Sagrario

“¡Que sólo está nuestro Señor en el Sagrario! A lo largo de la semana, por mi trabajo, voy a distintas Iglesias y en todas, palpo la misma realidad, Jesús está sólo. Nunca los Sagrarios estuvieron tan abandonados. Da igual que la Iglesia sea más o menos céntrica, que sea más o menos tradicional, da igual, Él está sólo, en el Tabernáculo.

Viene a mi cabeza el Beato Manuel González y su incansable lucha, porque los Sagrarios no estuvieran abandonados, tanto esfuerzo invertido y nosotros, a otras cosas

Muchos Párrocos, han pedido feligreses voluntarios, para que el Sagrario no esté sólo en lo que se puede llamar, un horario comercial y aún así, no han conseguido gente. En invierno, porque hace frío, en verano, porque hace calor, en primavera, porque tengo mejores cosas que hacer y en otoño, porque me he apuntado a un curso de informática.

Queremos leer las lecturas, hacer moniciones…Queremos figurar a toda costa. Si puede ser nos gusta formar parte del consejo parroquial, participar en todas las reuniones…Y nos olvidamos de la mejor parte, esa que nos señala el Evangelio, quedarnos a sus pies.

No tenemos cometido más grande, ni más importante, que estar con el Señor. ¿Cómo podemos estar reunidos hablando de como dinamizar nuestra Parroquia, sino entendemos, que la vida Parroquial empieza en el mismo Sagrario?

Nos afanamos en banalidades que llenan un día de esplendor nuestros Templos, pero no buscamos como llenarlos permanentemente y es que, sólo Dios, llena los espacios vacíos

“Quisiera ver al mundo entero postrarse ante el Sagrario, ante la Cruz, y en lugar de eso, ¿qué veo? ¿Para qué te voy a explicar nada?…”(Hermano Rafael)

Cinco minutos, cada uno de nosotros y nuestro Señor estaría toda la tarde entretenido. No estaría sólo.

Hoy en día, algunas Iglesias han optado por poner música de fondo, supongo que, por llenar con algo, o quizás, porque piensen que se nos ha olvidado como, o de que hablar con Jesús.

Hay tanto que contarle…Recuerdo cuando era niña y mi padre llegaba los viernes, después de trabajar toda la semana fuera. Soñaba ese momento en el que, por fin, podía lanzarme a sus brazos y contarle todo lo que me había pasado esos días. Con ese mismo ansia acudo todos los días al Sagrario, a contarle a mi Padre, como me va la cosa, aunque Él, ya lo sepa.

Nos agarramos a nuestra falta de tiempo, como excusa para no ir y desperdiciamos tantas y tantas horas, simplemente, en hacer nada o en vaciar nuestra alma, pero, no nos preocupamos en llenarla.

Si hay algo en lo que pongo verdadero empeño con mis niños del Catecismo, es, precisamente, en enseñarles a estar con Él. En silencio, les guío la mirada, primero a la vela, como quien busca un semáforo y después les señalo el Sagrario y así se quedan, mirándolo, esos minutos que resultan celestiales. Desde los pequeñitos, con cinco años, hasta los mayores. Todos permanecen quietos, recogidos, observando Algo tan grande, que quizás, su pequeño entendimiento, aún no puede comprender, pero, algún día, probablemente, este tiempo invertido, les ayude a ser, almas de oración. Mirándolos, me pregunto, que le estarán diciendo…pero no, más bien, creo que es Jesús el que les habla, por eso, pienso que están tan absortos. Mientras tanto, yo le pido al Señor, que grabe a fuego en su alma y en su corazón de niños, esa puerta Sagrada, para que, cuando nos abandonen después de su primera Comunión, como viene sucediendo de unos años a esta parte, se lleven lo más importante que les podemos enseñar, el lugar en el que está el mismo Dios esperándonos.
“En el sagrario de cada iglesia poseemos un faro de luz, en contacto con el cual, nuestras vidas pueden iluminarse y transformarse.” (Beato Manuel González)

SONIA VÁZQUEZ

ESPAÑA