Tal como se anunció extensamente en medios seculares, el papa Francisco se reunió ayer (domingo 20 de septiembre) con el ex-dictador de Cuba retirado, Fidel Castro. Una fuente confiable informa que fue Francisco, no el Sr. Castro, quien buscó este encuentro; no estaba en el calendario oficial de la visita. Francisco había expresado “sentimientos de especial consideración y respeto a su hermano, Fidel Castro” en su primer discurso en Cuba, el sábado a la noche, y su encuentro fue, en palabras del P. Federico Lombardi, “familiar e informal”, los dos hablaron de “proteger el medioambiente y de los grandes problemas del mundo contemporáneo.” Lombardi también declaró que el intercambio entre Francisco y Castro fue “más como una conversación” (en otras palabras, más relajada y formal) comparado con el encuentro entre Castro y el papa Benedicto XVI en 2012, cuando el primero bombardeó al segundo con preguntas.

Al final de la reunión, que duró media hora, Francisco regaló a Castro algunos CDs y libros, incluyendo copias de sus dos encíclicas y (según algunas fuentes) un libro escrito por un viejo maestro del papa, el jesuita español Armando Llorente. A cambio, Castro dio al papa Francisco una copia de “Fidel y la Religión”, publicado en 1985 y basado en una entrevista de Castro realizada por Frei Betto, católico brasilero y teólogo de la liberación.

Seguramente algunos periodistas de la Iglesia intentarán presentarlo como un último intento de Francisco por convertir a Castro, o parte de un quid pro quo que permita a Francisco reunirse con disidentes cubanos por la libertad política y religiosa frente a la continua tiranía comunista, o como una pequeña concesión al ego del padre de la dictadura cubana para darle a la Iglesia un mayor peso en su lucha por una mayor libertad en la isla. Si trataba de ayudar indirectamente a los disidentes cubanos, ya obtuvo un fracaso inmediato: numerosos informes de los medios seculares y de la Iglesia (como este) hablan de dos disidentes que fueron invitados a encontrarse informalmente con Francisco dos veces, el sábado y el domingo por la noche. Desafortunadamente ninguno de los dos llegó a ninguna de las dos reuniones porque fueron detenidos por fuerzas policiales del régimen comunista.

Como católicos, ciertamente esperamos y rezamos por la conversión de Castro, pero no nos hacemos ilusiones por de las dificultades presentes en el camino.

A la luz de las declaraciones públicas de estima de Francisco hacia Fidel en su primer discurso en Cuba, lo más razonable es pensar que su encuentro fue una expresión de simpatía de Francisco hacia Fidel Castro y hacia lo que éste representa. No hay absolutamente nada en los discursos y homilías de Francisco en Cuba que indiquen que desea que la Iglesia enfrente con mayor vigor las iniquidades del régimen actual. Sus pedidos generales de servicio y cuidado a los demás, o sus declaraciones acerca del “servicio que se sirve” o que “nunca el servicio es ideológico”, siempre pueden ser entendidos de maneras diferentes y contradictorias, no todas incómodas para los Castro y su régimen. Algunos (como John Allen) han intentado encontrar en las palabras del papa en su visita a Cuba, una “leve crítica” al régimen; de ser así, son tan leves que apenas se sienten parte de una crítica.

Seguramente se harán comparaciones con Benedicto XVI quien también se encontró en privado con Fidel Castro durante su viaje a Cuba en 2012 (pero sin que el papa lo alabe o mencione públicamente a lo largo de su visita). No obstante, hubo una gran diferencia con Benedicto XVI: de camino a Méjico (el cual visitó antes de ir a Cuba), Benedicto XVI habló con periodistas y dio una leve – sí, leve – pero inconfundible e inequívoca denuncia del sistema cubano marxista:

Santidad, miramos ahora a Cuba. Todos recordamos las famosas palabras de Juan Pablo II: «Que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba». Han pasado 14 años, pero parece que estas palabras fueran todavía actuales. Como usted sabe, durante la espera de su viaje, muchas veces los opositores y defensores de los derechos humanos se han hecho sentir. ¿Ud. piensa, Santidad, retomar el mensaje de Juan Pablo II, pensando tanto en la situación interior de Cuba como en la situación internacional?

BENEDICTO XVI: Como ya he dicho, me siento en absoluta continuidad con las palabras del Santo Padre Juan Pablo II, que siguen siendo muy actuales. Esa visita del Papa inauguró un camino de colaboración y de diálogo constructivo; un camino que es largo y que exige paciencia, pero que va adelante. Hoy es evidente que la ideología marxista, como se la concebía, ya no responde a la realidad: así ya no se puede responder y construir una sociedad; deben encontrarse nuevos modelos, con paciencia y de manera constructiva. En este proceso, que exige paciencia pero también decisión, queremos ayudar con espíritu de diálogo, para evitar traumas y para favorecer el camino hacia una sociedad fraterna y justa como la deseamos para todo el mundo, y queremos colaborar en este sentido. Es evidente que la Iglesia está siempre de la parte de la libertad: libertad de conciencia, libertad de religión. En este sentido contribuimos, contribuyen precisamente también los fieles en este camino hacia adelante.

Hasta ahora Francisco no ha dicho nada con fuerza o claridad similares, inmediatamente antes o durante esta visita. Naturalmente, como católicos, oramos y esperamos que aún nos sorprenda. Sin embargo, tenemos razones de sobra para temer que el disidente cubano citado en the Guardian esté en lo cierto:

Ángel Moya, un prominente activista por la democracia, se expresó decepcionado porque el papa Francisco no ha sido más franco en el tema de los derechos humanos, a diferencia de su predecesor.

“Juan Pablo habló claramente, pero el papa actual es demasiado suave en relación a los derechos humanos. Los cubanos tenemos una vida dura, y él no fue lo suficientemente categórico al hablar de las libertades civiles,” dijo a the Guardian.

Moya y su mujer Berta Soler – líder del grupo de disidentes Mujeres de Blanco – estuvieron entre varias docenas de detenidos durante algunas horas el domingo por oficiales de seguridad de Cuba para evitar su asistencia a la misa papal en la Plaza de la Revolución.

Moya – quien ha estado preso durante ocho años – dijo que el grupo no tenía más acciones planeadas durante la visita papal, pero que continuaría con su campaña.

“Defenderemos nuestros derechos con o sin el papa. El no es un libertador. Depende de nosotros cubanos la lucha por nuestra libertad.”

[Traducido por  Marilina Manteiga. Artículo original]

RORATE CÆLI
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