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El Rosario, arma de la batalla final

Como recordáramos en la nota de referencia al pie de esta página, la Hermana Lucía tuvo una estrecha relación con el Postulador y archivero de las causas de canonización de Jacinta y Francisco Marto, el sacerdote mexicano Agustín Fuentes. En 1957 este sacerdote dio unas conferencias en su país y en los EE.UU. atribuyendo a la vidente unas declaraciones, que citamos en parte. Hubo al poco tiempo una reacción muy fuerte contra el divulgador de estas palabras, a quien se acusó desde la Diocesis de Coimbra de haber fraguado las declaraciones. Además de ser relevado de su cargo, el P. Fuentes fue desacreditado de tal modo que hasta su propio sucesor, el erudito y venerable P. Joaquín Ma. Alonso, dio inmediatamente crédito a la versión oficial de la diócesis portuguesa. Y, sin que esto conste de un modo fehaciente, la misma Lucía negó haber dicho esas palabras al P. Fuentes.

¿Qué pasó entre la primera difusión de la entrevista y la reacción del obispo de Fátima: murió Pío XII ( 9 de octubre de 1958) y asumió Juan XXIII (25 de octubre de 1958). La difusión de este texto fue autorizada con la aprobación del Obispo de Lería-Fátima, con la del obispo del P. Fuentes, Mons. Pío López, Arzobispo de Veracruz, México y con el apoyo del Cardenal Arzobispo de Guadalajara, atestigua el P. Grüner, recientemente fallecido, un experto en la historia de Fátima. De ese diálogo referido, aprobado y luego desacreditado, que puede leerse completo aquí, rescatamos esta breve reflexión:

«Dos son los medios para salvar al mundo, me decía Sor Lucía de Jesús: la oración y el sacrificio. Y luego, el Santo Rosario. Mire Padre, la Santísima Virgen, en estos ULTIMOS TIEMPOS en que estamos viviendo, ha dado una nueva eficacia al rezo del Santo Rosario. De tal manera que ahora no hay problema, por más difícil que sea, sea temporal o sobre todo espiritual, que se refiera a la vida personal de cada uno de nosotros; o a la vida de nuestras familias, sean familias del mundo o Comunidades Religiosas; o la vida de los pueblos y naciones. No hay problema, repito, por más difícil que sea, que no podamos resolver ahora con el rezo del Santo Rosario.

Terminemos por referir las palabras del P. Joaquín María Alonso, que en su momento diera crédito a la versión oficial sobre estas declaraciones de Lucía y luego rectificó su juicio, tras años de estudio del tema.

“… El texto genuino de su conferencia (la del P. Fuentes) a la comunidad religiosa mexicana en diciembre de 1957 responde en lo esencial a lo oído de la hermana Lucía en su visita. Porque aunque esté mezclado con consideraciones oratorias del predicador, aunque esté arreglado literariamente, esos textos no dicen nada que la Hna. Lucía no ha dicho en sus numerosos escritos hechos públicos. Tal vez el defecto principal consiste en haber presentado esos textos en boca literalmente de Lucía, y expresa y formalmente como un “mensaje suyo” al mundo. (La Verdad sobre el Secreto de Fátima. Fátima sin Mitos).

Panorama Católico Internacional

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Artículos de opinión y análisis recogidos de otros medios. Adelante la Fe no concuerda necesariamente con todas las opiniones y/o expresiones de los mismos, pero los considera elementos interesantes para el debate y la reflexión.

One Comment
  • Alberto Ramón Althaus
    5 agosto 2017 at 12:33 am
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    ¿Por qué la Iglesia, los sitios católicos y los articulistas católicos se niegan a denunciar los errores y la herejía progresista de manera clara y a establecer medidas prácticas y pastorales para combatirlos? Bueno, en parte (sólo en parte) es como el caso del enfermo de gangrena (se acuerdan de que Jesús habló de los miembros que escandalizan y que hay que cortarlos y arrojarlos lejos para salvarse, bueno es lo mismo), muchas veces, los familiares y el mismo enfermo se niegan a la amputación, le piden al Médico que realice un milagro pero el Médico enseñó siempre que si las otras medicinas no funcionan (si no se arrepienten los herejes y se empecinan en sus errores) no amputar iría en contra de la leyes de la naturaleza y de lo sobrenatural, el enfermo, entonces, llega a decir que prefiere morir a ser amputado, tanto ama los miembros de su Cuerpo aunque esa parte de su Cuerpo ya está muerta y mata al resto, por otra parte, ese comportamiento de dejarse morir sin hacer nada no es el correcto y es pecado gravísimo, por supuesto, que la pérdida de una parte del Cuerpo lleva a grandes dolores, la Iglesia no se recupera todavía del trauma de la Reforma e incluso algunos se engañan diciendo que había otra forma de solucionar el problema que no era señalar la herejía y apartar a los herejes. En la situación actual la Iglesia sufre grandes dolores por la enfermedad y las pérdidas que le ocasionaría la amputación de la herejía progresista la llevarían a un anonadamiento tremendo en algunos países. El mismo Bergoglio se pregunta si será el que divida la Iglesia porque sabe que el motivo de división lo fomentó, en gran medida, últimamente él y la grieta la desarrolló él. Los católicos se niegan a tomar la medida de amputar el miembro que escandaliza para salvarse, le dicen al Médico que decida o salva el Cuerpo con todos los miembros o lo deja morir la segunda muerte (el infierno), tratan de extorsionar al Médico, se quieren burlar de Él, piensan que son más sabios que Dios, pero el Médico no va a tomar una medida que vaya en contra de las leyes de la medicina que ha establecido para la Iglesia, lo que están haciendo los católicos con este comportamiento es acercar el fin de la historia, en última instancia, hasta el cardenal Burke se pregunta si no están cerca los tiempos finales pero son los católicos los que corren en dirección al fin negándose a tomar las medidas que Dios prescribe y que pudieran curarlos. Mientras tanto por miedo a llegar a la posible amputación se niegan a reconocer la gangrena y a tomar toda medida saludable para combatirla y así agravan terriblemente el problema con gran culpa de su parte. Hay, además, otras tres causas principales por la que no se lucha de manera organizada contra los errores y la herejía progresista y que son: 1) el terror dentro de la Iglesia generado por el que ocupa el sitio del pontífice, 2) la desconfianza mutua entre los buenos católicos que tiene como base las mentiras que públicamente se ven “obligados” a decir y que los hace indignos de confianza por lo que permanecen divididos y hacen todo de manera individual, y 3) algunos esperan que otro pontífice solucione el problema, se tratarán estas tres causas en los próximos días, como siempre, por comentarios, si Dios quiere.

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