“Me da el Señor tal deseo de amarle, que no sólo durante el día no puedo pensar en otra cosa, quedándose todas las cosas de la vida como por fuera.”  (Madre Maravillas de Jesús)

Leía estos días en la prensa, con cierto asombro, como una monja se va a presentar a las elecciones nacionales. Aún no sabe si formará un partido propio, o si se unirá a los ya creados y con la desvergüenza que la caracteriza, en su página Web, sale dando la bienvenida ni más ni menos que con un mensaje de San Benito, ¡Valiente caradura esta señora!, querrá hacernos creer que San Benito apoyaría su candidatura, lo que haría sería expulsarla del convento sin miramientos. Es seguro que esta individua, ni siquiera ha leído nunca, ni una página de la vida del Santo Fundador. Por lo visto, para esta actividad “pastoral” tan importante, cuenta con el beneplácito Eclesial, desde las más bajas hasta las más altas esferas y como si fuera una funcionaria, se tomará un tiempo sabático para dedicarse a la intensa vida política y quién sabe si acabará de presidenta. No obstante, no se preocupen, es algo temporal, después volverá al convento, con esta naturalidad lo ha dicho ella misma. No queda claro quién la mantendrá económicamente durante este tiempo de descanso monacal, pero no se inquieten, es seguro que no pasará hambre. Lo curioso es que esta monja, porque aunque no se lo crean, lo es, levanta simpatías entre los Católicos y entre los ateos, despierta pasiones. No es la única, ni está sola, al igual que ella, hay otras monjitas que también matan su tiempo todo el día en las redes sociales, unas Twitteando sin parar, las “monjas twitteras” otras en el facebook, poniendo una foto de cada movimiento que hacen dentro del convento, incluso las más románticas cantando con su guitarra cual Joan Baez. Pero el estilo musical más radical y cañero, viene de la mano de una italiana que alegra la vida de los televidentes con la mano alzada mostrando unos cuernos con sus dedos, muy Católico todo y ganando nada menos que un concurso televisivo. Ya ven que relajada es la vida en los conventos, no se como no se animan más jóvenes viendo el tiempo libre que queda para el ocio y la diversión.

Mientras a los demás las horas del día nos llegan para lo justo, a otras, les queda mucho tiempo para gandulear y viven al margen de lo que debería ser, su principal cometido: la vida de oración. No se crean que son todas así, ni muchísimo menos, estas, son un grupo más o menos numeroso, promovido y consentido desde donde se promueve y se consiente todo: desde la cúpula. Díganme qué pinta una monja cantando en un programa de Televisión ¡Por Dios! ¿Esto es un ejemplo de que? De lo chalados que estamos, digo yo. Créanme si les digo que hay Católicos que las siguen en las redes sociales y que les parece que están bien todas los disparates que dicen estas señoras por su boca, que menos del Magisterio de la Iglesia, hablan de todo, les suscribo una de las perlas que circulan por la red: La Iglesia no debe meterse en la decisión de una mujer de abortar; ni siquiera Dios, que por algo nos hizo libres”. Esta misma señora, se anuncia en las redes sociales de la siguiente manera, “Dominica contemplativa. Dicen que soy una monja inquieta e inquietante. Intento ser feliz y hacer felices a los demás”, creo que no vale la pena comentar nada, es de risa o de pena, como cada uno lo vea. Pues miren Vds., estas señoras, monjas, religiosas, como prefieran, toda esta sinvergüencería la hacen públicamente, es decir, consentido y aún encima se recrean pensando que evangelizan desde las redes sociales, siendo realistas, lo que hacen es tirar la imagen de la Iglesia por los suelos y mostrarnos la podredumbre que tenemos dentro y que sería necesario extirpar de raíz. ¿Qué hacen los superiores de estas órdenes y los Prelados ante estos desbarajustes? Nada, callar y consentir.

“El ejercicio de la autoridad es un servicio necesario y valioso, para asegurar una vida auténticamente fraterna, en la búsqueda de la voluntad de Dios. Solamente si el superior, vive en obediencia a Cristo y en sincera observancia de la regla, los miembros de la comunidad pueden ver claramente que su obediencia al superior no sólo no es contraria a la libertad de los hijos de Dios, sino que además la hace madurar en conformidad con Cristo obediente al Padre” (Benedicto XVI)

Recuerdo cuando era niña, aproximadamente una vez cada dos meses, íbamos a ver a “las tías”, eran las tías de mi padre, habían entrado con apenas 14 años en la clausura con la firme decisión de dedicar su vida entera, sus obras y sus pensamientos al Señor, así fue, no volvieron a salir de allí, absolutamente para nada y sus cuerpos reposa donde vivieron su Profesión. Recuerdo el día de las visitas con gran emoción, anhelaba el momento de verlas a través de las rejas, me sentía como si me llevaran a ver a los mismísimos ángeles del cielo. Estaban a muchos kilómetros de nuestra casa y era un viaje largo y pesado, pero todo valía la pena, solo por aquella media hora con ellas. Estaban tan impacientes como yo por el encuentro y siempre me tenían preparadas las galletas que hacían con sus manos. Me hablaban de Dios, de Nuestra Señora y me daban unas preciosas estampas, hechas por ellas mismas, para avivar mi fe y que rezara por el mundo y por las vocaciones. Solía preguntarles lo que hacían en todo el día y ellas, siempre me decían lo mismo, rezar, “no hacemos más que rezar, Sonia” y en mi mente de niña, pensaba si no se aburrirían en algún momento, pero la respuesta la tenía delante de mi, siempre estaban sonriendo, porque estaban llenas de Dios. Entraron al convento y el mundo desapareció para ellas, la clausura era lo que debía ser, no se permitían licencias, el médico las atendía allí, no iban de compras a los centros comerciales y no se relacionaban con el exterior, salvo las contadas visitas de media hora cada cierto tiempo. Se esforzaban por vivir en Santidad y tenían un capellán recto que les marcaba el camino a seguir. No tenían grandes inquietudes de saber lo que pasaba en el mundo exterior, nos preguntaban por la familia y les gustaba que les contara mis avances con los estudios. Así transcurría una hermosa tarde de domingo y así era la vida dentro de la clausura, no necesitaban Internet para relacionarse con nadie, por lo visto, Dios, llenaba todo, cosa que no debe pasar hoy en día, a juzgar por lo que vemos delante de nuestros ojos.

“Los monasterios han de ser cada vez más oasis de vida ascética, donde se perciba la fascinación de la unión esponsal con Cristo y donde la opción por lo Absoluto de Dios esté envuelta en un clima constante de silencio y de contemplación” (Benedicto XVI)

En nuestros tiempos, pueden Vds. observar como hay pocas monjas que sigan llevando hábito, pero lo curioso y llamativo es que las que tienen presencia en los medios de comunicación, uno ya no sabe si para mofarse de su condición o qué, salen con el hábito o con una versión tan pintoresca como es, de pantalón y velo y twittea que te twittearás, nos dejan mensajes tan profundos como este, “orar es respirar con los pulmones de la esperanza y el compromiso”, a juego con la línea primaveral de la Iglesia actual. Después nos cuentan que su meta es estar en las redes sociales para evangelizar, ¡Venga ya! Que no nos cuenten películas, para eso ya vamos al cine. La visión de su completa mundanización la veo a diario, cuando Comulgan delante de mí y veo como lo hacen, en la mano e incluso algunas que son catequistas, enseñan así a los niños. ¡Qué tristeza!

No obstante, este panorama desolador, afortunadamente, no es el cien por cien de la vida religiosa. Entre nosotros, tenemos un porcentaje de monjas que siguen fieles al mensaje del Evangelio, no tienen más que ir a las Hermanitas de los ancianos, que siguiendo el ejemplo de su fundadora, Santa Teresa de Jesús Jornet, se entregan en cuerpo y alma a los más abandonados de nuestra sociedad, los ancianos. Si van Vds. por alguna de sus residencias, cosa que les recomiendo vivamente, verán que no les queda tiempo para el Smartphone ni para Internet, ellas están a lo que verdaderamente es su cometido y para el cual se han consagrado a la vida religiosa. Si con este ejemplo no les llega, para que vean que en medio de lo que parece la nada, siempre puede surgir un oasis, nace en el año 2007 el Oasis de Jesús Sacerdote, un instituto religioso erigido en el 2007, fundado por el P. Pedro de la Inmaculada Muñoz. Un gran ejemplo de vida consagrada, las Hermanas del Oasis, no tienen más que ver como van vestidas, la vida de austeridad y oración que llevan, la Santa Misa por el Rito Extraordinario y sus votos, que además de la pobreza, castidad y obediencia, incluyen un cuarto voto Vocacionista, ofrecen sus vidas por los Sacerdotes y almas consagradas, inmolándose a diario por su santificación. Esto es lo que tendría que salir en prensa y no cuatro desnortadas que lo único que hacen es dar una imagen penosa de nuestra Iglesia y confundir a tanta gente que vive su Fe en medio de un caos total y absoluto. Se lo repito para que se queden con su nombre, el Oasis de Jesús Sacerdote.

No lo digo yo, lo dicen las estadísticas, las vocaciones que están surgiendo en estos momentos, encuentran su camino en las órdenes religiosas más austeras y que siguen y guardan con celo, la Tradición de la Iglesia. Fieles al Magisterio y a su Carisma, nos encontramos una Comunidad que merece ser recordada, las Carmelitas de la Madre Maravillas, “las Maravillosas”, como se las conoce cariñosamente, están en el Cerro de los Ángeles. Su nacimiento se remonta al año 1923, con el fin de acompañar al Sagrado Corazón de Jesús en su soledad y pedir por la salvación de las almas. Entre los rasgos de su espiritualidad, destaca el abandono absoluto en Dios y su voluntad Santísima. ¿Saben Vds. quien era Santa Maravillas de Jesús? Su fundadora, una de las grandes místicas de nuestros tiempos, vivió en su propia carne la persecución, tanto fuera como dentro de la Iglesia. Su casa natal estaba ubicada en el mismo lugar en el que hoy está el Congreso de los Diputados en España y por ello, hay una placa en recuerdo de su nacimiento y que alguno de los Congresistas ha querido cepillarse, porque vivimos en un “estado aconfesional”, lo que vivimos es en un estado gobernado por el maligno y en una Iglesia, que en ocasiones, en vez de ponernos estos grandes ejemplos de vida y de Santidad, nos presenta comunidades de vida religiosa rancias, obsoletas, absurdas, que reniegan de sus votos, de su hábito y que viven una vida mundana, alejada de lo que fue el carisma de sus fundadores y ¿Saben a lo que les lleva esto? Al cierre de sus conventos. No mencionaré el convento en el que estaban mis tías, sólo les comento que lo que fue un árbol que daba frutos sin cesar, gracias a capellanes progresistas que les muestran las delicias del árbol prohibido, apenas quedan cuatro vocaciones.

“¿Qué tales habremos de ser para que en los ojos de Dios y del mundo no nos tenga por muy atrevidas? Está claro que hemos menester trabajar mucho, y ayuda mucho tener altos pensamientos para que nos esforcemos a que lo sean las obras. Pues con que procuremos guardar cumplidamente nuestra Regla y Constituciones con gran cuidado, espero en el Señor admitirá nuestros ruegos; que no os pido cosa nueva, hijas mías, sino que guardemos nuestra profesión, pues es nuestro llamamiento y a lo que estamos obligadas, aunque de guardar a guardar va mucho” (Santa Teresa de Jesús, Camino de Perfección)

Sonia Vázquez