CORRISPONDENZA ROMANA

Austria introduce el “tercer sexo”

ustria, siguiendo el ejemplo de Alemania y Holanda, introdujo la posibilidad del “tercer sexo” en sus documentos y certificados oficiales. La luz verde fue dada por una reciente sentencia del Tribunal Constitucional austriaco que, invocando el artículo 8 de la Convención europea de los derechos humanos, reconoció “el derecho a la identidad de género individual”. Con dicha decisión, los jueces del Tribunal Constitucional sancionaron por lo tanto que, de ahora en más, la ley deberá admitir un género sexual alternativo al género masculino y femenino, si bien no esté aún claro cómo será efectivamente registrado el nuevo “tercer sexo” que se asignará a los ciudadanos austriacos “inseguros” sobre su propia preferencia sexual: un inédito estado “diverso”, “intermedio” u “otro” en su propio estado civil.

Conforme informó la prensa local, la decisión fue la consecuencia de una larga y obstinada batalla legal llevada adelante por Alex Juergen, el activista a favor de los “derechos” del tercer sexo.

Históricamente, el primero a teorizar acerca de la existencia de un “tercer sexo”, entendido como “sexo intermedio” y posteriores inclinaciones sexuales, fue el jurista alemán Karl Heinrich Ulrichs (1825-1895), considerado el primer sodomita de la historia a hacer “coming out”, a cuya memoria la Asociación Internacional de Gays y Lesbianas (ILGA) dedicó un premio anual: el “Karl Heinrich Ulrichs Award”. En una serie de libros, publicados entre 1864 y 1879, Ulrichs, con el objeto de justificar su reclamo de abolir las leyes de la época que vetaban el acto contra natura, intentó presentar de hecho la condición homosexual como una particular inclinación, innata y natural. Sus teorías biológicas sobre el innatismo homosexual, sin embargo, no encontraron un consenso unánime ni siquiera en el interior del mismo movimiento homosexual, pero de hecho fueron además en su mayor parte desacreditadas por causa de su intrínseca debilidad, debida a la insuperable dificultad de individualizar el así llamado gen homosexual. De acuerdo con un activista gay como Massimo Consoli (1945-2007) se trataba, de hecho, de una batalla perdida de entrada que no valía la pena librar. En este sentido, él afirmaba que compartía más bien la visión individualista de John Henry Mackay (1864-1933), el anarquista alemán que se autodefinía como un “amante de los adolescentes”, según el cual “en definitiva, solo cada persona entiende el propio amor, y todos los demás son para él extraños e incomprensibles”. Una interpretación de la homosexualidad, fruto de una decisión subjetiva, entendida como acto revolucionario, liberador de opresiones socio-culturales en las confrontaciones de todo tipo, más acorde con el moderno “diktat de género”.

En esa perspectiva, el “tercer sexo” que acaba de ser admitido por el Tribunal Constitucional de Austria no es el “innato” teorizado por Ulrichs, sino el revolucionario propugnado por Mackay. La sentencia de los jueces de Viena representa, de hecho, un homenaje a los actuales preceptos relativistas de sexualidad que, negando la natural distinción binaria varón/mujer, abre las puertas a una fantasiosa e indefinida tercera alternativa sexual, emblemáticamente encarnada en el paladín austriaco de los “derechos” LGBT, Thomas Neuwirth, alias la “mujer barbuda” Conchita Wrust.

En este sentido, el “tercer sexo” así entendido representa, en realidad, un “no sexo” en cuanto constituye, de hecho, el rechazo a una “rígida” y “limitada” etiqueta sexual a efectos de poder atribuirse, de vez en cuando, el “género” deseado según el gusto y el deseo del momento. La última frontera del sexo es por lo tanto la perenne fluidez, es decir, el no tener fronteras ni barreras de ningún tipo. La introducción de la tercera opción sexual simboliza, en fin, la dramática y profunda crisis del hombre contemporáneo, atrapado por el dogma relativista, que, viendo poner en duda incluso la propia identidad, no sabiendo más quién es, ve hacerse añicos también su última certeza elemental.

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