesús por las manos de María de Montfort, y otros apostolados afines