Cuando vamos a visitar a la clínica a un recién nacido felicitamos a los padres, pero centramos toda la atención en el protagonista: el bebé. ¿Tendría algún sentido en dicha visita centrarnos en felicitar a los padres sin ni tan siquiera mirar al bebé o preguntar por él? Pues eso mismo ocurre con las onomásticas, cuando felicitamos a las personas olvidándonos del verdadero protagonista: EL SANTO QUE ESTÁ EN EL CIELO.

El día “del santo” no es propiamente el día de cada persona que se llama de una determinada forma, es el día litúrgico de UN SANTO inscrito en el santoral y, por consecuencia, felicitamos a las personas puestas bajo su advocación POR ESE VÍNCULO advocativo existente. Celebrar o felicitar a alguién desligándolo por completo del objeto real de la celebración es una incoherencia de grueso calibre. Por eso ese día, para un católico, es un día especial para invocar y honrar a su patrón o patrona, y, como justamente celebramos el día litúrgico, un buen católico mínimamente coherente lo primero que debería hacer es ese día acudir a la Santa Misa en honor a él/ella y a pedir su especial intercesión. ¿Cuántos lo hacen?

Lamentablemente la realidad es muy diferente. No voy a remontarme a los paganos, sino a los propios católicos, los cuales en una mayoría inmensa han paganizado el día de “su santo”. ¿Cuantos se acuerdan si quiera de ellos? Me temo que pocos. Para la gran mayoría se les felicita desligándolo del verdadero motivo de felicitación, convirtiéndose en otro día más de fiesta, diría que sin sentido porque no se por que hay que felicitar a alguien por el solo hecho de llamarse de una forma si no lo vinculamos con el motivos auténtico y católico ¿qué se felicita exactamente? ¿que te llamas x? Poco merito veo en eso para felicitar a alguien dado que ni él mismo se puso el nombre.

Más absurdo e incongruente aún es la actitud de personas que se declaran no católicos, no practicantes, que no creen en los santos ni invocan su intercesión celebrando el día del santo. Recuerdo no hace mucho que un conocido me decía con sabiduría: “yo los santos sólo los felicito a quienes son católicos, sino no hay nada que felicitar”.

Un signo más de estos tiempos.

Miguel Angel Yáñez