Católicos endiosados

Se decía de los primeros cristianos, “mirad como se aman” y tendríamos que preguntarnos si hoy en día se puede utilizar esta misma expresión hacia los miembros de la Iglesia, es decir, de ustedes y de mi. Obviamente uno puede decir con relación a su comunidad parroquial, a su carisma o a su grupo que sí, que se produce esto, pero, ¿se puede aplicar a la Iglesia en general? la Iglesia somos la unión de todos y cada uno de nosotros y debemos sentirnos entre todos como una fraternidad y unidos a la cabeza.

Esta introducción que acabo de hacer viene al hilo de lo que estamos viviendo estos días en redes sociales y que bajo mi humilde punto de vista da una una imagen penosa de los católicos. El domingo por la mañana en el programa de Pepa Fernández de RNE, siendo un programa que nada tiene que ver con la religión mencionaron los temas relacionados con el Papa y con los curas del programa de la Sacristía de la Vendee y vinieron a decir algo así como “fíjate, ellos que hablan tanto de amor, se llevan a matar” y el comentario era haciendo alusión a nosotros, a los católicos. La verdad es que sentí pena y vergüenza ajena. Ha salido publicado en todos los periódicos laicos de España y obviamente han aprovechado para hacer carnaza y es que es cierto, si yo fuera atea, no me plantearía en absoluto darme un garbeo por una Iglesia.

Estos días pensaba en mi infancia, en la vida parroquial. Mi fines de semana transcurrían con los capuchinos que eran mi segundo hogar. Allí teníamos cine, ping pong, baile gallego, coro, un mundo de actividades y un ambiente que nos hacían sentir “en casa”. Recuerdo que una vez al mes íbamos a Agarimo, la obra del Padre Villa, para acompañar a los chicos que abandonados por sus familias vivían allí. A lo largo del año hacíamos muchísimos encuentros con otras parroquias y yo sentía que, efectivamente, todos éramos uno. Los Capuchinos en aquella época rotaban mucho y era frecuente el cambio de frailes pero independientemente de la personalidad de cada uno, a nosotros nos enseñaron a respetarlos siempre y a tener una sana obediencia al superior.

Si comento esto es porque quizás ustedes hayan vivido algo parecido ya que yo no me crié en la luna. Todo esto se mantuvo en mi vida hasta bien entrada mi edad adulta.

Pienso que todo este caos actual tiene su centro y origen en lo que es el alma de nuestra vida, la Santa Misa. Desde el momento en que la Misa ya no es la misma en todas las Iglesias, provoca que cada fiel vaya buscando un cura o una comunidad que se ajuste a su personalidad. Las redes sociales son las protagonistas de las mayores aberraciones que podemos ver en cuanto a liturgia. A mi me pasma ver a un cura disparando con una pistola de agua sobre los fieles, otro bendiciendo parejas de homosexuales en plan “boda religiosa”, sacerdotisas protestantes ocupando el Altar católico, en fin, una lista de despropósitos que sólo sirven para pasmo o aplauso de otros. Y aquí empieza el lío, religión a la carta y cada uno se une al club que más le conviene y sigue al “cura” más chachi.

Estos días leía un libro de Fabio Rosini en el que hace referencia a todo esto de los sacerdotes “influencers” y se preguntaba que tiempo dedicaban a la oración: “si eres cristiano y haces muchas cosas, pero dejas la oración, es como pretender ir en coche bajo la lluvia sin limpiaparabrisas”. Se escucha muchas veces decir de presbíteros que están todo el día en el candelero, “¿Cuándo rezará?”. Siendo realistas, en la vida puede haber un Julio Iglesias pero no mil millones de Julio Iglesias y esto es lo que estamos viendo, muchos curas han perdido el oremus, se creen la Rocío Jurado de su aldea y se pasan el día en un mundo ficticio con un club de palmeras dándole al “like” y haciéndoles creer que son la caña de España, hasta tal punto que puedes ver a curas de lugares remotos de las antípodas preparando su cámara para filmar su misa o su predicación del día, ¡Surrealista!

Lo cierto es que todos estos líos que estamos viviendo se montan en el mundo virtual, hay que decirlo, porque en la mayoría de las parroquias la vida transcurre con cierta calma. Cabe pensar que muchas personas que siguen las misas por internet o los debates de turno, quizás ni se acercan a una parroquia o si lo hacen, es básicamente para reírse de lo que ven aunque todo transcurra en normalidad porque claro, muchos “capillitas” no se dan cuenta de que a veces esas misas retransmitidas son una gran “ficción”.

Al final nos encontramos con grupos de católicos endiosados, opinando de todo y tomando parte de todo y capitaneados sabe Dios por quién, pero no por Cristo, aunque su nombre lo tenga uno en la boca todo el día. Y hablo tanto de los de un lado como de los del otro que viene siendo como la derecha y la izquierda política y que al final, el pueblo, nosotros, pagamos el pato de toda esta guerra. En el centro de los Templos debería estar el Sagrario y no el cura y mucho menos una ideología.

Hemos convertido la Iglesia en un club sectario de grupos en el que parece que estamos obligados a uniformarnos en uno u otro y si no lo hacemos así, inmediatamente nos encontramos con que alguien nos dice, “Qué sorpresa que tú pienses así” o incluso nos pueden llamar “modernistas”, “tradicionalistas”, “progre”, depende. Incluso la página religión digital se refiere a ciertos sectores como “fachosfera” y ciertos sectores se refieren a ellos como “herejía digital”, esto es fraternidad y lo demás, cuentos…a mi me han llamado de todo pero lejos de parecerme negativo me parece positivo, porque quiere decir que uno mantiene su objetividad y formación y es capaz de decir esto está bien o mal pero en base a los mandamientos y no en base a gustar o no gustar a otros, ¡No nos dejemos manipular el pensamiento!

Supongo que ustedes quizás han empezado a leer el artículo con la idea de que  me iba a lanzar a opinar sobre los sacerdotes de la Vendee, sobre el Padre Vegara, sobre José Manuel Vidal, sobre Monseñor Munilla, sobre el Papa o sobre la bendición de una pareja en una capilla privada pero siento desilusionarles lo único que voy a opinar de todo esto es que nos falta unión y que da mucha vergüenza y pena en lo que hemos convertido la casa de nuestro Padre. Posiblemente Jesús volvería a aplicar el látigo, pero quizás sobre muchos de nosotros que estamos convirtiendo en basura nuestra Iglesia. Entono el mea culpa por las veces que lo he hecho así y le invito a usted también a ello, que seguro que también colabora activamente.

No hay unión, no hay caridad, no hay respeto por lo tanto, no respetamos a Cristo. Nos insultamos entre nosotros y nos reímos unos de otros y por lo tanto, insultamos y nos reímos de Cristo. En estos momentos somos tan necios y torpes que somos capaces de juzgar como buena o mala la conversación de un sacerdote por su vestimenta o por la etiqueta que le hemos puesto, no somos capaces de escuchar ni media palabra de lo que dice ni mucho menos de discernir si una obra es buena o mala simplemente por el hecho en sí. Me remito otra vez al libro de Fabio Rosini, nos falta oración y el tiempo de Cuaresma puede ser un maravilloso momento para recomenzar nuestra vida espiritual y para ello, justamente le recomiendo su libro, “el arte de recomenzar” que no nos viene mal a ninguno, a mi, la primera. Menos influencer y más Sagrario.

“Permaneced, pues, en estos sentimientos y seguid el ejemplo del Señor, firmes e inquebrantables en la fe, amando a los hermanos, queriéndoos unos a otros, unidos en la verdad, estando atentos unos al bien de los otros con la dulzura del Señor, no despreciando a nadie. Cuando podáis hacer bien a alguien, no os echéis atrás, porque la limosna libra de la muerte. Someteos unos a otros y pro­curad que vuestra conducta entre los gentiles sea buena; así verán con sus propios ojos que os portáis honradamen­te; entonces os podrán alabar y el nombre del Señor no será blasfemado a causa de vosotros. Porque, ¡ay de aquel por cuya causa ultrajan el nombre del Señor! “ (carta a los Filipenses, 9-1)

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