El Papa Francisco ha recordado recientemente que la Virgen María  no es como una “jefa de correos que envía cartas cada día”……previniendo de forma oportuna contra un “aparicionismo” falso y nocivo para la vida cristiana, que puede y suele degenerar en histerismos, milenarismos u otros comportamientos colectivos que en nada favorecen a la fe católica vivida desde la voluntad de Dios.  Precisamente por eso conviene conocer cuales son las apariciones de la Virgen María que son reconocidas por la autoridad de la Iglesia y que suponen un precioso tesoro de revelaciones particulares que, lejos de añadir algo a la Revelación Bíblica (donde está dicho TODO), ayudan a comprender algunos aspectos de la misma en momentos históricos oportunos. Desde hoy, y cada sábado, iremos presentando breves reseñas de cada una de las apariciones verdaderas de Nuestra Madre del Cielo, ocupada siempre por amor a sus hijos en su salvación eterna. Comenzamos hoy por LAUS.
El domingo 4 de mayo de 2008, el obispo de Gap (Francia) anunciaba durante una Misa celebrada en la villa alpina de Laus, la aprobación oficial de la Iglesia de las apariciones marianas atestiguadas en esta villa de los altos Alpes franceses por la vidente Benoîte Rencurel entre 1664 y 1718. Eran las primeras apariciones marianas reconocidas oficialmente en el siglo XXI por el Vaticano.
«Nadie está obligado a creer en las apariciones, incluso en aquellas reconocidas oficialmente; pero si son una ayuda en nuestra fe y nuestra vida diaria ¿Por qué habría que rechazarlas?», señaló entonces monseñor Jean-Michel di Falco, que animó a los fieles a orar en el santuario de Nuestra Señora de Laus. El lugar ya atraía entonces a unos 120.000 peregrinos al año.
Benoîte Rencurel era una joven pastora analfabeta de 17 años cuando al parecer se le presentó la Virgen con el niño sobre un peñasco. Durante cuatro meses se le mostraría cada día conversando con familiaridad y sencillez con ella. Benita se lo relató a la dueña del rebaño, que no le creyó en un principio, pero la siguió en secreto hasta el valle de Fours. No logró ver a la Virgen pero sí oyó sus palabras, advirtiéndole de que tenía una mancha en la conciencia y debía hacer penitencia. La necesidad de conversión sería el mensaje fundamental que dejaría la Virgen a Benita.
El 29 de agosto, la Virgen se presentaría a Benoîte : «Mi nombre es María». Seguiría viendo a menudo a la Virgen en Laus durante el invierno de 1664-1665, mientras se difundía entre la gente la noticia de las apariciones.
La autoridad diocesana reconoció las apariciones el 18 de septiembre de 1665, cuando Benoîte tenía dieciocho años, y comenzó la construcción de una iglesia para los peregrinos cada vez más numerosos que deseaban convertirse.
Desde los orígenes de las peregrinaciones, «las curaciones físicas y morales fueron reconocidas en gran número, especialmente por las unciones del aceite de la lámpara del Santuario aplicadas con fe, según el consejo que la Virgen María misma ofreció a Benoîte», señala la webCatholic.net .
Benoîte, que se convirtió en miembro de la Tercera Orden dominica. murió a los 71 años. Reconocida como «venerable» por el Papa Benedicto XVI, está en proceso de beatificación.
Padre Santiago González
Nacido en Sevilla, en 1968. Ordenado Sacerdote Diocesano en 2011. Vicario Parroquial de la de Santa María del Alcor (El Viso del Alcor) entre 2011 y 2014. Capellán del Hospital Virgen del Rocío (Sevilla) en 2014. Desde 2014 es Párroco de la del Dulce Nombre de María (Sevilla) y Cuasi-Párroco de la de Santa María (Dos Hermanas). Capellán voluntario de la Unidad de Madres de la Prisión de Sevilla. Fundador de "Adelante la Fe".