Uno de los grandes cometidos que tenemos los laicos, es ser catequistas. Estamos empezando el curso en todas las Parroquias y es importante que nos impliquemos en esta labor, a la que nos llama el Señor, formar a Sus niños. Nos amparamos, muchas veces, en nuestras múltiples ocupaciones, para rechazar ese puesto que quizás de entrada, no resulta apetecible, pero en estos momentos, es tan importante cubrir con gente formada a la luz del Magisterio. Urge hablarles a los niños y adolescentes de Dios y hacerlo ajustándonos a una sana Doctrina.

¿Qué se les está enseñando a los niños en el Catecismo? ¿Se les presenta a Jesús de Nazaret, o se les habla de un Dios a la carta? ¿Se les está enseñando el valor infinito de la Santa Misa? Bajo el nombre de “Misas de niños”, estamos viendo una auténtica mundanización de la Liturgia.

Nos llama la atención que los niños, después de su Primera Comunión, dejen de venir, pero si lo pensamos, no resulta extraño entenderlo, lo ven todo como algo infantil y consideran que esa etapa ya terminó. ¿Que sentido tienen esas misas teatralizadas? ¿Por qué en vez de enseñarles la belleza del silencio, de la oración y de la Liturgia, les enseñamos a tocar palmas y en algunos casos, hasta dar botes en el altar? ¿Los tratamos como niños, o como marionetas que movemos a nuestro antojo, para que bailen al son del cura de turno? Hemos convertido la Misa en una especie de musical barato, ni siquiera de Broadway, donde los decorados se cuidan más que muchos Presbiterios,

Recuerdo cuando era niña…el incienso, las casullas del Sacerdote, como hacía las inclinaciones, me fijaba en todos esos detalles… y al terminar le preguntaba continuamente a mi madre, el por qué de todo y ella, pacientemente me hablaba de la Tradición, de la Liturgia…Creo que no era una niña extraña ni salida de ninguna película de misterio, al igual que al resto de mis amigos, me gustaba lo extraordinario, esa es la palabra. Con la Santa Misa, recibíamos una gran Catequesis, ¿Se puede decir lo mismo hoy en día?

Son muchas Parroquias las que hacen su trabajo de manera encomiable y ese resultado es palpable en los Seminarios de algunas Diócesis, pero también está el caso contrario, los que están cerrando las puertas y deformando, en vez de formando.

Se puede observar, como en los cursos de algunas Diócesis, dirigidos a los catequistas, se pone como modelo de teología, a personas tan alejadas del magisterio, como es José Antonio Pagola. Es decir, primero se reeduca a los catequistas en los beneficios de una falsa “nutrición” y ellos, después, alimentan el alma de los niños. No permitamos que a los pequeños parroquianos, que en vez de hablarles de Dios, de los Mandamientos y de los Sacramentos, se les deforme con ideas tan erróneas como el Sacerdocio femenino, el abandono del celibato y la tan de moda “comunión a los divorciados vueltos a casar” y otros temas, tan apartados de lo que es el Magisterio de la Iglesia. Muchos niños hacen su Primera Comunión, que en muchos casos es la última, sin saber ni siquiera dónde está el Sagrario… ¿Qué les hemos enseñado en dos o tres cursos de Catecismo? ¿A pintar a Jesús en una barca?

¿Cómo es posible que se intente formar a los niños con modelos más propios de una Iglesia Protestante, que de nuestra Iglesia Católica? ¿Qué pretenden algunos sectores de nuestra Iglesia? Está claro, deformar al ser humano desde sus inicios.

Es cierto que el catequista no tiene un salario por este desempeño, pero sí tiene una retribución que viene de Dios y nos servirá para la vida eterna, urge nuestra implicación en las Parroquias

El Catecismo de San Pío X continúa todavía válido, porque “la fe como tal es siempre idéntica. Por lo tanto, el Catecismo de San Pío X conserva siempre su valor”  (Benedicto XVI)

Sonia Vázquez