RORATE CÆLI

Los males de Amoris Laetitia: La Iglesia y Asmodeo 4

Por Don Pietro Leone

A spiritu fornicationis
libera nos, Domine
(invocación de la Letanía de los Santos)

IV
AMORIS LAETITIA

¿Cómo podemos poner en duda que esta exhortación, públicamente puesta en cuestión por el mismo Cardenal Caffarra (entre otros), a quien escribió la Hermana Lucía, no es parte de la batalla entre la Iglesia y Satanás que hemos mencionado más arriba?

En esta breve ojeada a Amoris Laetitia, consideramos el matrimonio, el adulterio y la ‘educación sexual’.

1. MATRIMONIO 

La exhortación Amoris Laetitia afirma en el § 80: ‘El matrimonio es en primer lugar una ‘íntima comunidad conyugal de vida y amor’, que constituye un bien para los mismos esposos, y la sexualidad ‘está ordenada al amor conyugal del hombre y la mujer’… No obstante, esta unión está ordenada a la generación por su propio carácter natural’.

En las notas a pie de página, se aportan cuatro referencias para este texto: Gaudium et Spes § 48, que se refiere a la ‘íntima comunidad’; el Código de Derecho Canónico (1983) can. 1055, que se refiere al ‘bien de los esposos’[i]; el Catecismo de la Iglesia Católica § 2360, que se refiere a la ordenación de la sexualidad al amor conyugal; Gaudium et Spes § 48, de nuevo, que se refiere a la ordenación del matrimonio a la procreación.

Hay dos cosas que advertir cuando se compara este pasaje de la Exhortación con el Magisterio reciente:

1) Representa un paso adelante, dado que ahora presenta explícitamente el amor conyugal como fin primario del matrimonio (‘El Matrimonio es, en primer lugar… amor conyugal’);

2) Esta doctrina es otro ejemplo de la tendencia erotizante que se da en el Magisterio reciente, manifiesto aquí también en la reiteración de tres doctrinas (las cuales hemos tratado más arriba) que describen el matrimonio como una ‘íntima comunión de vida y amor’ y un ‘bien para los esposos’, y que concierne a la ‘ordenación de la sexualidad al amor conyugal’. La sugerencia de que el amor conyugal es esencialmente sexual en su contenido será, de hecho, elaborada subsiguientemente en términos exclusivamente profanos en el § 150, titulado ‘Dimensión erótica del amor’.

El Papa Francisco sigue al Papa Juan Pablo al no tratar ya al matrimonio como inferior a la virginidad y al celibato (Exhortación § 159, citando el pasaje de Juan Pablo II mencionado más arriba). Esto corresponde ciertamente a la importancia que le da al amor conyugal.

2. ADULTERIO

Ciertamente, el espíritu de erotismo manifiesto ya en las citaciones de más arriba es el que está detrás de la actitud indulgente del Papa hacia el adulterio.

a) Promoción del adulterio

En el documento Amoris Laetitia § 298, el Papa habla de las parejas de ‘divorciados vueltos a casar’ en los siguientes términos: ‘La Iglesia reconoce situaciones en que ‘cuando el hombre y la mujer, por motivos serios, —como, por ejemplo, la educación de los hijos— no pueden cumplir la obligación de la separación’ (Familiaris Consortio § 84), y añade en la nota a pie de página n. 329: ‘En estas situaciones, muchos, conociendo y aceptando la posibilidad de convivir ‘como hermanos’ que la Iglesia les ofrece, destacan que si faltan algunas expresiones de intimidad puede poner en peligro no raras veces el bien de la fidelidad y el bien de la prole’ (Gaudium et Spes § 51).

Comentario

‘Expresiones de intimidad’ se refiere a relaciones sexuales, como resulta de la lectura del completo pasaje de Gaudium et Spes, y del hecho de que las palabras ‘expresión de intimidad’ se ponen en contraste a la convivencia ‘como hermanos’. Consiguientemente, el texto puede ser resumido como sigue: Muchas parejas de divorciados vueltos a casar que viven juntos por el bien de los hijos, descubren que las relaciones sexuales (i. e. el adulterio) son fructíferas para su relación y para el bien des sus hijos.

Observamos entonces que:

i) El adulterio es justificado, esto es:

ii) como un medio para un fin: es decir, la fidelidad de la pareja y el bien de su prole;

iii) en una situación particular, de hecho una situación experimentada por ‘muchos’;

iv) en supuesta continuidad con el Magisterio de la Iglesia precedente.

Podemos responder a cada uno de estos puntos como sigue:

i) El adulterio está condenado expressis verbis, en el Antiguo Testamento, en el VI Mandamiento, y por Nuestro Señor Jesucristo mismo en el Nuevo (Mt 19, 9; Mc 10, 11-12). Además, Nuestro Bendito Señor lo especifica como uno de los pecados que excluye al pecador de la vida eterna (Mt 19, 17-18), con otras palabras, como un pecado mortal. Siendo, por tanto, un mal intrínseco, no puede ser de ninguna manera justificado.

ii) San Pablo (Rom 3, 8) declara explícitamente que un mal no puede hacerse como medio para un bien;

iii) Aquí entra en funcionamiento la ‘Etica de la situación’, con el principio de que la conciencia crea una norma de acuerdo con la situación en la que el individuo se encuentra. La Iglesia, por el contrario, ha condenado la ética de la situación y entiende la conciencia como un juicio que aplica los principios de la moral objetiva a las acciones particulares;

iv) El Papa (o sus colaboradores) suprimen partes esenciales de los pasajes que cita. En el primer pasaje, el Papa Juan Pablo II, al hablar de los ‘divorciados vueltos a casar’ que viven juntos por motivos que incluyen el bien de sus hijos, declara que deben vivir en perfecta castidad: si no lo hacen, no pueden recibir la Sagrada Comunión. En el segundo pasaje, el Concilio recomienda las relaciones sexuales por razones de fidelidad y el bien de los hijos, pero sólo entre aquellos que están casados sacramentalmente.

Con otras palabras, el Papa Juan Pablo II afirma que una pareja de ‘divorciados vueltos a casar’ pueden vivir juntos por el bien de sus hijos pero en perfecta castidad; el Concilio afirma que las relaciones sexuales pueden favorecer la fidelidad de una pareja y el bien de sus hijos dentro del matrimonio. Combinando los dos pasajes, mientras elimina las referencias a la castidad y el matrimonio, el Papa Francisco pretende justificar el adulterio basándose en el Magisterio precedente.

b) El estatus eclesial de los adúlteros

La Exhortación afirma en el § 299 que los ‘divorciados vueltos a casar’ pueden, ‘vivir y madurar como miembros vivos de la Iglesia’ y propone que sean integrados en la vida pública de la Iglesia, por ejemplo, como padrinos. La Tradición de la Iglesia, por otro lado, siguiendo a Santo Tomás de Aquino, los considera miembros muertos de la Iglesia, como ramas muertas de un árbol vivo. Por esta razón, y por razón de su mal ejemplo, no es, evidentemente, apropiado para los adúlteros asumir puestos en la vida pública de la Iglesia, ni jamás les ha sido permitido el hacerlo.

c) La admisión de los adúlteros a la Sagrada Comunión

Podemos concluir a partir del § 298 y de la nota 329, analizados más arriba, que si el adulterio no es considerado ya como pecado mortal, se sigue que los adúlteros tienen el derecho a ser reintegrados en la vida de la Iglesia, incluso hasta en lo referente a la recepción de la Sagrada Comunión. Examinemos ahora uno de los pasajes del documento que lo dice explícitamente: ‘[…] las consecuencias o efectos de una norma no necesariamente deben ser siempre las mismas […] Tampoco en lo referente a la disciplina sacramental, puesto que el discernimiento puede reconocer que en una situación particular no hay culpa grave’ (§ 300 y nota 336).

¿Qué tipo de justificación para el acceso a la Sagrada Comunión tiene aquí el Papa en mente? ¿la ‘Etica de la situación’? Pero, como hemos explicado ya, esta ética es nula de pleno derecho. ¿O quizá la ignorancia por parte de la pareja de que el adulterio es un pecado mortal, o de que la Sagrada Comunión, en estado de pecado mortal, es un nuevo pecado mortal? Es verdad que un pecado mortal no es imputado a un pecador que no conocía que era mortal; no obstante, el pecado en cuestión es objetivamente mortal y es una grave ofensa a Dios. Por esta razón, toda forma de asistencia espiritual, discernimiento, declaración o intervención de parte de la Iglesia debe dirigirse a instruir a la pareja acerca de la ley natural y Divina objetiva, y a conducirles a vivir en Gracia de Dios: no dejarles en la ignorancia y el pecado por miedo a ofender sus sensibilidades. En resumen, la misión de la Iglesia aquí no es evitar ofender a los fieles, sino evitar ofender a Dios.

3. ‘EDUCACION SEXUAL’

En este momento, las escuelas Europeas se han llenado de programas de ‘educación sexual’ de orden inmoral y puramente hedonista (y tememos que lo peor está incluso por venir). Una intervención de la Santa Madre Iglesia se hace cada vez más oportuna y urgente cada día que pasa. Con la publicación de Amoris Laetitia, se hubiera esperado quizá que la Jerarquía hubiera adoptado un posicionamiento verdaderamente Católico en referencia a este tema, por ejemplo:

i) Una propuesta de fundar escuelas nuevas y auténticamente Católicas, o, al menos, fundar nuevos institutos para enseñar la doctrina Católica en escuelas ya existentes;

ii) Un llamamiento a los padres para que eduquen, o al menos supervisen, la educación de sus propios hijos, al tener, de hecho, la obligación de hacerlo de acuerdo con el fin primario del matrimonio (i. e. la procreación y educación de los hijos);

iii) Una exposición clara de la doctrina Católica sobre el matrimonio, sobre los actos contrarios a él, sobre la pureza, sobre la impureza y sobre el hecho de que todos los pecados contra la pureza son mortales.

En vez de esto, el apartado § 280-286, titulado ‘Sí a la educación sexual’ carece extrañamente de todos estos puntos.

i) Lejos de proponer alternativas a los actuales programas de ‘educación sexual’, el documento se limita a sugerir ciertas modificaciones o cambios de acento en ellos;

ii) El papel educador de los padres no es siquiera mencionado, en marcado contraste con el documento ‘Sexualidad Humana: Verdad y Significado’, promulgada por el Vaticano unos 20 años antes (en 1995), el cual, en vista de los peligros de tratar semejantes asuntos en la escuela, colocó firmemente la ‘educación sexual’ en el seno de la familia[ii]. En el pasaje en cuestión, Amoris Laetitia, en efecto, ignora el fin primario del matrimonio, concentrándose (salvo en una única referencia al ‘natural fin procreativo de la sexualidad’) en el fin secundario del matrimonio, esto es, en el amor: de hecho, en un amor entendido exclusivamente en un sentido emocional y sobre todo sexual. Se lee, por ejemplo, acerca de ‘la educación al amor, para la donación mutua’ (§ 280); acerca de la ‘capacidad de amar’ (§ 281 y 282) y la manera en que ‘los jóvenes demuestran amor’ (§ 284).

iii) Con respecto a la doctrina Católica sobre el matrimonio y la pureza[iii], no se dice nada en absoluto. La sexualidad es un hecho tratado de manera exclusivamente psicológica, sin ni siquiera una alusión a la moralidad. El mal que se debe evitar ya no es el pecado, sino más bien problemas sociológicos o psicológicos como: ‘su banalización o su empobrecimiento’ (§ 280), la ‘pornografía descontrolada’, la deformación de la sexualidad, la mutilación y ‘distorsión’ de la capacidad de amar (§ 281 y 282); ‘el narcisismo y la agresividad’, ‘el juego’ con los cuerpos y los deseos (§ 283); la inmadurez (§ 284); el aislamiento (§ 284 y 285), la no aceptación del propio cuerpo, el miedo al otro (§ 285).

Observamos que la sexualidad fuera del matrimonio no es condenada. Antes bien, parece ser fomentada activamente, de manera que la sección, en último análisis, es totalmente compatible con los programas de ‘educación sexual’: los que están ya en vigor y los que que van a ser impuestos a los niños: ‘El impulso sexual puede ser cultivado en un camino de autoconocimiento y en el desarrollo de una capacidad de autodominio, que pueden ayudar a sacar a la luz capacidades preciosas de gozo y de encuentro amoroso’ (§ 280). ‘Es importante, más bien, enseñarles un camino en torno a las diversas expresiones del amor, al cuidado mutuo, a la ternura respetuosa, a la comunicación rica de sentido’[iv], como preparación para ‘La unión sexual en el matrimonio… como signo de un compromiso totalizante, enriquecido por todo el camino previo’ (§ 283, véase también el § 284).

De hecho, esta sección es compatible incluso con la ‘Ideología de género’[v], ya que su autor contempla la educación sexual no sólo para los adolescentes, sino incluso para los ‘niños’ (§ 280 y 281); y tiene el gusto de afirmar: ‘Tampoco se puede ignorar que en la configuración del propio modo de ser, femenino o masculino, no confluyen sólo factores biológicos o genéticos[vi], sino múltiples elementos que tienen que ver con el temperamento, la historia familiar, la cultura, etc. […]; Pero también es verdad que lo masculino y lo femenino no son algo rígido […]’. La sección termina con una advertencia contra ‘condicionar la legítima libertad y mutilar el auténtico desarrollo de la identidad concreta de los hijos o de sus potencialidades’ (§ 286)[vii].

La quinta parte será publicada en breve

(Traducido por Marianus el eremita. Artículo original)

[i]      Cfr. Nota 9 anterior.

[ii]     El documento respira un espíritu auténticamente Católico, a parte de una sobre-insistencia personalista en el ‘amor’.

[iii]   De nuevo en marcado contraste con ‘Sexualidad Humana: Verdad y Significado’.

[iv]    No se sabe a qué se refiere aquí. Ciertamente, los poetas de amor Griegos y Romanos, por ejemplo, habrían imaginado haber participado en una semejante comunicación, pero ciertamente haciendo abstracción de la castidad.

[v]     Una ideología tan descerebrada como infame.

[vi]    Pero, por favor, en este caso, ¿por qué, es un problema ‘no acepar el propio cuerpo’ (cfr. § 285)?

[vii]   El efecto deletéreo de este pasaje no es disminuido por la desaprobación Papal de la ‘Ideología de género’ en otras ocasiones, dado que estas últimas declaraciones tienen solamente el efecto de confundir, más bien que de corregir las primeras.

RORATE CÆLI

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