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¿Meditar sin Dios?

Me sorprendía esta semana una amiga que me llamó para que fuera con ella a una conferencia, el título de la misma, “el arte de meditar”. Según mi amiga el ponente era un Sacerdote muy piadoso y espiritual, que ella suponía podría ser de mi agrado. Me llama la atención como hoy en día, las personas en general, católicas o no católicas, acuden inmediatamente a cualquier requerimiento que lleve la palabra, “meditación”, salvo que se trate de un Sacerdote con sotana y proponga una meditación del Vía Crucis, en ese caso, el fracaso está garantizado. Todo lo demás, éxito de convocatoria.

Sacerdotes vestidos como hombres corrientes, que nos hablan del dominio del cuerpo, de la mente y del espíritu, pero no nos hablan de lo más importante de Dios y de cómo llegar a Dios. ¿Cómo se pueden dominar las pasiones corporales sino es con la mortificación, el sacrificio, la oración y los Sacramentos? No se engañen, no hay otra fórmula, nunca ascenderemos en la escala espiritual si no subimos estos peldaños, no hay fórmulas mágicas, no hay secreto en la respiración si en cada aliento no decimos, “Jesús”.

Este tipo de eventos suelen estar desbordados de asistentes, gente deseosa de que les cuenten el secreto de la felicidad interior, como no alterarse cuando nos molestan, como sobrellevar los contratiempos del día, como superar la muerte de nuestros seres queridos, etc. Buscamos y buscamos y nunca encontramos, siempre estamos insatisfechos interiormente porque no sabemos donde está la verdadera fuente que calma nuestra sed, en el Sagrario.

Fíjense Vds. les voy a poner un ejemplo muy simple, en la conferencia de la que les hablaba, el aforo era de 300 personas y se superó con creces, hubo gente que no pudo entrar. Esto fue un martes. Si contamos todas las personas que en mi ciudad, dicho día, acudieron a la Santa Misa en cualquiera de los horarios disponibles, les aseguro que no se llega a esa cifra ni por asomo, ¿Se dan cuenta de lo engañados que estamos? tenemos delante de nuestras narices la fuente inagotable de felicidad y no nos enteramos. Una Iglesia al lado de nuestra casa y caminamos media hora para escuchar al “predicador de turno” hablar de la belleza de las mariposas…Queridos, las mariposas son hermosas, simplemente porque las ha creado Dios, por lo tanto, si no conocemos al Creador, difícilmente podemos admirar la obra de su Creación.

¿Es qué no nos hemos dado cuenta de que la verdadera felicidad interior está en conocer a Jesús, amarlo y cumplir su voluntad? ¿Cómo puede estar el Templo vacío y la sala de conferencias llena? Amamos al hombre no a Dios, esa es la explicación, ídolos de piedra, a esos son a los que veneramos, no a Jesucristo que verdaderamente está en la Hostia. Preferimos leer un libro que se llame “la búsqueda del silencio interior” en vez de abrir la Biblia y empaparnos de las enseñanzas de Jesús, elegimos la palabra del hombre, no nos interesa el Maestro, preferimos lo banal y terrenal, antes que lo eterno.

¿No se parece esto a la Atenas que se encontró San Pablo llena de ídolos de piedra en la que cada cual veneraba al Dios que más le interesaba? Supongo que saben como continúa la historia, vio una inscripción que ponía “al Dios desconocido” y de ahí su gran discurso en el Aerópago “Ese Dios, al que sin conocerle veneráis, es el que vengo a anunciaros” y yo pregunto, ¿Quién es el San Pablo que nos viene hoy en día a hablar del verdadero Dios, de Jesucristo Dios uno y Trino que vino al mundo por nosotros y se dejó crucificar por ti y por mí? ¿Quién nos habla de Él? ¿El Papa, el párroco, el teólogo de moda…? No, ya no podemos esperar nada de ellos, sólo nos queda agarrarnos a nuestra Fe y permanecer fieles a Jesús Sacramentado, dejarnos caer en santa oración continua y suplicarle al Señor que resguarde nuestras almas de los malos pastores.

Los Católicos, estamos totalmente confundidos, veo en las parroquias grupos de señoras que van a clases de yoga, incluso muchas de estas clases tienen lugar en los salones parroquiales, gente que no se para a pensar que tras estas técnicas orientales hay un verdadero peligro y es que terminemos adorando al mismo Buda, en lugar de a Nuestro Dios. Se empieza por un ejercicio que se llama “el saludo al sol” y se acaba por decir ohmmm, en vez de Palabra de Dios. ¿Cómo podemos estar tan ciegos? Mi amiga, la que me comentaba que el Sacerdote conferenciante era piadoso, opinaba en su día que Monseñor Lefebvre estaba en el grupo de los condenados, es decir, la gente ya no sabe lo que es Santidad y morir mártir como el caso de monseñor y sin embargo, en su ceguera e ignorancia, ven en estos nuevos ídolos, el modelo a seguir. Ya no queremos imitar D Bosco, a Santa Teresita, a Santa Lucía, a las mujeres que murieron mártires por defender su virginidad, no, ahora queremos ser espirituales como Richard Gere y preferimos una reunión ecuménica como sucede en Asís, a la Santa Misa Tradicional.

Santo Padre, ¿Por qué en vez de de meditar con los líderes de otras religiones, no oficia Vd. la Misa Tridentina para gozo y alegría del pueblo de Dios? No queremos meditadores, queremos Pastores del Señor que digan alto y claro ante el mundo entero que “fuera de la Iglesia Católica no hay salvación” y esa es la verdadera felicidad, salvarse, no hay otra. ¿Quieren meditación? Pues mediten el Santo Rosario y el Vía Crucis.

¿Qué está pasando en la Iglesia de Jesucristo para que tengamos que escuchar todas estas burradas relacionadas con técnicas orientales, incluso en las homilías? No hace mucho en un monasterio cisterciense al que acudí a Misa, me encontraba con una especie de incensario por llamarlo de alguna manera, echando incienso como si fuera un concierto de Julio Iglesias, con luces azules, rojas, verdes, surrealista y esto no es todo, escucho hasta cuentos de Jorge Bucay en algunas Misas, penoso pero real. Nunca el católico medio ha sido tan analfabeto, estamos sedados o directamente, muertos en el espíritu. Es duro decirlo así, pero es la realidad. Se duda de la santidad de un hombre que se desgastó por el bien de la Iglesia, como Monseñor Lefebvre, que era un ejemplo de rectitud, santa enseñanza y recogimiento y se eleva por todo lo alto, por ejemplo, a un teólogo que compara un Sagrario con una caja de cartón o incluso, lo que veremos en breve, al mismo Lutero elevado a los Altares, San Lutero. ¿No creen que esto es para coger un látigo y empezar a sacudir? Puede ser que sí, pero sobre todo, es para que reflexionemos y pongamos remedio, por lo menos en lo que a nuestra alma se refiere. Aún estamos a tiempo, créanme, esa es la razón por la cual hay que seguir luchando. Si cada uno de Vds. lo intenta en su parroquia, habremos andado un buen trecho, esta es la obra de caridad principal del año de la misericordia, corregir el error para que las almas se salven.

Los Católicos, si de verdad lo somos, no podemos ir a estos sitios o convocatorias sin saber quién es el que va a hablar, de qué va a hablar y si nos conviene interiormente acudir allí. La ausencia de directores espirituales en nuestros días, hace que las almas caminen en tinieblas. Muchas personas se encuentran perdidas sin saber con quién aconsejarse. Antiguamente y ahora mismo también, si es que tienen la suerte de encontrar un director recto, santo y formado, les dirá a que tipo de espectáculos, conferencias, películas y demás debemos ir o no ir. ¿Se acuerdan o han escuchado cuando en la censura nos tapaban ciertas imágenes de las películas? Lo que hacían era protegernos, ahora no contamos con esa ayuda, por esa razón, es principal nuestra propia formación para discernir donde debemos de estar y a que lugares es mejor no acudir, en caso de duda, téngalo claro, no vayan. No acudamos a convocatorias donde se cuestiona o se reniega de la enseñanza tradicional.

Cuando era niña, el seguro para que me dejaran ir al cine o a pasar la tarde en algún sitio, era que el acto fuese en la parroquia. Si la película era allí, sabía que mamá no se opondría, sin embargo, si era en los cines públicos, surgían las dudas sobre “de qué película se trata, con quién vas, a qué hora empieza, a qué hora termina…”. Hoy, con total seguridad, podemos decir que las parroquias ya no son esos sitios donde nuestras almas permanecen puras: conferenciantes de dudosa moralidad, películas claramente pecaminosas o que incitan al pecado, obras de teatro en las que se promocionan las uniones libres de todo tipo, conciertos impíos, cursos de sexualidad y todo ello, con el sello personal del párroco. ¿Cómo reconocer lo bueno de lo malo? No hay una fórmula mágica, pero si sus párrocos llevan sotana, confiesan frecuentemente y ofician la Misa siguiendo el misal, considérenlo todo esto como un punto a favor.

Curiosamente todo lo que se presenta como meditación es un atractivo, nos hablan del silencio y nos parece bien, pero por el contrario, cuando estos mismos Sacerdotes deciden hacer Exposición del Santísimo, por poner un ejemplo, sólo les falta contratar un grupo de mariachis, porque menos silencio hay de todo: lectura, charla, cantos, palmas… ¿Qué sucede para que ante el mismo Dios, ese silencio del que hablan, quieran apagarlo? Muy sencillo, esta es la obra del maligno, meditar y callar ante una pared en blanco y hacer ruido ante Jesús Sacramentado, ¿Resultado? Almas vacías, camino de la condenación… ¿Les ha dado escalofríos? Entonces, queridos míos, pongamos los medios necesarios para caminar en la dirección correcta, el cielo y para ello, nuestra alma debe de estar inmaculada y ser un reflejo de los mismos ángeles, ¿Podemos? Por supuesto, con el Señor, no hay imposibles, ¡Adelante!

“La sociedad está tan imbuida de los errores modernos, que ya parecen algo normal. No es fácil desprenderse de algunos prejuicios. Un ejemplo es el indiferentismo religioso que los Papas han condenado. Ahora es una idea difundida incluso en los medios católicos: “Todas las religiones son iguales y válidas, y el hombre tiene libertad para escoger su religión y practicar la que quiera; no se puede imponer a nadie una religión”…

Sin embargo, los hombres no tienen libertad ni son libres en esto, porque Dios mismo ha fundado una religión. ¿Acaso le pueden decir los hombres: “tu religión no me interesa; yo prefiero otra: la de Mahoma, la de Buda o la de Lutero…”? Eso no puede ser. Nuestro Señor Jesucristo ha fundado la religión católica y le ha dado el santo sacrificio de la Misa, los sacramentos, una jerarquía y un sacerdocio. ¿Tenemos la libertad de decirle: no necesito nada de eso y prefiero buscar mi religión en otra parte?”

(Monseñor Marcel Lefebvre, actas de magisterio)

Sonia Vázquez




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