1. No cinco sino siete . Hubo antaño cinco proposiciones heréticas: como tales, fueron condenadas por un Papa, y no sólo denunciadas por una cierta élite del clero y de los fieles católicos. El episodio no solo se recuerda como célebre, sino también emblemático de una dificultad casi insoluble. Las mismas causas producen los mismos efectos,lo que hace temer que el escándalo ( pues de eso se trata) suscitado por Amoris laetitia no esté, ni con mucho, cerca de ser reparado como se merece.

2. Las cinco proposiciones fueron condenadas el 31 de Mayo de 1653 por el Papa Inocencio X en la Bula Cum Occasione[i]. Estas proposiciones expresan todo el núcleo del jansenismo, doctrina contraria al dogma católico de la gracia y la predestinación, y sin embargo defendidas por el obispo de Ypres Cornelius Jansenius (1585-1638) en su obra el Augustinus, aparecida a título póstumo en 1640. Habiendo sido denunciado este libro ante el Papa Urbano VIII, éste lo condenó en su Bula In Eminenti del 6 de Marzo de 1642. Pero la condena fue rápidamente eclipsada por los discípulos de Jansenius, el abad de Saint-Cyran, Jean Duvergier de Hauranne (1581-1643) y, sobretodo, Antoine Arnaud (1612-1694), hermano de la Madre Angélica, superiora del convento de Port-Royal, convertido al jansenismo. Es con ocasión de la aparición de este libro que varios teólogos de la Universidad de París se decidieron a estudiar de una manera más profunda la doctrina del Augustinus, comunicando los resultados a sus pastores, por lo que en 1651, ochenta y cinco obispos franceses enviaron a Roma cinco proposiciones del Augustinus para ser examinadas.

3. La reacción de los jansenistas fue muy sutil, quienes distinguen entre la cuestión de derecho y la cuestión del hecho. Reconocen que las cinco proposiciones son verdaderamente heréticas y que merecen ser condenadas como tales (cuestión de derecho) pero pretenden que no se encuentran dentro del Augustinus, o que al menos esas proposiciones  no se derivan de una manera exacta de lo que se puede leer dentro del Augustinus.  Textualmente, es verdad, sólo la primera proposición se encuentra en el Augustinus. Sin embargo, las otras cuatro se encuentran en esencia. El 29 de Septiembre de 1654, una nota breve de Inocencio X precisa que, por la Constitución de 1651, se encuentra condenada la doctrina de Jansenius tal y como se encuentra contenida efectivamente en su obra  el Augustinus. Pero los jansenistas se obstinan en sus tesis , optando por no contradecir, en principio, las prescripciones de Roma, pero sin dar su asentimiento. Adoptan así la táctica de un asentimiento puramente formal, el de un silencio religioso. El Papa Alejandro VII los condena de nuevo por la constitución Dum ad sancti Petri sedem del 16 de Octubre de 1656[ii], pero esta vez engloba en la condena  infalible la distinción entre el derecho y el hacho: “Declaramos y definimos que estas cinco proposiciones han sido extraídas  del libro del anteriormente citado obispo de Ypres, que lleva el título Augustinus, y que han sido condenadas según el sentido dado por el propio Cornelius Jansen, y condenamos de nuevo como tales”. Bajo la petición del clero de Francia, y para detener la táctica jansenista del silencio religioso, el Papa añade con la publicación de este texto un Formulario, a firmar por todo el clero, y que es una declaración de adhesión formal a la condena de las cinco proposiciones. Esta medida encontró tales resistencias que Alejandro VII se vio obligado (sin éxito, por otra parte) de promulgar la Bula Regiminis ecclesiastici del 15 de Febrero de 1655 para imponer la firma del Formulario. Fue el comienzo de una guerra a ultranza que duró aproximadamente medio siglo. Y es en este contexto que el arzobispo de París, Monseñor Hardouin de Péréfixe[iii] pronunció una frase que hizo fortuna:  las religiosas de Port Royal son “puras como ángeles pero orgullosas como los demonios”.

4. No nos toca a nosotros juzgar si el Papa Francisco, en su fuero interno, se parece a un ángel, a un demonio o a los dos a la vez. Pero si de lo que se trata es de juzgar los actos de las personas, como al árbol por sus frutos, estamos suficientemente capacitados, hasta aquí, para poder extraer conclusiones incontestables. Las hemos señalados nosotros mismos en algunas columnas recuperadas del Correo de Roma[iv].  Y he aquí que, a día de hoy, tras unas Dubia presentadas al Papa por cuatro cardenales y dejadas sin respuesta, una Correctio filialis firmada por sesenta y dos personalidades católicas, clérigos y laicos, denuncia como heréticas siete proposiciones  presentes en la Exhortación Amoris laetitia, pidiendo al Santo Padre que haga la pronta y clara condena de las mismas.

5. En efecto, las siete proposiciones indicadas por los firmantes son contrarias a la doctrina divinamente revelada, tal y como Dios nos la ha hecho conocer por la proposición de infalibilidad del Magisterio eclesiástico:  merecen sin lugar a dudas la condena de la herejía. Sin embargo, como lo precisa el texto de la Correctio, estas proposiciones no corresponden a las herejías y errores “que un lector sin prejuicios, intentando leer Amoris laetitia, en su sentido natural y obvio, podría de manera plausible, haber sido afirmadas, sugeridas o favorecidas por este documento”.  No, estas siete proposiciones equivalen sólo, en su significado,  a las “palabras, acciones y omisiones” que el Santo Padre ha, efectivamente, “sostenido y propagado, situando a las almas en un peligro grave e inminente”. Esto solo ya es suficientemente grave para justificar el proceso iniciado con esta Correctio.  Pero, dicho esto, sin importar lo que piensen  o quieran los signatarios, la cuestión permanece abierta a la distinción entre el derecho y el hecho. Y todos los incondicionales de Amoris laetitia no han dudado en atenerse a ello. Las siete proposiciones, responden, en su esencia son heréticas (cuestión de derecho), pero no se corresponden en absoluto con el pensamiento ni el decir ni a los gestos del Papa.

6. La prensa se apresuró para hacerse eco de las declaraciones en ese sentido, más o menos autorizadas .[v] La más representativa de las mismas fue la del  cardenal Ouellet: “Toda interpretación alarmista denunciando una ruptura de la continuidad, o bien laxista, celebrando un acceso a los sacramentos para los divorciados vueltos a casar, es infiel al texto y a la intención del Papa”[vi].

7. Encontramos aquí la distinción alegada por Antoine Arnaud y sus discípulos, y nos procura al menos la satisfacción de decir exactamente lo contrario de lo que creemos verdadero.  Es precisamente esto lo que nos satisface, ya que ahora, al menos, las cosas están claras y sabemos que no podremos entendernos más sobre nada. Existen claramente en el seno de la Iglesia Católica, dos religiones y dos morales absolutamente irreconciliables: la religión y la moral católica de siempre por una parte, que combate a la nueva religión y a la nueva moral instauradas por el concilio Vaticano II, religión y moral nueva, por su carácter neo-modernista y neo-protestante. Y como viene a recordar a tal efecto el Superior General de la Fraternidad San Pío X[vii], citando la Declaración del 21 de Noviembre de 1974, hemos rechazado siempre seguir esta nueva religión y rechazamos hoy seguir con ella la nueva moral que se desprende de ella cada vez más explícitamente.

8. Y eso no es todo, ya que esta nueva religión y esta nueva moral, se benefician de la protección de una “ nueva Roma”. Nos encontramos así en la situación paradójica y trágica en donde, por retomar la expresión de Monseñor Lefebvre [viii] “la silla de Pedro y los puestos de autoridad de Roma están ocupados por anticristos”. Ya que es Roma quien defiende en la actualidad estas proposiciones en vez de condenarlas. No olvidamos que si bien la herejía es una cosa, los artífices del error y de la herejía son otra. En su encíclica  Pascendi, el Papa san Pío X no denuncia únicamente los errores del  modernismo; denuncia, sobretodo, a sus autores (fautores), los artífices de estos errores y a los que los favorecen. “Esto exige que hablemos sin demora”, dice, “de los artífices de estos errores, que no hay que buscarlos ya entre los enemigos declarados, se esconden y son una fuente de aprensión y de angustia muy viva, en el seno mismo y en el corazón de la Iglesia”. Y vemos a la par, que Monseñor Lefebvre, en la Declaración del 21 de Noviembre, no dice sólo que rechaza los errores del Vaticano II. Dice muy claramente que rechaza seguir a los artífices de estos errores, y a aquellos que los favorecen, a los que designa recurriendo a la expresión de una nueva Roma: “ Rechazamos y siempre hemos rechazado, seguir la Roma de tendencia neo-modernista y neo-protestante que se ha manifestado claramente en el concilio Vaticano II y de todas las reformas derivadas de ese concilio”.

9. Según el plan de Dios, y para atenerse a las vías ordinarias de la Providencia, esta es la Roma que se constituye en la salvaguardia del catolicismo perplejo. En caso de perplejidad, el católico debe poder encontrar en efecto el medio de dirimir las cuestiones en litigio, por un simple recurso a una autoridad legítima y reconocida por todos, la que Cristo ha establecido de una vez por todas volviendo a  san Pedro y todos sus sucesores que tienen la llave de los cielos. La Correctio filialis señala acertadamente Roberto di Mattei, “ha tenido un impacto extraordinario en el mundo entero”, con repercusiones en “todos los medios de comunicación de los cinco continentes, e incluso en Rusia y en China”[ix]. ¿Qué significa esto sino que la Roma de siempre, tal como se expresa por la voz de los sesenta y dos firmantes, a través de su “sentido católico”, conserva aún todos sus derechos?. Ya que “sentido católico” de la Tradición es a la vez el efecto y el signo de una intervención anterior del Magisterio infalible de la Iglesia. El silencio del Papa actual puede ser, humanamente hablando, la única respuesta coherente, por parte de una Roma neo-modernista y neo-protestante, a todos esos nuevos “católicos perplejos”, que tienen para sí todo el peso de la autoridad divina. Y finalmente, incluso para una visión sin prejuicio modernista, ¿No representa acaso esta negativa del Papa una nueva versión del “silencio religioso” de los jansenistas?.

Padre Jean-Michel Gleize

(Traducción: Duque de las Llaves. Courrier de Rome)

[i] DS 2001-2007

[ii] DS 201-201,

[iii] Es el que por la ordenanza del 11 de Agosto de 1667, prohíbe, bajo pena de excomunión, a Molière interpretar la obra “El Tartufo”, por el motivo que “bajo el pretexto de condenar la hipocresía y la falsa devoción. (esta obra) da lugar a acusar indistintamente a todos los que profesan la más sólida piedad y los expone por este medio a las risas y a las calumnias contínuas de los libertinos” (Citado por Pierre Gaxotte, Molière, Flammarion, 1977, p 197-198). Este hecho es notable, ya que atestigua la imparcialidad del buen pastor. No había pues en el arzobispo de París dos pesos y dos medidas, ya que golpea igualmente la rigidez de los jansenistas y el liberalismo de los libertinos.

[iv] Cf. Los artículos “¿Por un Magisterio de la conciencia?” en el número de Diciembre de 2013; ¿”Obispo de Roma?” en el número de Mayo de 2014; “Misericordia papal y lamentaciones católicas”, “ El sentido de la fe, ¿ Principio y fundamento de una Iglesia sinodal? ‘” en el número de Octubre de 2015; “Verdadera o falsa indulgencia” en el número de Enero de 2016;”Breves consideraciones sobre el capítulo VIII de Amoris laetitia” en el número de Mayo de 2016; “¿Un nuevo Syllabus?” en el número de Julio-Agosto de 2016; “¿Francisco hereje?” en el número de Enero de 2017 y “ Vuelta sobre Amoris laetitia” en el número de Mayo de 2017.

[v] Principalmente, el sitio Zénith.

[vi] Observaciones del martes 26 de Septiembre de 2017, en la Asamblea plenaria anual de la conferencia de obispos católicos del Canadá en el Centro Nav Canada, en Cornwall, en Ontario y reproducidos por el sitio Zenith en su página del 27 de Septiembre de 2017.

[vii] Mons Fellay “¿Por qué firmé la Correctio filialis?” en el sitio FSSPX Actualités, página del 26 de Septiembre de 2017.

[viii] Mons. Lefebvre, “Carta a los futuros obispos, padres Williamson, Tissier de Mallerais, Fellay y de Galarreta” (29 de Agosto de 1987) en Fideliter hors série 29-30 Junio de 1988.

[ix] Correspondenza romana nº 340 de 30 de Septiembre de 2017.

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