[imagen: Asia Bibi, nuestra hermana Católica condenada a muerte por “blasfemia” en Pakistán]

Antonio Socci

Libero

9 de Noviembre del 2014

.

Shahzad Masih tenía 28 años y su esposa, Shama 25, dos jóvenes Católicos con cuatro hijos. Ella estaba embarazada del quinto. Estaba trabajando en un empleo en una fábrica de la elaboración de ladrillos conocida por la explotación de sus trabajadores, cuyo propietario, un musulmán, ya la había golpeado brutalmente. Trabajó en Kasur, cerca de Lahore, en ese Pakistán, donde los Cristianos son considerados como “basura”. El pasado 4 de Noviembre los dos jóvenes fueron falsamente acusados de haber profanado páginas del Corán. Fueron torturados durante dos días, linchados por una multitud furiosa y al final arrojados a un horno y quemados. Estas masacres no son raras. Es un horror continuo que los Cristianos sufren a manos de un pueblo y un Estado que todos los días les humilla y los amenaza con la muerte por medio de las leyes notorias sobre la blasfemia. Pakistán no es un país pequeño. Tiene la bomba atómica y tiene 180 millones de habitantes, por lo que es el sexto país más poblado del mundo y el segundo más poblado entre las naciones musulmanas después de Indonesia. La prueba de fuego a la que fueron sometidos estos dos Cristianos de una manera tan salvaje se informó incluso en nuestros propios periódicos. Pero no hubo ninguna acción tomada, ni por los individuos, ni las asociaciones, ni las instituciones.

Alguien hizo la acusación de que la opinión pública estaba más escandalizada por la investigación sobre el programa de TV, “Report””, acerca del origen de la pluma de ganso utilizada en hacer costosas chaquetas de esquí, al saber que las plumas fueron arrancadas de gansos cuatro veces al año, provocando a los gansos una gran cantidad de dolor – que por el destino de estos Cristianos. De la misma manera que, la gente se escandalizó por el homicidio involuntario de un oso en Trentino, mientras que el asesinato de tres religiosas Italianas en un país africano pasó desapercibido. Hay quienes han informado de que el propio Papa Bergoglio, a pesar de hablar sobre todo tipo de cosas todos los días y más, también, ha mantenido silencio sobre esta tragedia. Si él es el primero que no habla de estos horrores (prefiere pontificar sobre los chismes que suceden en las parroquias, un tema de decenas de sus homilías), entonces no podemos acusar al mundo de insensibilidad. En efecto, Bergoglio nunca tuvo la voluntad de decir una palabra, ni siquiera en defensa de la pobre de Asia Bibi, una madre viviendo en la pobreza con cuatro hijos quienes ha estado encerrada durante cinco años en una prisión sucia donde ha sido torturada en formas indescriptibles y quien ha sido condenada a muerte en la ahorca sólo por ser una Cristiana. La pobre mujer escribió al Papa, pero en vano. Ni siquiera la confirmación de su condena a muerte en la corte de apelación ha movido a Bergoglio, quien es siempre muy tímido y reticente en el trato con los Musulmanes.

Fue Kyril, el Patriarca de Moscú y toda Rusia, quien se ha sintió obligado a intervenir para pedir formalmente al Presidente de Pakistán, en nombre de la Iglesia Ortodoxa, la misericordia en favor de la Católica Asia Bibi. Pero el Papa Bergoglio no hizo tal cosa. Por otra parte se quedó en silencio de una manera muy clara también en el caso de Meriam en Sudán, cuando muchos cristianos que viven en Pakistán están viviendo la misma tragedia que Asia Bibi. Y no se dice nada acerca de la violencia y los abusos sufridos sobre todo por las jóvenes mujeres cristianas. En sus homilías diarias dadas en la capilla de Santa Marta en lugar de eso se dedica a golpear en la cabeza a aquellos a quienes él considera como “conservadores”, que son, de hecho, la mayoría, como se vio en el Sínodo. Y coloca una grave y continua culpabilidad en los cristianos en general, a los que describe como llenos de defectos. Pero son esos mismos cristianos quienes, como pastor, debería defender y confortar: esos mismos cristianos que en tantos lugares en el mundo están soportando la persecución, el martirio y el odio bajo todo tipo de poder e ideología.

Ochenta por ciento de las víctimas de discriminación religiosa en el mundo son Cristianos. Esto es confirmado en esta misma semana por dos afirmaciones importantes: en el “Libro Negro de la situación de los Cristianos en el mundo” (publicado por Mondadori), y en el informe anual de “Ayuda a la Iglesia en Necesidad”. Es una tragedia que ha estado en marcha por años. Publiqué lo que estaba sucediendo hace doce años como “los nuevos perseguidos” y la escena era idéntica. Los mismo con los números: cien mil Cristianos han sido asesinados cada año a causa de su fe. Esto significa cinco víctimas en un minuto. El total de los Cristianos perseguidos es de alrededor de 200 millones, y las noticias de las atrocidades y masacres – si uno tiene la voluntad de prestar atención a ellas – salen todos los días. Es suficiente leer los informes de los representantes de la prensa que han ido a Erbil a hablar con los treinta mil Cristianos que están huyendo, que todavía están expuestos a la lluvia, el hambre y el frío, debido a que han sido expulsados de sus hogares por los terroristas de ISIS. Cada familia se entristece por sus propias circunstancias trágicas: hijos incautados y vendidos como esclavos en el mercado en Mosul, esposos e hijos asesinados y luego crucificados, enterrados vivos, degollados, las mujeres violadas. Recientemente, un vídeo fue distribuido por los militantes islamistas que mostraba el regateo sobre el precio de un esclavo. A veces muestran las chicas jóvenes siendo vendidas a un precio barato. Y en África, vemos desenvolverse la misma tragedia. Recientemente, escuchamos sobre la suerte de las 200 jóvenes estudiantes raptadas en Nigeria por Boko Haram, violadas y obligadas a convertirse al Islam y obligadas a casarse con hombres musulmanes. Y también está Siria y otros países islámicos. En seguida están los países comunistas como China y su inmenso Gulag que se ha tragado heroicos obispos Católicos. Luego está el inhumano campo de concentración que es Corea del Norte, donde miles y miles de Cristianos simplemente han desaparecido en las mordazas del monstruo.

Después del horror de los Cristianos quemados en Pakistán el Presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, el Cardenal Jean-Louis Tauran espantado, dijo en Radio Vaticano: “¿Se puede permanecer pasivo cuando se enfrenta a delitos declarados legítimos por la religión?” No. Uno no puede. Pero también se debe hacer saber esto al Papa Bergoglio. El Cardenal preguntó en una manera conmovedora: “¿No debería la comunidad internacional realizar una intervención?” Por supuesto. ¿Pero el Papa? Es la misma historia que el verano pasado, con respecto a la masacre perpetrada por ISIS. El Papa no sólo era reticente, pero cuando fue abordado directamente sobre esto en el vuelo de regreso de Corea quiso hacer hincapié en que la fuerza y bombardeos no deberían utilizarse para defender a las personas indefensas que estaban amenazadas con ser masacradas a manos de criminales. Un comentarista incluso de la izquierda como Andriano Sofri trató de hacerle ver que esto “dejaría a las mujeres, los niños y los ancianos a la merced de estos hombres”. Ciertamente, Francisco ha hablado de persecución en varias ocasiones. Es cierto. Pero lo ha hecho siempre de una manera genérica, repitiendo la misma frase: “Hay hoy más mártires que en los primeros siglos”. Pero nunca ha intervenido en casos específicos o para detener las masacres. Nunca ha condenado las matanzas llamándolas por su nombre correcto. Nunca ha activado canales de intervención. Él nunca ha nombrado al Islam o al Comunismo. Nunca ha involucrado a la Iglesia. Pareciera que no quiere pisar los dedos de los pies los perseguidores. Siempre habla de los Musulmanes como socios del dialogo a los que envía sus mejores deseos para el Ramadán. Incluso con respecto al comunismo, el experimento anticristiano más sanguinario de la historia, evita el tema diciendo que él ha conocido comunistas militantes en Argentina que eran personas excelentes. “¿Quién soy yo para juzgar”? El solo muestra su tono acalorado y enjuiciador cuando ataca las políticas del libre mercado.

El 28 de Octubre hospedó en el Vaticano a diversos movimientos contra la globalización, incluyendo el grupo izquierdista Leoncavallo de Milán, y lanzó “truenos” de tal manera que Fausto Bertinotti en el programa de TV de noticias “Tg3” [red pública italiana] dijo que Bergoglio era el “revolucionario” del momento. Bertinotti enfatizó que Bergoglio (que en esa reunión nunca se refirió a la proclamación de la salvación de Jesucristo) dijo una palabra que ningún Papa había pronunciado jamás: Lucha [lotta]. En efecto, Sandro Magister señaló: “Lo que llama la atención a uno sobre este discurso es la similitud asombrosa con los teorías mantenidas por el filósofo Toni Negri y su discípulo Michael Hardt en un libro publicado en el 2002, que hizo un gran revuelo, llamado Imperio “.

La deriva “no-global”* junto con el desastroso intento en el Sínodo para cambiar la praxis de la Iglesia y, en efecto, la doctrina de la Iglesia (el cual será concluido en el próximo Sínodo), y con un gobierno de la Iglesia que consiste en defenestraciones y “purgas” de los que son fieles a la Tradición católica, colocan hoy en día a la Iglesia en una trágica situación. No es sólo acerca de las persecuciones. Hay oscuridad en Roma.

[Fuente, en italiano / * Nota: “no-global” es el nombre italiano del (irónicamente) altamente globalizado e Internacionalista movimiento activista “anti-globalización” de corte extremista y radical, fuertemente ligado a violentos grupos marxistas y anarquistas involucrados en lo que consideran “la lucha” revolucionaria (It. lotta, Ingl. struggle, Fr. lutte), algunos de los cuales estuvieron representados en Roma en la reunión de 28 de octubre.]

[Traducido por Eduardo Alfaro Robles. Artículo original]