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Una sala de torturas

No me quiero imaginar qué se enseñará en los seminarios españoles acerca de la llamada escatología individual. Pero me temo que nada bueno. En los estudios universitarios sí sé lo que se enseña; al menos en los míos. En concreto del infierno se está enseñando la última doctrina del Obispo Buenaonda, es decir, que el infierno es la lejanía de Dios y que no tenemos constancia de la existencia de ningún fuego.

Mi profesor de Escatología ya nos advirtió, en la última clase del curso, de que diría sólo un par de cosillas sobre el infierno, sobre todo «para que quien acabe allí sepa cómo salir». Parece que tener interés por la suerte definitiva del hombre automáticamente te inclina al precipicio. Precipicio poco temible, en cualquier caso, en razón de lo que nos han dicho últimamente. ¿Por qué entonces tantos recatos y disimulos?

Sea como fuere, la posición actual de Francisco y su cohorte de seguidores es que el infierno no es una sala de torturas, puesto que se trata de la lejanía de Dios, y en ese estado (porque ya no es un «lugar»), no puede haber humo ni llamas. Y eso es lo que enseñan en resumidas cuentas muchos profesores y curas. Además, dicen, las cuestiones escatológicas son muy delicadas: en realidad nadie ha estado allí y ha vuelto para contarnos cómo es el infierno.

Pero yo me pregunto, si nadie ha estado en el infierno y por tanto no puede certificarse que haya fuego, ¿se puede afirmar que no lo hay? ¡Menuda delicadeza la suya! Por otro lado, ¿por qué no explican estos señores en qué consiste eso de la lejanía de Dios?

Dicho de tal modo parece incluso tentador. A algunos, sin duda, les parecerá apetecible la idea de estar lejos de Dios. Quizá se imaginen en la orilla de una playa desierta, sin nadie cerca, bebiendo limonada y comiendo cocos, mientras a lo lejos está el Señor y su cuadrilla armando lío, cantando letras cursis y tocando la guitarra. Por eso, ante semejante descaro (ya que mi profesor era incapaz de explicar en qué consiste estar lejos de Dios, ni tan siquiera de decir qué es lo que enseña la Iglesia en este punto), tuve que protestar, muy educadamente, pero más cabreado que un mono.

Perdone, don Pedro, yo puedo creer o dejar de creer en el infierno, pero el Catecismo enseña muy claramente en qué consiste eso de estar alejados de Dios, y lo explica aludiendo a una serie de penas (de daño y de sentido) que vienen a ser padecimientos espirituales y corporales. Esto a mí me recuerda bastante a una sala de torturas. ¿A usted qué le parece?

Y entonces don Pedro —un pobre hombre que tendrá que dar cuentas de lo que dice en sus clases—, tartamudeó unos segundos. Me dio pena, la verdad. Pero es que no entiendo de qué van estos curas modernos.

Ciertamente desconocemos la naturaleza del fuego del infierno, pero Jesús mismo habla de su existencia numerosas veces («Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles»)[1].

Terrible realidad que da miedo imaginar. Casi tanto como mis clases de Escatología. Clases que se me han hecho eternas. Clases que eran verdaderos sacrificios, penitencias y también lugares de caída. Era, lo confieso, como entrar cada lunes en una sala de torturas. A veces sólo quería que el torturador terminase, estando dispuesto a creer ya cualquier cosa. Afortunadamente hemos entrado en Navidad y el curso ha llegado a su fin.

Pues bien, superado el Adviento, entramos en días de gozo y buenos deseos. Por eso a mis hermanos en espíritu les deseo una Navidad sumamente feliz. Y al resto también, pero sobre todo para que encuentren esa Luz sin la cual no es posible saber dónde residen la Verdad, la Belleza o el Bien. Ojalá, y de verdad lo espero, hagan ellos también de este Niño, que está en trance de nacer, su Rey y su Maestro. Porque estoy convencido de que nadie debería conformarse con menos que con Cristo.

Luis Segura

[1] Mateo 25, 41.




Luis Segura
Luis Segurahttp://lacuevadeloslibros.blogspot.com
Escritor, entregado a las Artes y las Letras, de corazón cristiano y espíritu humanista, Licenciado en Humanidades y Máster en Humanidades Digitales. En estos momentos cursa estudios de Ciencias Religiosas y se especializa en varias ramas de la Teología. Ha publicado varios ensayos (Diseñados para amar, La cultura en las series de televisión, La hoguera de las humanidades, Antítesis: La vieja guerra entre Dios y el diablo, o El psicópata y sus demonios), una novela que inaugura una saga de misterio de corte realista (Mercenarios de un dios oscuro), aplaudida por escritores de prestigio como Pío Moa; o el volumen de relatos Todo se acaba. Además, sostiene desde hace años un blog literario, con comentarios luminosos y muy personales sobre toda clase de libros, literatura de viajes, arte e incluso cine, seguido a diario por personas de medio mundo: La Cueva de los Libros

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