Peor Enemigo
Frase que intitula este artículo directa y dura, ¿verdad?….como la vida misma. Es lo que no pocos pensamos, y sufrimos, y que “cuesta” reconocer y más aún afirmar de manera pública. Trataré en estas líneas de justificar esta afirmación.

Desde el principio de la historia del Cristianismo, con un traidor en medio de los doce apóstoles, la Iglesia ha tenido enemigos internos. Pero normalmente éstos han tendido a salir de la estructura visible de la misma para acometer sus proyectos religiosos. Los herejes que han mantenido un pulso firme con la autoridad eclesial, han terminado esa fricción anunciando al pueblo la constitución de la “verdadera” Iglesia Cristiana. Tal fue el caso, por ejemplo, de Lutero o Calvino. HOY, sin embargo, son muchos los que, sosteniendo herejías en el seno de la Iglesia visible, no aspiran a fundar su “propia Iglesia” sino que se mantienen dentro de la Iglesia Católica pervirtiendo a la misma con la apología de sus ideas heréticas presentadas como ejercicio de la libertad de expresión. Nadie en su sano juicio podría hoy negar que católicos (de nombre) pero a la vez protestantes (de corazón) permanecen activos en sus cátedras de facultades de teología y/o filosofía, en sus responsabilidades formativas de seminarios y noviciados, en sus pastorales parroquiales y hasta episcopales, en sus coordinaciones de catequesis u otras tareas “evangelizadoras”…etc configurando el más impresionante de todos los cismas que ha habido en la historia ya que nada más letal existe que el cisma interior que no sólo divide sino que destruye lo aparentemente no dividido.

Desde el principio de la historia del Cristianismo, los bautizados en sus distintos niveles de vivencia vocacional (laicos, sacerdotes, consagrados) han podido hacer frente a la herejía desde la alusión, por un lado, al Magisterio, y, por otro, a la Superioridad Jerárquica, ambos como referentes objetivos. HOY, sin embargo, ¿cuantos son los laicos que salen aún más confundidos al consultar con algunos sacerdotes aspectos de la vida moral?, ¿cuantos son los sacerdotes que salen aún más abatidos al buscar apoyo en el Superior que no pocas veces les dejan SOLOS ante la presión ambiental?, ¿cuantos son los católicos de recta intención que IGNORAN verdades de fe porque las mismas JAMÁS son predicadas o cuando más son expuestas desde el recorte modernista?…; nadie en su sano juicio podría hoy negar que no pocos miembros de la Iglesia Católica caen en una terrible OMISIÓN de autoridad a causa de la cobardía moral y el acomodamiento al pensamiento único posmoderno que NO destroza la Fe sino que la ENVENENA con la táctica de la drogadicción de las conciencias.

Desde el principio de la historia del Cristianismo, los católicos comprometidos si han tenido temor por algo ha sido de ofender a Dios y/o traicionar el Evangelio desde la infidelidad de vida. HOY, sin embargo, no son pocos los católicos (laicos, sacerdotes, consagrados) que sienten MIEDO por ser FIELES: un nuevo temor al que me gusta calificar como “Nueva Inquisición Invertida”, existente hoy en la catolicidad, cuya diabólica dinámica totalitaria se ceba sobre aquellos bautizados que no se conforman solo con ser fieles sino que se comprometen pastoralmente a defender y dar testimonio de la verdad desde la apológética y la lealtad a la Tradición de la Iglesia. Nadie en su sano juicio podrá negar que, actualmente, el doble rasero es muy claro: permisividad y apoyo tácito al hereje a la vez que marcaje asfixiante al fiel que será castigado de forma desproporcionada a la más mínima falta (real o inventada por sus enemigos). El caso reciente de la destitución de Monseñor Livieres avala lo dicho.

Por todo ello, finalizo como comencé: afirmando sin duda alguna que HOY la Iglesia Católica no necesita enemigos, pues los tiene dentro y hacen mucho más daño que los enemigos de fuera.