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Cómo el estancamiento de Amoris Laetitia desvaloriza el Matrimonio

En la modernidad, la monogamia se define normalmente como “una pareja por vez” o, en otras palabras, “cualquier cosa menor que un harén.” A medida que la revolución sexual ingresa en su tercera generación, las cifras se vuelven claras: un mayor número de parejas sexuales corresponde a una menor tasa de éxito en un matrimonio posterior.

El matrimonio tal como lo conocemos no puede coexistir con el amor libre, sin embargo las bodas se siguen celebrando.

Nos regimos por nuestras decisiones, no por promedios, pero debemos reconocer los promedios si queremos evitar caminos de menor resistencia hacia las trampas que nos han tendido. En la misma línea, la mano de un legislador debiera estar moderada por la comprensión de que, en el contexto de las tendencias demográficas, ni siquiera el conocimiento exhaustivo de la vida privada de un individuo permitirá dilucidar los contenidos de su billetera, su cartera, su mente o su alma. De todos modos, los edictos universales deben relacionarse con las realidades demográficas. Para nuestros propósitos, es correcto generalizar.

Mi comentario se refiere al debate actual entre católicos que probablemente lamentan el clima sexual actual pero cuyas conclusiones a su vez lo impulsan.  

En nuestra teología, el divorcio no está reconocido, y quien se acuesta con alguien que no es su cónyuge único y original está cometiendo adulterio. Un católico que vive en adulterio no puede recibir la eucaristía, separándose efectivamente (y a su compañero adúltero) de la comunión con la Iglesia. Estas reglas no pueden ser cambiadas, ni siquiera por un Papa.

Los concilios que resolvieron esto nunca hubieran predicho las condiciones que hicieron posible el atracón carnal sin precedentes de nuestra era. Los católicos no son inmunes al asombroso efecto que el amor libre ha tenido sobre el matrimonio. A medida que nuestra tasa de divorcios civiles se dispara por detrás del promedio social, también aumenta la demanda de ese santo grial del católico “monógamo”: el “matrimonio posterior.”

¿Podrá Roma mantener la línea del dogma profesado?

Si bien no reconocemos el divorcio, los católicos pueden recibir una “declaración de nulidad” —una proclamación oficial de que el matrimonio era realmente inválido— para que posteriormente pueda tener lugar un matrimonio válido. La Iglesia parece haber aumentado el molino de anulaciones año tras año para satisfacer las demandas de la tasa de divorcio civil. Aunque veamos un esfuerzo igual y opuesto para asegurar que en primer lugar los matrimonios inválidos no ocurran, el amor libre parece tener otro plan de contingencia. En 2016, el papa Francisco lanzó Amoris Laetitia, que pareciendo calculada para eludir la línea de legalidad antes mencionada respecto al divorcio y matrimonio posterior, contiene ambigüedades sobre quién puede recibir la comunión en las relaciones sexuales posteriores cuando no se ha obtenido una declaración de nulidad.

Un número de académicos y clérigos de alto rango solicitaron al Papa que aclare que la postura de la Iglesia no ha cambiado — porque no lo ha hecho. Sus dubia han quedado sin respuesta durante casi media década.

En el corazón de este estancamiento está el intento de recrear algo que se asemeja a la oikonomia pastoral oriental en términos de dogma católico. Típicamente percibidas como un enfrentamiento entre misericordia y dogma, las discusiones sobre Amoris Laetitia  pueden reducirse al absurdo por más tiempo todavía. Después de todo, ese es el punto. Mientras el Papa no resuelva esto, las relaciones sexuales subsiguientes pueden parecer permisibles para católicos aún casados sin necesariamente desvalorizar el valor fiat concedido al rito romano de matrimonio con sus votos dramáticos y absolutos legales. Sin embargo, a pesar de las apariencias, el Papa no ha logrado lo imposible. Esto es en realidad un enfrentamiento entre la misericordia, el dogma, y la autoridad de la Iglesia. En la medida en que el Papa pueda reconciliar los dos primeros elementos de este trilema, él desvalorizará el último.

No todas las opiniones del papa Francisco sobre temas de moda como la Madre Tierra fueron promulgadas en encíclicas; sin embargo, nos dan una idea sólida acerca del pensamiento detrás de las que sí lo fueron. “Dios perdona siempre, nosotros a veces y la naturaleza nunca” es uno de sus aforismos favoritos. Pero en ninguna parte nuestra comprensión de la naturaleza es tan retorcida — y deliberadamente retorcida — como en los asuntos de la sexualidad humana.

El matrimonio existe como un hecho de ecología humana porque las sociedades deben abordar la difícil tarea de persuadir a los individuos para que permanezcan juntos con sus hijos cuando en cualquier momento podrían querer juntarse con otra persona. Los libertinos regañados pueden intentar silenciar a sus críticos con una burla tu quoque, pero tienden a promover la desregulación sexual solo mientras el mercado carnal está a su favor.

Esto nos conduce tal vez a la mayor verdad no reconocida de la revolución sexual: hay una etapa de la estrategia del fornicario que exige la monogamia forzada socialmente a la otra parte. Nuestra cultura responde intentando encontrar virtudes en esta necesidad, defendiendo cortinas de humo de caballerosidad y rito que satisfacen las necesidades del libertino. Ya sea hipócrita  o cínico, el matrimonio se convierte en una herramienta de control social única.

Tres generaciones después de la revolución sexual, los cónyuges menos aptos se han vuelto más necesitados de la mano dura del dogma y la moral. Pero disfrazar el defecto con el manto de la responsabilidad cristiana no es digno ni sostenible. Atrae hacia el matrimonio a las personas menos aptas bajo la impresión de que pueden sustituir el fervor religioso por cualidades personales e incluso torna el conflicto matrimonial en una especie de soberbia moral.

No funciona.

Incapaz de defender la ley frente a la realidad demográfica del divorcio, la respuesta de Roma parece un incumplimiento de sus propias reglas. Como cada edicto de la revolución sexual, el caos que rodea a Amoris Laetitia sirve a los instintos carnales liberados de toda supervisión social y humana. Es literalmente deshumanizante.

La tragedia es que actuar de acuerdo a las interpretaciones modernas de moda de la ley natural en lugar de acatar el derecho canónico imperecedero termina no cumpliendo ninguno de los dos. El status quo promueve una noción desigual del matrimonio que hace que los castos y obedientes sean cada vez más responsables de una situación en la que cada vez tienen menos injerencia. A veces, aquellos que defienden la verdadera enseñanza de Roma llevan vidas solitarias para honrar un matrimonio que se rompió hace tiempo — y posiblemente para el crédito de su alma eterna. Sin embargo, la Iglesia, que defiende ese matrimonio como una ficción legal, ahora parece estar aceptando las aventuras de sus cónyuges canónicos por otros lares. Los católicos no pueden descartar su Iglesia como si fuera cualquier otro agente secular de martirio blanco cuando es la encarnación misma de su causa espiritual.

Al negarse a aclarar cuáles son las reglas en su jurisdicción universal, Roma se arriesga a abrir una grieta en todo su bastón sacramental — dado que es imposible abusar de uno sin abusar de todos los demás. Un núcleo conservador de la Iglesia seguramente mantendrá la vigilia mientras la cristiandad occidental cruza el nadir, pero la jerarquía sobre ellos debe darse cuenta de lo que está pasando. Como un padre que resuelve disputas diciéndoles a sus hijos que “se arreglen entre ellos”, Roma está socavándose a sí misma como fuente de autoridad moral.

Odiaría que cualquier católico fiel que lea esto se crea engañado por su fe. Igualmente, este problema necesita un examen implacable y sin hipocresía a la luz de las tendencias seculares.

La conclusión es que la gente corre el riesgo de ser engañada a creer que el matrimonio se sostendrá menos por la diligencia y castidad de los individuos que por las estructuras legales. Nunca ha sido menos cierto que hoy.

Alexander Shaw

Traducido por Marilina Manteiga. Fuente: https://onepeterfive.com/amoris-laetitia-debases-marriage/

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