Miércoles de ceniza

 

Sermón del Reverendísimo Don Jean Pateau
Abad de Nuestra Señora de Fontgombault
(Fontgombault, 18 de febrero de 2015)

Memento, homo, quia pulvis es,
et in pulverem reverteris.
Recuerda, hombre, que polvo eres,

y que al polvo volverás. 

Queridos hermanos y hermanas.

Mis queridos hijos.

Estas palabras que pronuncia el padre cuando hace la señal de la Cruz sobre las frentes parecen ser, a primera vista, palabras de muerte. Y ciertamente, ¿que vale el hombre sí es solo polvo y el polvo ha de ser el fin último de sus días?

No amontonen tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen y ladrones que perforan y roban.(cf. Mt 6:19)

En esta angustia, cuando rehusamos creer que nuestras vidas son en vano, surge una pregunta desde lo más profundo de nuestro corazón: ¿quien, entonces, podría dar cuerpo al polvo que soy? ¿Quien pode darle vida nueva a estos huesos que algún día quedarán descarnados? La pregunta yace en el signo que forman las cenizas colocadas en nuestra frente: la cruz de Jesús —la misericordia de Dios— quien por su cruz se acerca a mí miseria y me perdona. La Cruz debe ser el punto más alto de nuestras vidas, Cristo debe ser el centro de nuestras vidas.

…el que se recrea en la ley de Yahvé, susurrando su ley día y noche… da su fruto en sazón… (Versiculo para la Comunión, Sal. 1:2)

La ley de Cristo es imitarlo. Imitemos al Cristo que reza haciendo nuestras oraciones con más devoción y diligencia, y meditando con frecuencia en en Evangelio.

Imitemos al Cristo que ayuna renunciando voluntariamente al alimento u otros bienes. La abnegación no debe poner en peligro nuestras vidas, pero debe ser ocasión para recordar que el sustento y los bienes terrenales son una dádiva de Dios, creados para revitalizarnos y no para encadenarnos. Específicamente, el ayuno nos acerca a aquellos en el mundo que están privados del sustento debido a la pobreza, ya sea porque se les niega acceso a este, o simplemente porque no existe.

La limosna, con frecuencia, se considera como una dádiva a los pobres o a una organización benéfica. ¿Es esto suficiente? Con frecuencia nos cuesta menos dar dinero que dar amor, o algo que brote de nuestro corazón. No debemos ignorar la limosna de una palabra cariñosa o del perdón

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres,… (Mt. 6:17-18)

En esta jornada santa entremos, entonces, nuevamente en la escuela de Jesús y dediquémonos a conocerlo mejor cada día. Vamos pues, subamos a Jerusalén, para morir al mundo y a la maldad, y así levantarnos con Jesús.

Confiemos este nuestro camino de Cuaresma a María, y que se nos conceda continuar a su lado hasta el mismo Calvario. Amen

[Traducido por Enrique Treviño. Artículo original]