En los últimos años se han producido en España dos fenómenos de una especial relevancia, cuya simultaneidad debería llamar poderosamente la atención de los españoles, a pesar de la poderosa lobotomización de una gran parte de nuestra ciudadanía: el recrudecimiento de la persecución a los católicos, y la emergencia de los antisistema podemitas.

¿Casualidad? La izquierda española ―muy influenciada por la masonería― siempre ha sido anticatólica, pero durante el felipismo disimuló un tanto su ADN de piromanía neroniana, su desmedida afición por los coliseos y las desamortizaciones. Mas en estos tiempos que corren han añadido al materialismo rojo ansioso de quemar conventos y matar creyentes la ponzoñosa ideología del Nuevo Orden Mundial, que le proporciona gratuitamente sus generales coletudos, sus pertrechos tecnológicos, y las panzerdivisionen de unos medios de comunicación que nos bombardean por tierra, mar y aire, inoculándonos su pensamiento políticamente correcto. No en vano la principal plaza que los generalotes globalistas quieren conquistar es la Iglesia Católica, especialmente la española, que tanta guerra y tanta leña les ha dado a lo largo de la historia.

En esta ofensiva desencadenada por los milicianos insepultos, la Semana Santa española es Triana contra el NOM, Sevilla contra Babilonia, España contra el Señor de las Moscas, que quiere hacer de las madrugás su particular Noche de Walpurgis, lanzando sobre las procesiones sus tribus de íncubos y súcubos, entrenados en Monte Pelado, para que claven sus feroces mandíbulas en la yugular de la Macarena y el Gran Poder, vanguardias del mundo católico amenazado por los poderes globalistas. Por eso, la batalla entre el Bien y el Mal que está teniendo lugar en este Armageddón que vivimos no tendrá lugar en las llanuras de Megiddo, sino en las calles de Triana, el barrio donde nací.

España en estado de sitio, en alerta cinco, donde cualquier energúmeno puede provocar estampidas en cualquier procesión sólo con gritar las consignas que el mundialismo le ha enseñado; España de los bolardos, España amedrentada por el vocerío de los paniaguados del NOM, lacayos al servicio de los Nerones de turno.

España en alerta roja, Europa al borde del precipicio, el mundo sumido en la Tercera Guerra Mundial, cuyo epicentro será la batalla de Triana.

De las procesiones blasfemas y sacrílegas quieren pasar a las procesiones de ateos, y dentro de poco las hordas de ultraizquierda desfilarán con pasos donde exhibirán todo su santoral: desde De Juana Chaos, hasta Txapote; desde Charles Manson hasta Aleister Crowley. Y yo me pregunto si habrá algún vándalo en las Kabalgatas del Orgullo Gay gritando los goraetas y allahuakbares, o si algún delincuente radical se dejará caer por alguna asamblea podemita de Vistalegre para ejercer su derecho a la libertad de expresión.

El rencor guerracivilista, el pensamiento progre que se implantó en España desde la Transición, una educación manipulada desde las trincheras del socialismo, la crisis económica, y la gigantesca lobotomización ejecutada por unos medios de comunicación al servicio del mundialismo han criado en nuestro país a los cuervos podemitas, quienes a su vez han abierto la caja de Pandora de donde han salido todos los males y las plagas que azotan hoy nuestro país.

Sí, pero cuando Pandora abrió la famosa caja que le había regalado Zeus para vengarse de Prometeo ―el que había robado el fuego sagrado del cielo, hermano de Epimeteo, esposo de Pandora―, le dio tiempo a cerrarla antes de que saliera de ella lo último que quedaba: la esperanza.

Por eso, la esperanza es lo último que se pierde; por eso, volarán los cuervos luciferinos sobre los cielos tormentosos de España, vendrán contra los católicos españoles sus ejércitos de saurones y sarumanes, pero la Esperanza de mi Triana seguirá ahí, procesionando entre nubes de incienso, bailando sevillanas en la madrugá, desfilando con sus legiones angélicas, llevando a una derrota ignominiosa a las huestes del Averno.

Caerán sobre ella ―dirigidos por el Señor de las Tinieblas― enjambres de moscas cojoneras, de rabiosos tábanos, de apocalípticas langostas… se desatará todo el Armageddón contra ella, pero su palio seguirá meciéndose incansable, y ni el fragor de la batalla conseguirá acallar las saetas en su honor.

Vendrá el Nuevo Orden Mundial con sus matones, con sus gorilas ―su King Kong coletudo al frente―, con sus procesiones de coños insumisos, con sus berridos de goraetas, con sus proclamas de allahuakbares, y ahí la tendremos, Campana arriba; por ahí va, San Francisco abajo, desafiando a los ejércitos luciferinos, exorcizándoles con su incienso, derrotándoles en la noche nochera de mi Triana.

Se dirigirán contra ella los feroces meteoritos de la ultraizquierda, los vudús de los podemitas caribeños, el tuiterío blasfemo de las redes anticatólicas, pero ahí seguirá Nuestra Señora de la Esperanza, impasible el gesto, firme el ademán.

Podrán incluso derrotar a los soldados sevillanos, provocar desbandadas en los tercios trianeros… Llegará el fin del mundo, pero por las ciudades en llamas y las estepas arrasadas seguirá desfilando la Esperanza de Triana. Aunque sea sola, aunque sea en silencio, llevada en volandas por costaleros de la corte celestial.

Pasará España, pasará este mundo, y el siguiente, pero ahí seguirá siempre Nuestra Señora de la Esperanza, lo último que quedará después del Armageddón.

Y con su calcañar aplastará sin piedad la cabeza de la serpiente.

Laureano Benítez Grande – Caballero