Para el Segundo día después de Navidad

PUNTO PRIMERO. Considera que el ángel del Señor apareció a los pastores que velaban sobre su ganado, y les relató el Nacimiento del Redentor en Belén, para que lo vayan a adorar. Pondera que no fue mensajero para los sabios y nobles, ni para ricos  y poderosos, porque no le habrían creído, ni habrían abandonado comodidades y gustos para adorarle. No es extraño, entonces, que se dirija a sencillos pastores, porque Dios se manifiesta a los que le sirven con sencilla y santa voluntad,  abandonando, a su vez, en desérticas tinieblas a los sabios de este mundo.  Llénate de ternura para servirle con sencilla y humilde voluntad, y para querer a las personas humildes que le sirven como estos pastores. Considera que además, como nos lo refiere San Gregorio, apareció el ángel a los pastores que velaban sobre su grey, porque Dios visita con sus luces a los pastores y a sus jefes que velaban sobre sus ovejas, cuidando de aquéllos que les han sido encomendados. Levanta el corazón a Dios, y pídele vehementemente, con toda tu alma, que te despierte con su luz, para que no te duermas, ni descuides en tu ministerio y labor, porque no te pierdas su santa visita.

PUNTO II. Considera los signos que les da el ángel para encontrar al Salvador. Date cuenta de que le encontrarán como un niñito envuelto en pañales y reclinado en un pesebre. Qué señales misteriosas y repletas de enseñanza… ¡Niñito pequeño, Aquél que no cabe en los cielos! ¡Calladito, el que es la Voz del Padre! Porque Adán, dice San Bernardo, temió la voz de Dios en el Paraíso, y se escondió de él, vino Cristo callado y sin voz, porque el hombre no temblara y se acercase a él. ¡Oh Señor, ya no nos espantas, sino que nos enterneces! Dame tu gracia para que te ame y me acerque junto a ti. Fajado, porque tiene en la Primera Venida atadas las manos para castigar al pecador y libre para hacerle bien. Envuelto en pañales, velada y oculta su majestad con el velo de la humanidad, para que los hombres no se retrasen de conversar con él, al modo en que Moisés cubrió su rostro cuando resplandecía, para que los israelitas pudieran tratar sus asuntos con él. Reclinado en un pesebre, nada menos que el que está sentado en el trono sublime de la gloria, en su grandeza y majestad, dando a todos cátedra de humildad, mansedumbre, de amor y caridad, irradiándola del mismo modo para con todos: aprende pues, lo que te enseña este Divino Maestro, y enciéndete en afectos de mansedumbre, paciencia, benignidad, misericordia, humildad, y caridad para con todos tus hermanos.

PUNTO III. Considera que ni bien los pastores oyeron la alegre noticia que les dio el ángel se invitaron unos a otros para venir a ver al Salvador, y vinieron con rapidez, y le encontraron como el ángel se los dijo. Le reverenciaron y adoraron con igual fe y devoción. Todo esto te da mucha materia de meditación y aprendizaje. Lo primero, aprende a creer en los oráculos divinos, como lo hicieron estos pastores respecto al ángel. Lo segundo, realiza las inspiraciones de Dios, y corresponde  a tu santa vocación cuando te convoque a su servicio, con el fervor y tenacidad que lo hicieron estos pastores. Lo tercero,  invita a tus prójimo y anímalo al servicio de Dios, como estos buenos pastores se animaron unos a otros a venir a Belén a dar reverencia y servir a Dios. Lo cuarto, confía en él, que lo hallarás si lo buscas, como ellos. Levanta el corazón a Dios, y pide al Señor que te llame y alumbre como a estos pastores, y que te fortifique con su gracia para que le obedezcas, busques y sirvas como ellos.

PUNTO IV. Camina  con los pastores al portal de Belén. Entra con ellos a donde está el Redentor. Adóralo y reveréncialo en su compañía. Mira los dones que le ofrecen, y ofrécele tu corazón. Atiende qué bien les pagó el Señor, con gozo y devoción a manos llenas, y espéralo tú también, porque nunca deja vacíos a los que le sirven de corazón. Contempla la alegría y el consuelo en sus almas; y el alborozo con que volvieron junto a su ganado, después de adorar al Redentor, encontrándolo entero y mejorado, porque nunca pierde, sino que antes bien recaba mayores beneficios el que se emplea en el servicio de Dios, no solo en los espiritual sino también en lo temporal.

Padre Alonso de Andrade, S.J 

Meditación
Meditaciones diarias de los misterios de nuestra Santa Fe y de la vida de Cristo Nuestro Señor y de los Santos.