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Cardenal Stefan-Wyszynsky, héroe de la Fe

Decía San Agustín, y el transcurso de los siglos le dio la razón, que los mártires de los últimos tiempos serán más grandes aún que los primeros de la primitiva Iglesia, ya que estos lucharon contra las fieras y contra los hombres, pero los últimos lucharán contra el mismo Satanás en persona.

Sirva esta enseñanza agustiniana para rendir nuestro devoto homenaje al heroico Cardenal Primado de Polonia, Stefan Wyszynsky; al conmemorarse, este 28 de mayo, el trigésimo cuarto aniversario de su fallecimiento en Varsovia.

De fe inquebrantable e indómita; no se acobardó ante la cárcel o los sufrimientos. Son sus palabras: “La falta más grande del apóstol es el miedo. La falta de fe en el poder del Maestro despierta el miedo; y el miedo oprime el corazón y aprieta la garganta. El apóstol deja entonces de profesar su fe. ¿Sigue siendo apóstol? Los discípulos que abandonaron al Maestro aumentaron el coraje de los verdugos. Quien calla ante los enemigos de una causa, los envalentona. El miedo de apóstol es el primer aliado de los enemigos de la causa.

Símbolo viviente de la Iglesia perseguida, de esa Iglesia Mártir que detrás de aquella “cortina de hierro” seguía siendo fiel a su Esposo Crucificado.

Supo encarnar la fe polaca que, al decir de S.S. Juan Pablo II “manifiesta la fuerza del fundamento de la Iglesia que es Jesucristo”. De allí que el Pontífice lo condecorara entregándole la Rosa de Oro  -la más alta distinción pontificia-  pues fue “la piedra clave particular… de toda la Iglesia de Polonia”.

Recibirá la consagración episcopal el 12 de mayo de l946 en Jasna Góra. Y ya el día anterior enseñaba que “Ser obispo tiene en sí mismo algo de cruz, por eso la Iglesia pone la cruz en el pecho del obispo. Sobre la cruz hay que morir a sí mismos; sin esto no hay plenitud de sacerdocio”.

Cual obispo conciente de su misión y del lugar que ocupa ejercitó y poseyó la virtud de la fortaleza en grado supremo. Y si bien actuó con la palabra y con el servicio litúrgico, se destacó fundamentalmente con el ofrecimiento del sufrimiento. Por eso pudo decir: “Para un obispo la falta de fortaleza es el comienzo de la derrota. ¿Puede continuar siendo apóstol? ¡Para un apóstol es esencial el testimonio que se dé a la Verdad! Y eso exige siempre fortaleza.

Polonia no puede ser entendida sin Cristo. ¡Esa es su gran herencia! Es por eso que “Después de Dios, para nosotros nuestro primer amor es Polonia. Después de Dios, debemos, por encima de todo, permanecer fieles a nuestra Patria, a la cultura nacional polaca. Debemos amar a todas las naciones del mundo, pero sólo en tal orden de prioridades.

“Y si vemos slogans por todas partes abogando por el amor a todos los pueblos y a todas las naciones, no nos oponemos a ellos; pero por encima de todo exigimos el derecho a vivir de acuerdo al espíritu, la historia, la cultura y el idioma de nuestra tierra polaca; los seculares valores inmutables de nuestros antepasados”.

El Cardenal Wyszynsky siguiendo los pasos del Señor fue también signo de contradicción y grano de trigo que cayó en la tierra para fructificar.

Pasa a la historia como campeón de la resistencia frente a la perversidad intrínseca del marxismo.

Y lo más importante sembró la semilla de la Verdad en las almas de miles de sacerdotes, religiosos y laicos. Allí está para testimoniarlo nada más ni nada menos que Juan Pablo II.

Tanto él, como su predecesor, San Estanislao, Obispo y mártir son una prueba viviente de que el Señor concede a sus hijos fieles las fuerzas sobrenaturales para superar todos los sufrimientos.

¡GLORIA AL CARDENAL WYSZYNSKY!

Daniel Omar González Céspedes




Daniel Omar González Céspedes
Daniel Omar González Céspedes
Nació en la Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires, Argentina, el 21 de septiembre de 1970. Es profesor para la Enseñanza Primaria desde hace dos décadas. Ha escrito artículos para las revistas Memoria, Cabildo, Gladius, Diálogo, Para que Él reine y en los periódicos nacionalistas Patria Argentina, Lucha por la Independencia y Milo. Con ocasión de la beatificación del Cura Brochero (2013) escribió el libro “Breve semblanza de nuestro cura gaucho”.

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