MEDITACIÓN

De la mujer que padeció el flujo de sangre, y sanó tocando la orla de la vestidura de Cristo

Meditación para el miércoles veintitrés

PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice san Lucas, que esta mujer había gastado su hacienda en médicos y medicinas, y padecido mucho por espacio de doce años, y no le habían dado salud, y con sólo tocar la orla de Cristo la cobró: en que has de aprender lo poco que valen todos los medios del mundo para darnos, así la salud del cuerpo como la del ama, si Dios no pone su mano; y que la seña de su voluntad puede y avale más que todo lo criado: saca de aquí acudir a Dios y no al mundo en tus necesidades, y que muchas veces ordena que los medios ordinarios no tengan fuerza, ni surtan efecto, porque la misma necesidad nos traiga a sus pies, y a buscarle para nuestro remedio. ¡Oh buen Dios! ¡oh infinita caridad! ¡oh amor inefable! Que nos le tenéis tan crecido, que no necesitáis venir a nuestra casa para hacernos bien; y cuando todo el mundo nos falta, vos no faltáis, sino que nos ayudáis y nos hacéis mayor merced. Bendito seáis para siempre: ninguno, Señor, tienen mayor necesidad que yo, a que me presente a vuestros pies; tened misericordia de mí, dadme salud en el alma, como la disteis a esta mujer en el cuerpo.

PUNTO II. Considera que el principio de su bien estuvo en el conocimiento que tuvo de su enfermedad esta mujer, y el sentimiento de lo que padecía; y el tuyo está en el conocimiento de tu pecado, y en el sentimiento y dolor que tuvieses de él. ¡Oh pecador, si conocieses los muchos pecados que agravan tu conciencia! ¡Oh cuán grave mal es perder a Dios; y si te dolieses de haberle ofendido de todo tu corazón, y cómo buscarías el remedio de tu alma, y te vinieras desalado a Dios! Abre los ojos de la consideración, y mira cuán malo y amargo es haber ofendido a tal Señor, y trocado su amistad por la de Satanás, y dejado al Criador por la criatura, la vida por la muerte, y el cielo por el infierno, y el gozar para siempre por el penar eternamente: carga el peso de la consideración en esta verdad; desmenuza esta píldora hasta que te amargue el pecado y conozcas tu necesidad, y ella misma te traiga a los pies de tu Redentor, que es el médico de tu alma.

PUNTO III. Considera el linaje de enfermedad que padecía ésta en el cuerpo, y la que tú padeces en el alma, que es un flujo continuo de pecados, añadiendo cada día culpas a culpas sin cesar; discurre por todos los sentidos y mira los pecados que cometes con ellos cada día, y luego los de pensamiento y voluntad: considera también cuánto con ellos irritas la ira de dios, y pídele con lágrimas perdón de tus culpas, con dolor de haberle ofendido, y gracia para no pecar más.

PUNTO IV. Considera lo que dice de esta mujer san Lucas, qué hizo para alcanzar salud. Lo primero habló consigo, diciendo: si tocare a sola su vestidura sanaré. Lo segundo, que llegó con fe. Lo tercero, que le tocó y luego quedó sana; en que nos enseña que nuestra salud espiritual consiste en tres cosas, que son la palabra, la fe y las obras; la palabra, oyéndola de Dios y obedeciéndola; la fe, creyendo sus verdades y teniendo confianza en él; y las obras, cumpliendo sus mandamientos; contempla la enfermedad de tu alma, y el remedio y medicina que le has de aplicar para cobrar salud, y resuélvete a procurarlas, y usando de estos medios y suplicando a Dios que sea servido de sanarla.

Padre Alonso de Andrade, S.J 

Meditación

Meditaciones diarias de los misterios de nuestra Santa Fe y de la vida de Cristo Nuestro Señor y de los Santos.