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Los sacramentales pueden santificar casi todos los eventos en su vida

En términos generales, el uso de los sacramentales es una de las prácticas más incomprendidas en la iglesia católica. Ellos han sido parte de la vida de la iglesia desde el principio, pero son comúnmente vistos como una especie de superstición. Esto se debe en gran parte al hecho de que muchos católicos a lo largo de los siglos han utilizado sacramentales de una manera supersticiosa y no se les ha enseñado cómo usarlos correctamente. El uso de los sacramentales es una forma de arte que requiere mucha atención y no debe ser visto como algo casual.

Esto es lamentable, ya que los sacramentales tienen el propósito de enriquecer nuestras vidas espirituales, no entorpecerla. Han sido instituidos por la Iglesia para llevarnos a una relación más profunda con Cristo y se centran en santificar cada parte de nuestras vidas. Los sacramentales tienen un gran potencial para beneficiar a nuestra vida espiritual y es por eso que no debemos abandonar su uso a causa de una mala interpretación.

Los sacramentales son extensiones de los siete sacramentos y llevan la gracia de Dios a todo lo que hacemos. Son “radiaciones” de los sacramentos. Ambos son fuente de vida divina; ambos tienen una finalidad idéntica – la vida divina” (Ritual Romano: Las Bendiciones, xii). Adicionalmente, “continúan el trabajo de los sacramentos o preparan para su recepción”.

Esta enseñanza fue repetida por el Concilio Vaticano II, que no suprimió a los sacramentales, sino que afirmó el buen uso de ellos. En Sacrosanctum Concilium, leemos:

“Por lo tanto, para los miembros fieles bien dispuestos, la liturgia de los sacramentos y sacramentales santifica casi todos los eventos en sus vidas; se les da acceso a la corriente de la gracia divina que emana del misterio pascual de la pasión, la muerte, la resurrección de Cristo, la fuente de la que todos los sacramentos y sacramentales toman su poder. No existe prácticamente ningún uso correcto de las cosas materiales que no pueda por lo tanto ser dirigido hacia la santificación del hombre y a la alabanza de Dios” (Sacrosanctum Concilium, § 62).

Los sacramentales tienen la capacidad de ser la fuente de tales gracias poderosas en nuestras vidas y pueden santificar incluso las actividades más cotidianas. La Iglesia no limita los sacramentales a sólo medallas milagrosas y rosarios, sino que abarca toda la actividad humana. Los sacramentales no son sólo artículos religiosos que llevamos con nosotros, sino que también incluyen bendiciones de “personas, comidas, objetos y lugares” (CIC 1671). Por ejemplo, cuando se mira al más viejo Ritual Romano, vemos bendiciones para: pan, vino, mantequilla, cerveza, aceite, fuego, y herramientas para escalar montañas por nombrar unos pocos. También hay bendiciones para medallas, rosarios, cálices, vasos sagrados, iglesias, capillas, casas y escuelas.

En el nuevo Ritual Romano (llamado el Libro de Bendiciones), los sacramentales se revisaron y ampliaron para cubrir los aspectos más modernos de la vida. Vemos bendiciones para casas, bibliotecas, oficinas, tiendas, fábricas y centros de comunicación social (radio, televisión, etc.). Hay bendiciones para gimnasios, campos de atletismo (y eventos deportivos), así como diversos medios de transporte (puentes, carreteras, coches, aviones y barcos). Se incluyen en este libro actualizado de las Bendiciones, bendiciones incluso para las artes de pesca, herramientas, animales, campos, ganados, y las comidas. Hay, por supuesto, bendiciones para artículos y rosarios religiosos, así como objetos litúrgicos.

Ambos libros rituales están aprobados por la Iglesia y pueden ser utilizados por cualquier sacerdote. Juntos hacen eco de una sola voz que dice que todo debe estar bajo el dominio de Cristo. Esto es algo profundo y que a menudo perdemos de vista. Creemos que podemos vivir una doble vida. Es como si Dios sólo habitara en las cuatro paredes de la iglesia y no pudiera ver lo que hacemos en nuestros propios hogares. Por otro lado, podemos pensar que a Dios no le importa lo que hacemos, siempre y cuando vayamos a Misa los domingos.

Al final, a pesar de que los sacramentales han sido mal utilizados en el pasado, no debemos abandonarlos. Dios quiere que unamos toda nuestra vida en un acto de alabanza a Aquel que nos ha dado todas las “bendiciones espirituales” y los sacramentales pueden ayudarnos a hacerlo.

Philip Kosloski

Traducción de Rocío Salas. Artículo orginal.




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