MEDITACIÓN

Todo se pasa. Precio del tiempo

Meditación  V

Composición de lugar. Ver cómo pasan delante de nuestros ojos todas las cosas del mundo, sin parar.

Petición. ¡Oh Dios mío!, améos a Vos, que no os mudáis.

Punto primero. ¡Qué verdad tan profunda encierran estas palabras, hija mía! Si yo lograse grabarlas en tu corazón, nada de este mundo sería capaz de apartarte de Dios… En medio del ruido y baraúnda mundanal, en medio de los vaivenes y contratiempos de la vida, ¡cuán dulce cosa es para el alma que cree y espera y ama repetir: todo se pasa… todo se pasa! Pasan e verdad las amarguras y los deleites, los honores y los contentamientos… la hermosura y la gloria, la vida toda con sus miserias y grandezas… una fuerza irresistible lo empuja todo en el tiempo que clama de continuo: Pasa… , pasa. Y tú también pasa, hija mía… eres viajera… también andas embarcada en la nave del tiempo… has tomado asiento en el tren exprés que precipitado corre al mar de la eternidad… y por más que quieras, y te esfuerces y lo procures, no puedes detener la marcha de esta nave, de este tren… no puedes desandar lo andado y volver atrás. Todo se pasa, hija mía, y tú pasas también con todas las cosas… huésped eres, peregrina, viajera en este mundo, ¿por qué apegas tu corazón a él?

Punto segundo. Ven conmigo, hija mía; por unos momentos deja el bullicio vertiginoso del mundo, y ven conmigo a la soledad apacible. Siéntate, y descansa cabe las corrientes del rió caudaloso de la vida… y medita unos instantes… ¿ves cómo todo se pasa? … Las aguas son símbolo de la vida, que se desliza unas veces mansa y calladamente, otras con mucho ruido y precipitadamente al mar de la eternidad… Mira cuántas cosas arrastran las aguas de estas corrientes… tronos, cetros, tiaras, capelos, mitras, títulos, condecoraciones, riqueza, honores, hermosura… en remolino y confusión espantosa, rotos y sin lustre… pasan y van al mar del olvido, de la eternidad… ¿Te gustan estas cosas miradas así desde las riberas solitarias de la vida? _ ¡Oh, no Madre mía, no llaman mi atención siquiera, no pueden llenar mi corazón!… Todo es vanidad.

Punto tercero. Mira, hija mía, cuántas personas pasan arrastradas por las corrientes de la vida: jóvenes como tú, más ricas, más hermosas, más ilustradas, más aduladas o alabadas que tú… pero pasan envueltas en estas vertiginosas y precipitadas corrientes… ¡y tú un día pasarás como ellas arrastrada por las corrientes de la muerte!, ¡Infeliz si no estás bien preparada¡… ¿De qué les sirven ahora todas sus cosas? Nada le puede aprovechar de cuanto amaron… todo pasó… todo es vanidad.

Mira, hija mía, como algunas de estas jóvenes alargan las manos y hacen esfuerzos por asirse a los arbustos o florecillas que hay en la ribera… más no pueden, o con ellas son arrastradas también…Todo se pasa… todo pasa… y va al mar de la eternidad… no puedes pararte un instante. Desapega, pues, tu corazón de las criaturas que tan presto se pasan, y así procura asirte bien de Dios que no se muda.

Padre nuestro y la Oración final.

Fruto. Ya que todo se pasa y Dios no se muda, fijaré mi corazón y los afectos de mi alma tan sólo en lo que me ayude a ser eternamente feliz

San Enrique de Ossó

Meditación

Meditaciones diarias de los misterios de nuestra Santa Fe y de la vida de Cristo Nuestro Señor y de los Santos.