Vestir decoro

Recuerdo cuando era niña, el Domingo se diferenciaba de los demás días por muchas cosas, pero la principal, es que era el día del Señor. Mi madre nos vestía a mis hermanos y a mi, como si fuésemos al mejor banquete del mundo y es que íbamos a ver al mismo Dios.

Hoy en día, parecen muy lejanas aquellas enseñanzas, cuando apenas han pasado unos pocos años. De llevar la ropa más apropiada a la Iglesia, de reservar el mejor vestido para estrenar el domingo, hemos pasado a los modelos más estrafalarios e inapropiados: bermudas, camisetas de tirantes, playeros, gorras, chanclas, minifaldas…Todo más propio de un chiringuito de playa, que de la casa de Dios. Y sin discriminación de sexos, hombres y mujeres compitiendo en ordinariez.
Y con tanta permisividad  y apertura de manga, hemos llegado al antiguo testamento. Nuestra desnudez se parece más a la de Adán y Eva que al recato de las mujeres, a las que S Pablo, les recordaba las bondades del uso del velo.

El descaro y la desfachatez, no sólo nos han llevado a entrar vestidos de cualquier manera a la casa de Dios, sino, además, a salir al ambón a leer, o a llevar las ofrendas vestidos como quien va a bailar a una discoteca y así, muchas veces más desnudos que vestidos, sin ningún tipo de pudor, nos acercamos también a Comulgar, a recibir al mismo Dios, dando un penoso ejemplo a toda la Comunidad Parroquial.

Nuestra educación y saber estar, ha caído hasta tal extremo, que las normas básicas nos tienen que ser recordadas en todos los ambientes: no toque la fruta, no entre con el perro, apague el móvil, no apoye los pies en las columnas…Todo tan surrealista que sino fuera porque la realidad supera a la ficción, parecería una película barata.

¿Es necesario ir bien vestido para estar en la Iglesia? La respuesta es tan obvia, como si nos preguntamos, si es necesario arreglarnos para una recepción con los Reyes…¡Pues cuanto más, para el Rey de Reyes! ¿Quien no quiere lucir sus mejores prendas para estar con alguien importante? Como dice San Francisco de Sales,” delante de los príncipes es menester un mayor realce”.Nuestra presencia física, nuestro saber estar, habla de nosotros, de lo que llevamos dentro y si la gente ve algo armonioso, verá a Dios en nuestros gestos. No nos olvidemos de algo importante, somos sus comerciales y ¿Cómo van vestidos normalmente los comerciales? Como “pinceles”, si quieren vender, claro

Los Católicos, debemos dar un buen ejemplo a esas personas que se acercan esporádicamente, cuando hay bodas, comuniones…Si nos ven a los que acudimos regularmente, de cualquier manera, ¿que entenderán?…Que todo vale. Cuando vamos a la Iglesia, sea lunes, martes o domingo, debemos de ir vestidos interna y externamente para el Señor. No convirtamos nuestros Templos en meros lugares de ocio, a los que se va de cualquier manera, a pasar un rato, sin más pretensiones que no aburrirnos. La Iglesia es mucho más que eso, sino hemos entendido esta realidad, estamos muy lejos de considerarnos buenos Católicos, ni siquiera, mediocres.

¿Es necesario que en las Iglesias se pongan letreros indicativos? Por supuesto, es algo imprescindible hoy en día. La educación y las formas están tan a mínimos que no podemos presuponer que alguien sepa lo que es ir vestido correctamente. Es de obligado cumplimiento que los Sacerdotes y los Laicos hablemos de estos temas, sin miedos ni pamplinas. Hay que formar y enseñar al pueblo de Dios y a los que sólo vienen de visita, porque hemos caído en los niveles más ordinarios respecto a nuestra ropa.
No se trata de lujo, de excesos, NO, se trata de sencillez, de  recato. Como ya señaló en su día Pío XI, cubrir los brazos y moderar los escotes, es el primer aspecto a tener en cuenta…Es muy sencillo entenderlo, vamos a ver al Amado y como una novia y un novio en el día de su boda, así deberíamos querer estar ante Él, sencillamente perfectos en el vestir

Hace pocas semanas veíamos a los Coreanos en la visita del Santo Padre, ¡que gran ejemplo, ellos y ellas en su saber estar! Pero de estas cosas no se habla porque preferimos ignorarlas y pensar que quizás, esta gente viva en una época pretérita, cuando más bien somos nosotros, los que nos acercamos más al cromagnón que al  hombre y a la mujer del siglo XXI.

“Existe un pudor de los sentimientos como también un pudor del cuerpo. Este pudor rechaza, por ejemplo, los exhibicionismos del cuerpo humano propios de cierta publicidad o las incitaciones de algunos medios de comunicación a hacer pública toda confidencia íntima. El pudor inspira una manera de vivir que permite resistir a las solicitaciones de la moda y a la presión de las ideologías dominantes” (Catecismo de la Iglesia Católica)

SONIA VÁZQUEZ

LA CORUÑA (ESPAÑA)