PUNTO PRIMERO. Considera que siendo Cristo tan superior a san Juan, se abajó a ser bautizado por él, el Creador a la creatura y el que era la misma pureza a su inferior, para condenar las honrillas y la vanidad de los hombres, que tanto rehúsan sujetarse unos a otros, y ceder en los primogenituras y precedencias. Pondera cuán lejos estuvo el Salvador de la perdición de este camino, delante de Dios y de los hombres. Pues mereció que su Eterno Padre le honrara públicamente, y que el Espíritu Santo venga sobre su cabeza a vista de todos, y que san Juan le pregonara por el Salvador del mundo, a quien él no era digno de desatar las sandalias, y resuélvete con su ejemplo, a menospreciar las vanaglorias humanas, dando a todos la precedencia y el mejor lugar, persuadido de que si en esto imitas a Cristo, también Dios te honrará como lo honró a él; y si no lo imitas, perderás la honra de Dios y de los hombres. Pondera que Cristo se humilló ante sus inferiores, y ¡tú buscas ser preferido a  los que son superiores a ti!

PUNTO II. Considera cómo Cristo quiso recibir el bautismo de mano de san Juan para acreditar su predicación y santidad, y destierra con su ejemplo la envidia y pugna que puede haber entre los maestros y predicadores, desprestigiándose mutuamente. Alégrate de tener un Maestro tan santo como Cristo y tan reconocedor de sus siervos. Agradécele la enseñanza que nos da con su santa vida, y toma sus enseñanzas y en adelante no tengas envidia ni rivalidad con nadie, antes bien, honra a todos de obra y de palabra, acreditando sus acciones, como lo hizo Cristo con las de san Juan Bautista.

PUNTO III. Pondera lo que dijo Cristo a San Juan cuando éste quería rehusarle el bautismo, por considerarse indigno de tan alta dignidad. Conviene que nosotros cumplamos toda justicia. Esto es, ejercitemos todas las virtudes sin dejar alguna de lado. Toma estas palabras como si te las dijera a ti, y no te contentes con una u otra virtud, sino que, debes advertir la importancia de ejercitarlas todas. Pues tienes más apremio que el que tuvieron estas dos lumbreras del mundo: Cristo y san Juan Bautista. Echa una mirada sobre tu alma y mira las que te faltan. Hallarás que superan incomparablemente las que tienes, y date prisa a conseguirlas, no sea que te enseñoreen los vicios. Pídeselas a Dios y al glorioso san Juan, que te las alcancen de su Divina Majestad, y a todos los santos que te ayuden a merecerlas y a cumplirlas, y procura ejercitarlas todos los días de tu vida.

PUNTO IV. Una vez que hubo recibido Cristo  el bautismo, dice San Lucas, que el Salvador salió del agua y se puso en oración. Y estando en ella se abrió el cielo y se oyó la voz del Padre, que le confesó como Hijo suyo, y bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma. Considera cómo todas estas mercedes recibió después del bautismo, para enseñarnos que ha de preceder la purificación de las culpas a las mercedes de Dios. Si Cristo, que no las tuvo, se lavó primero con las aguas del bautismo, mucho más debes tú purificarte siendo tan pecador, para recibir la gracia de Dios. ¿Cómo quieres que el Eterno Padre te confiese por hijo suyo, siendo su enemigo, y por el pecado hijo de ira y perdición?[1]. ¿Y cómo bajará el Espíritu Santo sobre ti, siendo él la suma pureza y tú la suma inmundicia, manchado, como estás, de tantos pecados? Llora tus culpas y bautízate con lágrimas nacidas de verdadera contrición, y ruega al Señor que te limpie y purifique, y te haga digno de su gracia. Mira cuántas has perdido por no hallarte bien dispuesto a recibirlas, y el Señor las ha dado a otro más digno que tú, perdiendo un tesoro tan grande por  descuido y negligencia.

Padre Alonso de Andrade, S.J

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[1] Ef. 2.3.

Meditación
Meditaciones diarias de los misterios de nuestra Santa Fe y de la vida de Cristo Nuestro Señor y de los Santos.