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Buenos escritores, malos maestros

Cortina (Italia) acogió en los pasados días a Vito Mancuso -el «escritor de Dios»-, que ha presentado su nueva obra titulada Dios y su destino: «Creo en Dios, pero no ya en el Dios de la doctrina oficial de la Iglesia católica. No creo ya en el Dios del Credo, el Padre “omnipotente”, al que denomino en este libro Deus». Este es su mensaje bebido por un público idiota.

Como se sabe, Mancuso fue ordenado sacerdote por el card. Martini y, desde que se salió de cura -o sea, pidió la dispensa pero no perdió el “carácter sacerdotal”- es un escritor muy fecundo y afortunado, dado que sus libros se llevan y no hay librería católica que no albergue pilas y pilas de ellos expuestas, listos para ser comprados por un público que no quiere oír hablar sólo de hombre, de humanidad, de razón, de inteligencia y que no entiende cómo -hoy día- hay una Iglesia que propone todavía los “sagrados misterios”. Mancuso criticó y desmontó también, como superada, la oración por excelencia, el Padre nuestro, la única dictada directamente por Jesús a los Apóstoles. Y todos aplaudiendo.

Maravilla que sean presentados al gran público autores de este tipo, notoriamente contrarios a diversos dogmas, pero que al mismo tiempo se hacen pasar por teólogos católicos, cuando de “católico” no tienen ni siquiera el recuerdo; aquí está el problema. Un uso impropio, aún, del recuerdo y del apoyo recibido en su tiempo por el cardenal Martini. El ambiente eclesial, de todos modos, no ha abierto la boca y quien ha organizado el evento, no ha aportado, para un tema tan importante y delicado, a ningún contrario para un debate serio.

El evangelio del domingo 14 de agosto (el día después) era precisamente sobre el tema, porque nos ha recordado que Jesús dijo haber venido para dividir: el creyente debe discernir y tener el valor de separarse (también de la familia si es necesario) de lo que es contrario a la doctrina evangélica. Si es verdad que la Misericordia es verdaderamente el último salvavidas ofrecido al náufrago que está a punto de hundirse (“tabla de salvación” n. 319) enseña, no me parece que se esté exagerando al preocuparse. Minimizar y ridiculizar la salvación, que, por el contrario, es un asunto serio. Querer salvarse o no, en el fondo, lo decidimos solamente nosotros en esta tierra. ¿Y cómo es que los prelados, que tienen la única tarea de preocuparse de salvar a las almas, no dicen ni hacen nada en estos casos? En algunas parroquias, Mancuso es incluso invitado y pagado por hablar y distribuir su alimento… Si una madre ve a su propio hijo resbalar o tropezar en un camino en el que corre el riesgo de caer, ¿no corre en su ayuda? ¿No se preocupa y no se esfuerza por socorrerlo? Si lo ama, lo quiere sano y salvo y le ayuda hasta el punto de arriesgar su propia vida con tal de salvarlo. Esto, que es un acto de pura misericordia, ¿por qué no se hace por parte de los sacerdotes, que impunemente asisten al adoctrinamiento de estos malos maestros? Buenos escritores, quizá, pero seguramente ¡malos maestros!

Ro. Gh.

(Traducido por Marianus el Eremita)




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Mateo 5,37: "Que vuestro modo de hablar sea sí sí no no, porque todo lo demás viene del maligno". Artículos del quincenal italiano sí sí no no, publicación pionera antimodernista italiana muy conocida en círculos vaticanos. Por política editorial no se permiten comentarios y los artículos van bajo pseudónimo: "No mires quién lo dice, sino atiende a lo que dice" (Kempis, imitación de Cristo)

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