Lo que el Papa Francisco diría a los no creyentes europeos

Eugenio Scalfari
La República
15 Marzo 2015 

“Tenemos que evitar que las almas buenas se pierdan y debemos hacer todo lo posible para salvar a las perdidas”.

La misericordia a la cual el Papa Francisco está dedicando el año jubilar que se aproxima tiene este objetivo: el hijo pródigo de la parábola al que el padre da la bienvenida a casa como una celebración de vida, el perdón entre los hombres y el infinito perdón de Dios a sus creaturas. El arrepentimiento es la condición (necesaria) para que la misericordia llegue a esa alma y la ilumine con su luz.

El Papa Bergoglio no escogió el nombre Francisco (inusual para la Iglesia de Roma) por casualidad: el Santo de Asís vio y amó a todas las creaturas de Dios porque todas ellas llevan una chispa de la divinidad en ellos; el buen pastor es esa chispa que debe descubrir y cancelar con su amor los desechos acumulados en la vida misma y que la ha desterrado a las profundidades, sofocando su luz.

Sin embargo, el tema del pecado y el arrepentimiento permanecen. ¿Y si el arrepentimiento no llega? ¿Si la chispa se ha extinguido o nunca ha existido? El Papa Francisco nunca consideró que esa chispa puede irse o que algunas naturalezas podrían haber sido privadas de ellas desde el nacimiento;  así que el cuidado de las almas nunca debe detenerse o ser interrumpido y esta es la tarea del trabajo misional de la Iglesia. En una de nuestras reuniones él me habló de esa misión que concierne también a los no creyentes. “La Iglesia misionera” – me dijo – no hace proselitismo, pero lucha por despertar la búsqueda del bien en sus almas.”

“Su Santidad – repliqué – yo no creo en la existencia del alma.”

[El papa respondió] “No crees en el alma, pero tienes una de cualquier forma.”

Esta es la fe que lo sostiene e ilumina el camino: el amor al prójimo es la pasión que lo inspira.

Recuerdo también haberle dicho que nunca pensé que podría haber habido un pontífice como él y su respuesta fue que era asunto del Señor en su infinita misericordia conocer el futuro……….

Recordando la historia de la Iglesia Católica, hay dos predecesores en particular que hicieron de la misericordia el tema principal de su pontificado: Lambertini en el siglo 18 y Roncalli hace medio siglo. Casi todos los otros, desde el Concilio de Nicea en adelante, sostuvieron tanto la enseñanza del Evangelio como el gobierno del poder temporal, dando precedencia a uno o a otro de acuerdo a la época en que vivieron, así como a la disposición de sus propias personalidades.

En una entrevista a un diario mexicano publicada de hecho el día de ayer, Francisco también dijo que él tenía la sensación de que su pontificado sería corto – cuatro o cinco años – y la atención de los periódicos se centró en esto: ¿estará enfermo? ¿Estará pensado quizá en renunciar a tan arduo oficio?

El negó ambas hipótesis. En cualquier caso, hace un año, a su regreso del viaje a Korea, había dicho casi lo mismo. Es posible que quiera que aquellos que están escuchando (así como él mismo) recuerden que su edad anagráfica es llamada “la edad avanzada” y los ancianos están (siempre) en el umbral de la muerte. El no teme a la muerte la cual es simplemente un pasaje a la vida verdadera en el otro mundo. Teme al sufrimiento, sí, y lo ha dicho más de una vez, pero no a la muerte. La muerte es una celebración y debería ser encarada como tal por aquellos con fe en el Padre que los espera en las alturas.

Pero, ¿Qué pasa con aquellos que no tienen fe? La respuesta es que si uno ha amado a los demás al menos tanto como a sí mismo (posiblemente un poco más que a sí mismo) el Padre le dará la bienvenida. La fe ayuda, pero no es el elemento de quien juzga – es la vida en sí misma. El pecado y el arrepentimiento son parte de la vida (e incluye): remordimiento, un sentido de culpa, el deseo de redención y el abandono del egoísmo.

Los que han tenido la fortuna de conocer al Papa Francisco, saben que el egoísmo es el enemigo más peligroso de nuestra especie. Los animales son egoístas porque son presa de sus propios instintos, su propia supervivencia el mayor de ellos. Por otra parte, el hombre también se mueve por la cordialidad y por ello siente amor por los demás y por la sobrevivencia de la especie a la que pertenece. Si el egoísmo sobrepasa y sofoca su amor por los demás, se obscurece la chispa divina dentro de él y se auto condena.

¿Qué pasa con esa alma sin vida? ¿Será castigada? ¿Cómo?

La respuesta de Francisco es muy clara: no hay castigo, sino la aniquilación de esa alma. Todos los demás participarán de la dicha de vivir en la presencia del Padre. Las almas aniquiladas no serán parte de este banquete; con la muerte del cuerpo su viaje termina y esta es la base del trabajo misionero en la Iglesia: salvar a las almas perdidas. Y esta también es la razón por la que Francisco es, en esencia, un Jesuita.

La Compañía fundada por Loyola enseñó y aún enseña a sus seguidores que la premisa de la misión es estar en sintonía con los otros, vgr., estar en la misma frecuencia, sin lo cual el diálogo sería imposible. Por esa razón, la iglesia misionera tiene que actualizarse de acuerdo al paso de los tiempos y la diversidad de los lugares.

Cuando el dialogo finalmente se hace posible entre las distintas personas, de diversas culturas, educación cívicas y religiones, es entonces que la Iglesia misionera puede estimular el llamado al bien y limitar el amor de sí mismo.

La enseñanza de Francisco tiene mucho sentido incluso para aquellos que no creen, porque toca un factor profundamente humano, que es independiente de la creencia en Dios y en Cristo su Hijo. Es una enseñanza que resalta la diferencia entre el hombre y el animal de quien desciende, con una mente capaz de reflexionar y de juzgar interiormente, a través de poner freno a su propio narcicismo y alzar su cabeza, contemplando las estrellas.

Actualmente, Francisco todavía tiene que enfrentar problemas muy serios, apenas mencionados hasta ahora.

El primero que nadie ha señalado todavía pero que, no obstante, es claramente evidente, se refiere a los sacerdotes que administran los sacramentos y que tienen el poder de absolver o castigar a quienes juzgan como pecadores.

Los sacerdotes y la jerarquía que los incluye a todos, existen sólo en la Iglesia Católica y tienen prohibido casarse.

Los sacerdotes y el celibato no existen en ninguna otra religión y la doctrina transformada en código tampoco existe en otra religión. Los judíos tienen su Escritura y preceptos, pero los rabinos son simplemente maestros, no tienen sacramento ni obligaciones de celibato. Explican e interpretan las Escrituras, esa es su función y nada más.

Los musulmanes también tienen sus Escrituras y doctrinas, pero no hay rastro de sacerdocio. Atención, empero: varias sectas musulmanas tienen maestros que interpretan el Corán, pero también tribunales que mandatan el derrocamiento del enemigo, vgr., los infieles. También son teocracias potenciales, a veces de manera directa como en Irán y en otras indirectamente, así que la tentación a caer en el fundamentalismo es fuerte y con frecuencia maligna.

Lo mismo ocurre también en todas las variadas confesiones protestantes; aunque cristianas, tienen pastores, no sacerdotes. Los pastores se asemejan en alguna manera a los rabinos; son maestros, tienen familias, administran los sacramentos que algunas confesiones han conservado pero el contacto entre el hombre y Dios no es obligatoriamente mediado a través de los obispos y sacerdotes al cuidado de las almas. Es un contacto directo. Esta fue la gran revolución de Lutero: los creyentes leen las Escrituras, la Biblia y los Evangelios, y la fe le permite un contacto directo con Dios.

Así entonces, la pregunta es esta: ¿La Iglesia de Roma será capaz de conservar el orden eclesiástico con sus deberes y derechos jerárquicos? El problema es mucho más actual dado que algunas confesiones no católicas se están acercando a la Iglesia de Roma y pudieran incluso decidir unirse a ella. Esto ya ha pasado con algunos anglicanos  y podría pasar con los ortodoxos de igual forma. Sin embargo, si los pastores decidir convertirse al catolicismo ellos traerán a sus familias consigo (las cuales han formado legítimamente), justo como la Iglesia Oriental que siempre ha sido católica pero sin obligación de celibato.

También está el otro importante asunto de la Familia a la cual el Papa Francisco dedicó la mayoría del Sínodo y que concluirá en los siguientes meses.

Finalmente, existe el tema del Concilio Vaticano Segundo: el contacto con la cultura moderna que hunde sus raíces en la Ilustración.

Ese movimiento intelectual que experimentó su máximo desarrollo en el siglo 18 en Francia e Inglaterra, y tuvo a Diderot, Voltaire, Hume y Kant como sus mayores exponentes, no creía en una verdad absoluta sino en la verdad relativa, que excluye la existencia de Dios o admite su existencia como motor en la creación de la vida, la cual posteriormente se desarrolla a través de una evolución autónoma dictada por leyes autónomas.

El Dios de los “teístas” no tenía atributos que semejaran en alguna manera al Dios cristiano: no era ni misericordioso ni vengativo, tampoco generoso; nunca intervino en la historia ni en el destino; nunca planteó el problema del bien y el mal. Era un motor, una fuerza cosmogónica que prendió el interruptor de la luz de la vida en algunos lugares del universo y después se retiró, ya sea inactivo u ocupado con otras creaciones vitales.

Europa tuvo la Ilustración como base de la modernidad. El tema del Vaticano II que el Papa Francisco tiene en gran estima, es entender y estar en la misma frecuencia que la Europa moderna (Y Norteamérica), hoy grandemente descristianizada y, por tanto, territorio de misión. Es muy probable que el Jubileo deseado por Francisco sea precisamente el inicio de  esta actividad misional, con todos sus consiguientes resultados, no sólo ultramontanos sino también tremendamente concretos en la tendencia del terrorismo, las guerras y tensiones locales, la violencia creciente, las familias destrozadas y niños en apremio; en pocas palabras, el más grave de los pecados: la inequidad, la pobreza ignorada, la supremacía del poder y la guerra al amor y la paz. Para concluir, la misericordia debe ser el tema más adecuado, no sólo religiosa sino también social y económicamente, con el fin de recuperar el amor, la paz y la esperanza en contraste con el poder, la guerra y la desesperación.

¡Larga vida al Papa Francisco!

[Traducido por Ramses Gaona. Artículo original]