Marcel Lefebvre y la Pasión de la Iglesia

Hay que reconocer la Realidad cuando se la ve

Mucha tinta se ha derramado sobre el tema de la Fraternidad San Pío X y el arzobispo Marcel Lefebvre, e imagino que se derramará mucha más a medida que avance la historia.

¿Son cismáticos? ¿Fue Lefebvre un renegado? ¿Era un rebelde? ¿Estaba en lo correcto el Papa Juan Pablo II al hacer lo que hizo? Etc.

No importa cuántos argumentos se ofrezcan, no importa cuántos documentos se promulguen, y no importa cuántos debates se ganen o se pierdan, hay personas que ven la verdad sobre la FSSPX y otras que no la ven.

Cuando se plantea el tema de la “comunión”, los detractores del ejército de sacerdotes de Marcel Lefebvre se convierten en matemáticos gnósticos, opinando sobre diversos grados de comunión, como si pertenecer a la Esposa de Cristo fuera una cuestión de grado o de punto porcentual.

Si el Papa es amable con la FSSPX, dicen, “bueno, el sol está brillando y estoy de buen humor, así que según mis cálculos, la Fraternidad tiene alrededor de 89 puntos porcentuales de comunión hoy”.

Por desgracia, cuando está nublado y un obispo escribe una carta desagradable porque no quiere la tradición en su diócesis, bueno, ese día, la Sociedad pasa de una calificación aprobatoria a una calificación reprobatoria a los ojos de los inquisidores no designados de Lefebvre y sus sacerdotes.

Es conocida esta expresión sobre la existencia de Dios: “Para el creyente no es necesaria ninguna prueba, y para el ateo ninguna prueba es posible”.

Si bien esta máxima es discutible, es convincente porque apela a una realidad muy simple. Esa es la realidad de la fe.

No hablo aquí de un sentimiento amorfo y etéreo ni de algún tipo vago de creencia en algo imaginario. La fe es la creencia concreta en algo que sabemos que es real pero que no siempre podemos ver.

Sé que Dios es real porque la razón deja muy claro que debe ser así. Sé que debo confiar en mi facultad de razonar porque no puedo argumentar en contra de confiar en ella sin usar la razón misma.

Todo esto está dicho para destacar que hay ciertas verdades que son simplemente evidentes y elegimos verlas o no.

Entonces, ¿por qué algunas personas no ven la verdad evidente de que la FSSPX es simplemente católica?

Para ser justos, vivimos en una época extraña, una era anormal. Un tiempo en el que tratar de vivir como nuestros antepasados católicos significa estar fuera de sintonía con la corriente principal de la Iglesia. Es un momento sin precedentes y, por lo tanto, es comprensible que surjan realidades sin precedentes.

Dicho esto, hay una razón, una razón muy fuerte, creo, que explica el odio hacia la FSSPX.


La Pasión de la Iglesia

Recuerda cuando Cristo fue a Su Pasión.

¿Cuántos cristianos había junto a la cruz? Sabemos que con Cristo estaban la Virgen María, el Apóstol Juan y María Magdalena.

María es imagen de la Iglesia, y la Iglesia es la Esposa del Esposo, que es Cristo. Por supuesto, su unión no es nupcial, pero es imagen del matrimonio entre Cristo y la Iglesia, así como María y Cristo son imagen de la primera pareja, el Nuevo Adán y la Nueva Eva.

María está allí porque no puede separarse de su Hijo, ni siquiera cuando está crucificado.

Cuando la lanza atravesó el costado de Cristo, se cumplió la profecía de Simeón: “Una espada traspasará también tu alma …”

Cristo está Crucificado, y en cierto modo también María, siendo partícipe de esos sufrimientos, su Corazón Inmaculado es traspasado por el Dolor por la muerte de su Hijo.

María Magdalena nos representa a nosotros, los laicos. Ella es el pecador que se convirtió de la condenación y que luego sigue a Cristo, cumpliendo lo que dijo san Pablo cuando escribió que él suple “lo que falta de los padecimientos de Cristo” (Colosenses 1,24).

María Magdalena es una penitente al pie de la Cruz mientras María, la Madre de Dios, sufre con su Hijo.

Luego está Juan el Amado.

Cristo ordenó a doce hombres al episcopado el Jueves Santo, y un día después solo uno se encontraba a su lado cuando murió.

Juan no era el Papa, Pedro lo era, pero Pedro negó al Señor tres veces antes del amanecer.[1]

María Magdalena no caminó con Juan a la Cruz porque quisiera separarse de Pedro. Del mismo modo, los católicos que siguen a Marcel durante la Pasión de la Iglesia no lo hacen para separarse del sucesor de Pedro. En ambos casos, aceptan con dolor los sufrimientos de Cristo y la dificultad de la traición de Pedro.

Así, vemos que cuando el Esposo es Crucificado, y la Esposa sufre con Él, los laicos miran hacia delante con dolor, huyen todos menos un obispo.


Tipología del Nuevo Testamento

Ahora, las Escrituras nos dan modelos de lo que sucederá en la Iglesia.

El arzobispo beato Fulton Sheen habló de esto hace años en un sermón en el que explicó que la Iglesia había pasado por varias muertes y resurrecciones, por supuesto metafóricas, pero profundamente verdaderas. Tiene sentido que para poder compartir la vida de Cristo debemos compartir la muerte de Cristo de alguna manera, ya que esto fue parte de Su vida. Es algo inevitable.

Por lo tanto, cuando vemos a la Iglesia marchar hacia una muerte segura, no debemos tener miedo, ya que el Cuerpo Místico de Cristo es evidente que tiene que compartir los sufrimientos de Cristo.

Marcel Lefebvre lo comprendió, sabía muy bien que la Iglesia estaba pasando por su Pasión.

No solo entendió esto, sino que sabía que no era algo inesperado el hecho de que el Papa, Pedro, estuviera ausente de la Crucifixión de la Iglesia. Al igual que en las Escrituras.

Después del Concilio, quedó claro que “el humo de Satanás” había entrado en la Iglesia, como había dicho el Papa Pablo VI. Los papas sabían lo que estaba sucediendo, ya que vieron que la Nueva Primavera traía un Invierno de Muerte para las vocaciones y las familias católicas.

La Pasión de la Iglesia era obvia, pero Pedro no siguió a Cristo hasta la Cruz.

Lefebvre fue obispo, es decir, fue apóstol. Y, como Juan, estuvo allí junto a la Cruz cuando todos los demás huyeron, estuvo al lado de la Virgen María, que inspiraba cada uno de sus movimientos.

Junto con Lefebvre, el Amado Apóstol del siglo XX, había un pequeño remanente de la Iglesia, llorando por la difícil situación de la Esposa de Cristo mientras el mundo se burlaba y hacía bula de ella, como María Magdalena estaba allí cuando el Imperio Romano que gobernaba el mundo se burlaba de Cristo.

Si una desorientación diabólica ha envuelto a la Iglesia, ¿deberíamos sorprendernos cuando al acercarnos a la Cruz descubrimos que casi nadie está allí para consolar a Nuestro Señor?

Es posible imaginar el absurdo de sugerir que Juan podría ser excomulgado por Pedro por no seguir a éste, alejándose al hacerlo de la Cruz.

En cierto sentido, el hecho de que haya sucedido como ha ocurrido debería darnos consuelo. Debería consolarnos saber que la presente Pasión es verdaderamente una Pasión a imagen de la Escritura.

Esto significa que lo que sigue será una Resurrección, donde veremos a Pedro con su triple declaración de amor y devoción a Nuestro Señor después de su triple negación y abandono.


La mala voluntad, críticos contra la Tradición

Ahora bien, los detractores de Lefebvre se mofarán de estas afirmaciones y las tacharán de tonterías, creyendo imposible que nuestro tiempo sea un tiempo de Pasión, y que nuestro Juan se llamara Marcel. Se dirá que los tradicionalistas que aman a Marcel y creen que es un santo no son más que descontentos. Desestimarán mis palabras como una fantasía sin suficientes notas explicativas al pie de página.

En la mente de los enemigos de la FSSPX, es una tontería decir las cosas que he dicho, ya que he ido demasiado lejos y he dicho cosas que no son así.

Las cosas pueden estar mal en la Iglesia, pero ciertamente no son tan malas, dicen.

Creen que cuando personas como tú y como yo señalamos los latigazos y azotes que recibe el Cuerpo de Cristo en este Viernes Santo de décadas, estamos causando escándalo y no viendo las cosas con claridad.

Pero, en realidad, es porque amamos tanto a Cristo y a su Esposa por lo que no podemos evitar seguir el camino del Gólgota.

No señalamos las heridas de la Iglesia porque odiemos a la Iglesia, como tampoco se podría decir que se odie a Cristo porque se señalen sus Santas Llagas.

No somos nosotros los que llevamos el flagelo al Cuerpo Místico, sino que nosotros somos los que llamaremos flagelo al flagelo, y no pretenderemos que el Invierno sea una Primavera. Lloraremos  a causa del flagelo, reconoceremos nuestros pecados y haremos penitencia.

Los detractores de Lefebvre no le verán como realmente fue, porque eso significaría que haber aceptado que hay una muerte presente que es realmente fatal.

Como Cristo, cuando la Iglesia pasa por su Pasión, debe morir realmente, es decir, morir a los ojos del mundo. Ella debe ser burlada, debe ser golpeada y sus sumos sacerdotes deben abandonarla a los poderes de los imperios.

Esto es exactamente lo que ha sucedido desde el Concilio, y ha sido un asunto sangriento.


Buena fe y mala fe

Por supuesto, hay muchos católicos de buena voluntad que no entienden la FSSPX y no comprenden la santidad de Marcel Lefebvre, pero si realmente tienen buena voluntad, la verán cuando estudien estas cuestiones. O al menos, no tratarán a sus compañeros católicos como si estuvieran fuera de la Iglesia, sino que darán a estos heroicos sacerdotes el respeto que merecen.

Si no tienen buena voluntad, nunca verán nada, pero no porque sean incapaces de ello, sino porque tienen miedo de descender a los muertos con Cristo.

Seguir el camino de la Tradición con Lefebvre no es para débiles de corazón y te costará mucho. Serás burlado, repudiado y objeto de calumnias y detracciones por parte de hombres que fingen virtud.

Seréis llamados “poco caritativos” por aquellos que juzgan sin caridad vuestra voluntad interior, y por eso calumnian vuestro buen nombre llamándonos cismáticos.

Todo es una proyección de sí mismos.

Te llaman poco caritativo porque les falta caridad.

Te llaman cismático porque no quieren tener nada que ver contigo. Mejor aún, no quieren tener nada que ver con la Cruz, y es más fácil culpar a Marcel y sus seguidores que a su propia falta de coraje.

¡Parlotean acerca de no estar en “plena comunión” porque les falta un corazón abierto para verdaderamente tener comunión con sus hermanos!

Quién sabe, tal vez este monólogo ablande los corazones de aquellos que están resentidos con Marcel y sus sacerdotes, espero que así sea.

Sin embargo, habrá quien persista en su dureza y que encuentre más motivos para parlotear y alguno con argumentos cansinos. Esto es de esperar.

Como dijo Santo Tomás de Aquino: “Si algún hombre desea contradecir mis palabras, que no lo haga charlando delante de los muchachos, sino que escriba y publique sus escritos, para que las personas inteligentes puedan juzgar lo que es verdadero y puedan refutar lo que es falso por la autoridad de la verdad.”

En última instancia, no debería sorprendernos que tantos odien a Marcel y a la FSSPX, porque los grandes santos sufren en tiempos de persecución, y aquellos que están aterrorizados por la Pasión encontrarán formas de evitar la Cruz.

[1] Esta es una expresión tipológica, y se entiende que el ministerio petrino comenzó después de que la Iglesia fuera establecida a título oficial. Sin embargo, el Papa es “Pedro”, por lo que la imagen de Pedro negando a Nuestro Señor nos da la razón para creer que la “Roca” sobre la cual se construyó la Iglesia, podría tambalearse como individuo, incluso si el oficio permanece.

Kennedy Hall

Kennedy Hall es editor colaborador de OnePeterFive. Es el autor de Terror of Demons: Reclaiming Traditional Catholic Masculinity y de Lockdown with the Devil, una novela publicada por Our Lady of Victory Press. Escribe también en Catholic Family News, LifeSiteNews y es el presentador del programa de radio conservador The Kennedy Report. Está casado, tiene cuatro hijos y vive en Ontario, Canadá.

Traductor AMGH. Artículo original

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