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68° Aniversario del natalicio del Padre Jerzy Popieluszko

Finalizada la II Guerra Mundial y como resultado del Acuerdo de Yalta, Polonia pasó a formar parte del bloque soviético. ¡Polonia! ¡Tierra de mártires y Baluarte de la Cristiandad! No, Polonia no iba a sucumbir al yugo comunista.  Mucha sangre cristiana  fecundó en esas tierras. Y esa fecundidad hizo que el polaco se hiciera fuerte en la fe. Ahí está el secreto. Por eso es que el Papa Juan Pablo II pudo decirles a sus compatriotas que “La historia de Polonia no puede ser comprendida sin Cristo. La nación polaca no puede ser comprendida sin Cristo”.

Y los aldeanos de Okopy no eran una excepción. Esta pequeña aldea en la región de Podlasie, en el este de Polonia, se ha caracterizado por su fuerte arraigo a la fe católica y por permanecer fieles a su identidad nacional. Es allí, que un 14 de septiembre de 1947 nacía quien iba a ser un símbolo de la lucha contra el comunismo ateo: el P. Jerzy Popieluszko.

A los dos días del nacimiento sus padres lo llevaron a la Iglesia de San Pedro y San Pablo, en Suchowola, aproximadamente a 4 kilómetros de Okopy, para recibir el sacramento del Bautismo, dándole, en memoria del abuelo, el nombre de Alfons. “Supuestamente fue el Cardenal Wyszynsky que lo persuadió para que cambiase de nombre cuando ingresó al Seminario de Varsovia, dado que pensó que siendo Alfons un nombre utilizado frecuentemente en las canciones populares para describir a alguien de cuestionable reputación, no era apropiado para un sacerdote. Así apareció un hombre nuevo – Jerzy Popieluszko”.

En 1956, por manos del Obispo Auxiliar Diocesano recibirá el Sacramento de la Confirmación. En aquella oportunidad eligió el nombre del Santo Patrono de Wilno, Kazimierz.

En 1961, termina la escuela primaria e ingresa al colegio secundario de Suchowola. Aquí es donde aprende a conocer y amar la historia de su Patria. Su vocación religiosa va creciendo, al punto que, al finalizar esta etapa escolar, su decisión de ser Sacerdote se torna inquebrantable. Si bien el cura párroco le aconsejó el Seminario de Bialystok, Jerzy se decide por el de San Juan Bautista, en Varsovia, ingresando a este el 24 de junio de 1965.

Ese año fue durísimo para la Iglesia polaca. Las persecuciones fueron violentísimas. Se utilizó la destrucción psicológica y física. El Departamento IV, dependiente del Ministerio del Interior, era el que se ocupaba exclusivamente de la persecución a la Iglesia. Se llegó incluso hasta el intento de creación de una Iglesia Católica nacional cismática. Una planificada campaña contra el Cardenal Wyszynsky se puso en marcha, intentando por todos los medios dividir a los obispos. El Profesor Peter Raina afirma que: “a pesar de las persecuciones, que se prolongaron durante largos años, las autoridades comunistas no lograron ni destruir la Iglesia Católica ni romper sus lazos con el pueblo, como han hecho muchas otras organizaciones no comunistas. La razón de este fracaso era la profunda raíz de la Iglesia en la sociedad polaca. Los comunistas fracasaron también porque a la cabeza de la Iglesia en Polonia en esos años difíciles había un gran pastor y estadista –el Primado de Polonia, el cardenal Stefan Wyszyński”.

Si bien existía un acuerdo por el cual los seminaristas se encontraban exceptuados de realizar el servicio militar, este no se cumplió. Luego del primer año de seminario, Jerzy es asignado a la unidad para seminaristas en Bartiszyce. Esta y otras dos unidades más estaban directamente controladas por la oficina política del Ministerio de Defensa, cuyo objetivo era el de aniquilar psíquicamente a los seminaristas. Cierto día, fue sorprendido con un Santo Rosario. Al negarse a cumplir la orden de arrojarlo al suelo fue gravemente golpeado y encerrado en una celda de castigos por el lapso de un mes.

El día 28 de mayo de 1972 será ordenado Sacerdote por el Primado de Polonia. Destinado a la Parroquia de Zabki, inmediatamente hizo sentir su presencia. La admiración que los niños y jóvenes comenzaron a sentir por el Padre Jerzy fue espontánea. Su prédica llegó inmediatamente a ellos. Comenzó el Círculo del Rosario para jóvenes. Pero este no sólo era un grupo de oración sino que fue para los jóvenes el lugar donde aprendieron el significado del testimonio cristiano en la vida diaria.

En 1975 es mandado a la Parroquia de “La Madre de Dios Reina de Polonia”, en Anin; y luego de tres años, en mayo de 1978, lo trasladan a la Parroquia del “Niño Jesús”, en Zoliborz. En todos estos destinos trabajó incansablemente en pro de sus parroquianos, pese a que su salud se debilitaba día a día. Es realmente conmovedor el testimonio que dio el P. Czeslaw quien se encontraba con él en la misma parroquia. Estaba confesando y el Padre Popieluszko celebraba la Santa Misa. En determinado momento notó como la voz del Padre se iba acallando hasta quedar en silencio. Miró hacia el altar y lo vio inconciente sobre este. Luego de llamar a una médica, el Padre Czeslaw debió terminar la Misa que había comenzado el Padre Jerzy.

Al año de estar en la Parroquia del “Niño Jesús” es enviado a la Iglesia de Santa Ana, con el fin de aliviar su trabajo y que recupere su salud. Aquí dio gran impulso a los grupos estudiantiles universitarios, organizando retiros, campamentos, conferencias, debates, etc.

En mayo de 1980 llegará a su destino final: la Parroquia de San Estanislao de Kostka.

En el mes de agosto de ese año una gran huelga paralizó la industria polaca apoyando a la realizada en el astillero de Gdansk. La acería de la capital polaca también prestó su apoyo a esta medida. Muchos fueron los obreros que le solicitaron al Cardenal Wyszynsky un sacerdote para que les pudiese celebrar el Santo Sacrificio de la Misa. La providencia condujo al capellán del Primado de Polonia hasta el P. Jerzy quien accedió a tal pedido. En una entrevista el P. Jerzy cuenta aquella experiencia: “El recuerdo de aquella Misa de los obreros en la acería de Varsovia permanecerá conmigo hasta que muera. Fui allí estremecido. Esta situación era absolutamente nueva. ¿Qué encontraría allí? ¿Cómo me recibirían los obreros? ¿Habría allí un lugar adecuado para celebrar la Misa? ¿Quién haría las lecturas? ¿Quién cantaría los cánticos? Todas estas preguntas que hoy suenan ingenuas, entonces preocupaban mi corazón. Y entonces, en el portón, al principio, empecé a sentirme asombrado. El gentío sonriendo y gritando al mismo tiempo, y aplaudiendo. Al comienzo pensé que había alguien importante detrás mío. Pero me estaban aplaudiendo a mi. El primer sacerdote en la historia de esta planta que ingresaba por el portón principal. Entonces cruzó por mi mente que este aplauso era para la Iglesia, que durante los últimos treinta años había golpeado constantemente a las puertas de las plantas industriales. Mis previos temores probaron ser infundados, todo estaba preparado para la Misa; el altar justo en el medio de la playa de la fábrica y la Cruz, que más tarde fue colocada en el portón principal sobrevivió a muchos días difíciles y todavía está allí, siempre rodeada de flores frescas. Había incluso un confesionario improvisado. Había gente para las lecturas. Valió la pena oír aquellas voces masculinas que tan a menudo utilizan palabras que seguramente no se escucharían en un escritorio, pero que ahora estaban leyendo solemnemente aquellos textos sagrados. Y entonces vino aquella atronadora respuesta, ‘Demos gracias a Dios’ dicha por millares”.

Nació entre los obreros y el Padre Jerzy una gran amistad. Le pidieron que fuera su capellán, a lo que accedió con muchísimo gusto. La Iglesia de San Estanislao fue conocida entonces como la Iglesia patriótica. Un imponente estandarte lucía sobre la entrada principal con el lema “Dios y Patria”.

El 13 de diciembre de 1981 es declarada la ley marcial. Miles de polacos son arrestados. El Padre concurría a los juzgados a escuchar los juicios a los metalúrgicos de la capital de Polonia, los cuales eran, junto a sus familiares, reconfortados espiritualmente. Aquí es donde madurará la idea de realizar Misas especiales para los presos del régimen comunista. En la Parroquia de San Estanislao de Kostka, durante la Misa por la Patria, dijo: “Debido a que nos ha sido quitada la libertad de hablar, mientras escuchamos la voz de nuestro corazón y nuestra conciencia, pensad en aquellos hermanos y hermanas que han sido privados de su libertad”.

La Misa del último domingo de mes cada vez atraía más gente. ¿Qué sucedía en estas Misas? ¿Por qué eran tan populares? El mismo Padre dio la respuesta en una entrevista no publicada: “la gente se iba conciente de una gran unidad, de un objetivo común, fortalecidos en la esperanza de que el bien vencería al mal”. También “siendo testigo de la verdad la Iglesia no podía ser neutral frente a la injusticia y el sufrimiento humano, sino que debía convertirse en la primera defensora de los oprimidos”.

Comparó, con toda exactitud, el sufrimiento de Polonia con el de Nuestro Señor en el Calvario: “¡Qué semejanza hay hoy entre Cristo sangrante en la Cruz y nuestra infortunada patria! Como Cristo en la Cruz nuestra Patria está sangrando por sus heridas, sus hijos son privados del honor y la dignidad, son humillados y a menudo pisoteados. Cristo fue muerto en la Cruz por sus propios compatriotas, en su propio país. Hoy nuestros hermanos también son muertos por sus compatriotas. Cuántas cruces que nuestra nación ha de soportar podríamos nombrar. Nuestra más grande Cruz es la falta de respeto por los derechos humanos básicos”.

Como fiel seguidor de Cristo, no sólo pedía al Padre por los que sufrían, sino por aquellos que causaban el sufrimiento de sus hermanos, por aquellos que agraviaban, por aquellos que causaban injusticias de todo tipo.

Acusado de realizar actividades políticas e incitar a la violencia -los comunistas llamaban a las Misas por la Patria “reuniones hostiles al estado Polaco”- se intentó callar al Padre. El Ministro para Asuntos Religiosos Adam Lopatka envió una carta el 30 de agosto de 1982 a la Curia informando que los oficios y sermones del P. Jerzy poseían un carácter “anti-estado” y pedía que la Iglesia lo  disciplinara. Como esto no resultó, se cambió la estrategia. La presión hacia nuestro Mártir fue abierta. Saqueos a la casa parroquial, intimidaciones, negación del pasaporte (para viajar a Roma a la canonización del Beato Maximiliano Kolbe), seguimientos, etc. En septiembre de 1983 se ordenó una investigación oficial por abuso de la libertad de conciencia y religión. Se dijo que en sus sermones se calumniaba a las autoridades y que usaba a la Iglesia para realizar propaganda anti-estado. Estos supuestos estaban contemplados en el artículo 194 del Código Penal y, por ello, le podía caber una pena máxima de quince años de cárcel.

El primer semestre de 1984 será muy duro para el P. Popieluszko. No sólo fue interrogado durante trece ocasiones sino que la persecución llegó a conocidos y amigos.

¡Alma magnánima como pocas! No sólo sufría por sus allegados sino que también lo hacía por sus perseguidores pues “permanecían al servicio del mal”.

Contó con el apoyo de Juan Pablo II. En febrero de 1984 el Papa lo reconfortará enviándole un Rosario a través del Obispo Auxiliar de Varsovia, Monseñor Zbigniew Kraszewski. “Por favor dígale que estoy con él con todo mi corazón” fueron las palabras que le mandó decir el Vicario de Cristo.

El viernes 19 de octubre de 1984 el Padre Jerzy viajaba invitado por el Padre Osinski a la ciudad de Bydgoszcz, pese al pedido de sus feligreses de que no fuera por el fuerte estado gripal que tenía.

A las seis de la tarde comenzó a celebrar su última Misa. Como el P. Osinski había sido notificado de las graves consecuencias que le acarrearía si predicaba el P. Jerzy, quiso evitarle problemas y propuso en cambio invitar a la gente al rezo de los misterios dolorosos del Santo Rosario inmediatamente después de la Misa. “Vencer el mal con el Bien” fue el tema central para las cinco meditaciones.

Piotrowski, Chmielewski y Pekala, los asesinos mandados por el régimen, ya habían llegado también a Bydgoszcz. Tenían todo listo para el crimen. Habían pasado por la policía del lugar desde donde realizaron llamados y, lo más importante, disponían del pase “W”, esto es, el pase que les permitía evitar todo tipo de control.

Por la noche, el P. Popieluszko declinó el ofrecimiento de quedarse –debido al aumento de la fiebre- ya que debía celebrar la Misa temprana en la Parroquia de San Estanislao. Partió en auto con su amigo Chrostowski y escoltado por otro auto conducido por un parroquiano. Dos autos desconocidos salieron tras ellos. Marek Wilk, el parroquiano, les marcó el camino de Torun y regresó. Uno de los autos siguió a este y el otro, un Fiat, siguió al del P. Jerzy. En determinado momento fue pasado por el Fiat y un policía de tránsito les hizo señas de detenerse. Chrostowski fue inmediatamente esposado, amordazado y amenazado a punta de pistola. El P. Popieluszko fue arrastrado hacia el Fiat y con golpes de puño y con garrotes de madera lo desmayaron. Atado y amordazado fue colocado dentro del baúl. Al recobrar el conocimiento, el Padre comenzó a golpear el baúl. El automóvil se detuvo y el Padre fue atado más fuertemente. Llegados a un bosque lo sacaron y lo colocaron sobre una manta. Lo ataron de tal manera que cualquier movimiento que hiciese le provocaría el estrangulamiento. Por último le ataron piedras a los pies. Se dirigieron a la represa sobre el río Vístula y lo arrojaron al agua.

En el Padre Jerzy Popieluszko se hizo carne aquello de San Pablo: “Lo que importa es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo, para que, tanto si voy a veros como si estoy ausente, oiga de vosotros que os mantenéis firmes en un mismo espíritu y lucháis acordes por la fe del Evangelio, sin dejaros intimidar en nada por los adversarios” (Flp 1, 27-28).

Daniel Omar González Céspedes




Daniel Omar González Céspedes
Daniel Omar González Céspedes
Nació en la Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires, Argentina, el 21 de septiembre de 1970. Es profesor para la Enseñanza Primaria desde hace dos décadas. Ha escrito artículos para las revistas Memoria, Cabildo, Gladius, Diálogo, Para que Él reine y en los periódicos nacionalistas Patria Argentina, Lucha por la Independencia y Milo. Con ocasión de la beatificación del Cura Brochero (2013) escribió el libro “Breve semblanza de nuestro cura gaucho”.

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