En breve se inicia el tiempo de Adviento como preparación a la llegada de la Navidad y nuestros hogares serán adornados con los motivos propios de la gran alegría que celebramos los cristianos. Es obvio que lo más importante es la preparación espiritual para que demos frutos de conversión y caridad fraterna. Pero ello no impide, más bien alienta, que seamos muy fieles a nuestra identidad católica a la hora de ornamentar nuestras casas. Un hogar católico ha de ser un hogar donde se sienta y viva la navidad. Hay elementos que  son propios e irrenunciables para nosotros:

El portal de Belén, ya sea sobrio o detallado, es algo principal.
El centro ha de ser siempre el niño Jesús, la maravilla de Dios hecho hombre.
Los Reyes Magos, que nos recuerdan que Cristo es redentor de toda la humanidad y no de parte de ella
Además de lo anterior, el árbol de navidad, de profunda tradición sobre todo europea, configura en
el hogar un conjunto con los elementos principales arriba mencionados.
Y unas colgaduras de ventana o balcón que nos recuerden siempre a Jesús Niño, María y José,
 y a los Reyes Magos.
Para que se valore realmente y en su justa medida la Navidad en el hogar, creo que la ornamentación no debería colocarse hasta unos días antes del 25 de Diciembre. Al menos que haya pasado la Inmaculada Concepción de María y que estemos ya en la última semana del Adviento.

Los adornos del tipo papa noel o similares son ajenos a nuestra identidad, y deberían evitarse ya que contribuyen a dar un tono secularizado y consumista a la navidad, impidiendo su sentido religioso.
Igualmente, y ya entrando en tema más profundo aunque ligado a lo expresado, que bueno es recuperar o reforzar el sentido de familia en navidad. Procurar estar más en familia y sobre todo respetar la nochebuena como momento privilegiado de convivencia en el hogar, dejando quizás para salir a la calle de fiesta la nochevieja. Una nochebuena pasada en una discoteca o en un bar de copas es una manera frívola de celebrar la navidad. Ojalá toda familia de verdad cristiana pase la nochebuena en el hogar. Que esa noche la cena sea de toda la familia y se rece la bendición de forma pausada y feliz. Que sea una velada de mucho cariño y poca (o ninguna) televisión.
Recuperemos el auténtico sentido cristiano de la navidad que desde la nueva “cultura” posmoderna se trata de pervertir.

Padre Santiago González
Nacido en Sevilla, en 1968. Ordenado Sacerdote Diocesano en 2011. Vicario Parroquial de la de Santa María del Alcor (El Viso del Alcor) entre 2011 y 2014. Capellán del Hospital Virgen del Rocío (Sevilla) en 2014. Desde 2014 es Párroco de la del Dulce Nombre de María (Sevilla) y Cuasi-Párroco de la de Santa María (Dos Hermanas). Capellán voluntario de la Unidad de Madres de la Prisión de Sevilla. Fundador de "Adelante la Fe".