Los Curas no deben hablar de política, decía una señora muy ufana, mientras salía de una Sacristía. Suele ser un pensamiento propio de los “Católicos de Domingo”, de personas que simplemente acuden a Misa y ahí, termina su relación con Dios, no quieren saber más, creen que cumplen con el precepto y que eso, les garantiza la salvación, no quieren escuchar verdades incómodas que les lleven a plantearse si están en el camino correcto. Son muchos los que consideran que el gobierno y las leyes van por un lado y la religión, por otro. Sin duda hoy en día, esto es así. No obstante, esta situación no es la ideal, al contrario y por ello, es necesario que nuestros Pastores de almas, nos recuerden que debemos introducir en las urnas un voto acorde a lo que debe ser una vida coherente en la Fe.

“Error es grande y de gravísimas consecuencias excluir a la Iglesia, obra de Dios, de la vida social, de las leyes, de la educación de la juventud, de la familia. Sin religión es imposible que sean buenas las costumbres en un Estado; y todos saben, tal vez más de lo que convendría, a qué se reduce y dónde va a parar la llamada moral civil.” (Leon XIII, Encíclica Immortale Dei)

Normalmente este tipo de discursos parroquiales, como el de la señora, se dan cuando los Presbíteros nos recuerdan que no debemos votar a partidos que promuevan o consientan el aborto, porque cuando el discurso es claramente progresista-marxista y ya no digo por ejemplo, nacionalista, entonces al Cura se le pone hasta una placa en la puerta de la Iglesia, recordando como puso cada piedra con el sudor de su frente y que era un hombre que vivía implicado con la Comunidad Parroquial.

No hace muchos meses, salía en la prensa, como un Párroco de esta línea, cedía la Iglesia para el discurso electoral de un partido político de izquierdas, llenando el Templo, como nunca antes se había visto. Ya ven Vds. como avanzamos, primero se permitieron conciertos y ahora, mítines, quién sabe si cualquier día nuestros Templos, serán la Sede del Congreso de los Diputados.

Me quedaba perpleja hace unas semanas cuando leía el nombre de los candidatos a unas listas municipales, no salía de mi asombro al ver como personas que colaboran habitualmente en los servicios Litúrgicos, como acólitos, lectores, etc., se presentan a las elecciones representado a partidos claramente abortistas. No piensen Vds. que estoy señalando a algún grupo en concreto, o a una ideología, en absoluto, hoy en día, muchos de los que se denominan partidos de derechas, centro, o izquierda, apoyan las leyes que permiten que las madres asesinen a sus hijos en el vientre materno. ¿Secundar a un partido que permite esto, no es acaso, apoyar a un estado criminal? Con nuestro voto, tenemos que decir claramente NO AL ABORTO. Pensemos detenidamente que favoreciendo estas candidaturas, posiblemente seamos colaboradores también en estos asesinatos.

Los Católicos estamos llamados a participar en la vida pública, de manera activa o pasiva y con nuestro voto, debemos de ser conscientes que tenemos que promover los valores Cristianos, estamos llamados a proclamar el Reino de Dios, no el reino de perversión y lujuria que a la mayoría de los políticos les conviene.

“Cuando los católicos tienen causas justas para tomar parte en la vida política, no lo hacen ni lo deben hacer para aprobar lo que hay de malo en las actuales constituciones de los Estados, sino para servirse de dichos sistemas, en cuanto sea posible, para el genuino y verdadero bienestar público, y con la intención de infundir en todas las venas del Estado, a manera de jugo y sangre vivificantes, el espíritu y la bienhechora influencia de la religión católica.” (Leon XIII, Encíclica Immortale Dei)

¿Se está incumpliendo desde los Gobiernos de todo el mundo, los Mandatos del Señor? Por supuesto, no lo duden. Mientras revisan cualquier programa electoral, repasen también los Mandamientos de la Ley de Dios: Quinto mandamiento, “no matarás”, el cual, está siendo pisoteado delante de nuestras narices con el beneplácito de muchos Católicos. Les puedo asegurar que hay personas que llevan a sus hijos a colegios religiosos y justifican y promueven con su discurso, el aborto, aduciendo que según las circunstancias, es justificable. Señoras de edad avanzada, que en aras a una falsa modernidad imitando a sus nietos, se decantan por votar a las nuevas generaciones marxistas y te lo cuentan cuando vienen de Comulgar. ¡Estamos completamente locos!

Durante la Santa Misa pedimos por los países en guerra, por los hombres y mujeres que mueren asesinados a diario y después con esa misma mano, con la que algunos incluso, “reparten” la Sagrada Comunión, dan carta blanca a que se extermine en nuestras clínicas y financiado con los impuestos de todos, a los más inocentes, a los no nacidos, a los que no pueden decir, quiero vivir. Si de verdad rezáramos el Rosario y nos paráramos a contemplar el Misterio del nacimiento del Niño Jesús, en esas condiciones tan penosas en las que se encontraban María y José, en medio de aquel frío, de aquella pobreza, de aquellas circunstancias extremas, seríamos incapaces de seguir protegiendo con nuestro voto a todos esos fariseos.

Sexto mandamiento, “no cometerás actos impuros”, políticos que se llaman Católicos y que aún encima se mofan de todos nosotros, viviendo en pecado público, Comulgando en las Misas a las cuales acuden en representación de su puesto, mostrándose a favor del divorcio, de las uniones entre personas del mismo sexo, repartiendo preservativos en plena campaña electoral… ¡Viva el Libertinaje! No se asusten Vds., a estos es a los que les votamos libremente.

Octavo mandamiento, “no dirás falso testimonio, ni mentirás”, ¿Qué es la corrupción, sino un enriquecimiento a costa de haber mentido? Y todos los días en la prensa del mundo entero, lo único que leemos son casos de políticos y gobernantes que aprovechando su privilegiada posición, han vapuleado las arcas públicas, dejando a los países para el arrastre. Les vuelvo a decir, no se echen las manos a la cabeza, les votamos libremente.

¿De verdad a Vds. les parece bien que seamos colaboradores directos o indirectos de la destrucción del mundo, que Dios creo para el hombre?

A día de hoy, dentro de nuestra Iglesia, nos encontramos distintas actitudes por parte del clero, los valientes que dan la cara, apenas uno o dos, los que prefieren no opinar para no meterse en complicaciones y cada uno que vote a quién quiera y así María Rosario y su “marido” siguen presentando las ofrendas todos los domingos. Y finalmente, el sector “buenista”, que inclina la balanza y la conciencia de los fieles hacia la fatal opción de “votar al menos malo”, pensamiento muy extendido en los últimos años, con el cual, le damos el voto al partido que por lo visto “puede cambiar algo”, pero, que no cambia nada. No obstante, para alegría de sus seguidores, cuando se aproximan las elecciones, son premiados con algún tipo de discurso “religiosamente correcto”, en el que se recuerda que es necesaria la enseñanza Católica en los colegios. ¡Valientes hipócritas los políticos, los que les votan y los que promueven esto desde el púlpito! Se debe hablar del voto Católico, pero no engañando.

“Incluso algunos de vosotros deformarán la doctrina y arrastrarán a los discípulos. Por eso, estad alerta”. (Hch 20,28)

Entonces… ¿Qué debemos de hacer los Católicos, votar o no votar? Lo primero, debemos ser congruentes. Tenemos obligación grave de informarnos para que no nos tomen el pelo. Debemos de revisar los programas electorales de arriba abajo, sin omitir comas ni puntos, es decir, leer lo que promueven y lo que amparan. Si un partido político favorece y exalta lo que es pecado mortal, no puede ser una opción para ninguno de nosotros, no nos engañemos. Dios o el demonio.

¿Deben los Sacerdotes hablar de esto en las homilías? ¡Por supuesto!, siempre que lo hagan ajustándose a una Sana Doctrina. Es necesario que se nos recuerde la Ley de Dios y que nuestra vida, debe ser acorde al Evangelio, de no ser así… ¿Qué nos están contando los domingos en Misa? Los Sermones Dominicales no son para hablar de Jorge Bucay, aunque algunos piensen que es el momento ideal

El Santo Padre continuamente hablando de la corrupción y todo el mundo aplaudiendo y cuando lo hace el Cura de la Parroquia, ponemos el grito en el cielo. Obviamente no se trata de que nos digan a que partido, con nombre y apellidos, votar, pero sí que es necesario que se nos recuerde que estamos llamados a dar testimonio de vida Cristiana en las urnas, con nuestro voto o con lo contrario, con su ausencia. No podemos dar carta blanca con nuestra indiferencia a que nos gobierne el mismo Demonio. Fíjense Vds. que en estos momentos, los Gobiernos, en general, son los que quieren arrasar nuestras Iglesias y tomar el mando. No es extraño escuchar hablar de “funerales de estado”, “supresión de ayudas a la Iglesia”, “retiro de crucifijos”, etc, todo esto no es más que dinamita que se va poniendo y que va estallando estratégicamente, hasta que no quede nada y volvamos a las Catacumbas. En la época de los Romanos, nos echaban a los leones, ahora los métodos son más sutiles: eutanisa, aborto, supresión del dolor…Y todo esto, aprobado por el Estado. ¡Medítenlo!

¿Qué se espera de un buen gobernante?

“Los jefes o príncipes del Estado deben poner la mira totalmente en Dios. Es, por lo tanto, obligación grave de los príncipes honrar el santo nombre de Dios; así como favorecer con benevolencia y amparar con eficacia a la religión, poniéndola bajo el escudo y vigilante autoridad de la ley; y no instituir ni decretar nada que pueda ser nocivo a la incolumidad de aquélla.” (Leon XIII, Encíclica Immortale Dei)

Y alguno dirá, ¿Y si ninguno de los candidatos cumple este requisito? ¿Vds. qué harían si la pescadería de su barrio no tuviera pescado fresco, sólo lo tuviera podrido? ¿Lo comprarían?

Sonia Vázquez