¿Cuándo podemos comenzar a hablar de “feminismo tóxico”?

El otro día, antes de que nos distrajera esa absurda pieza de teatro político prefabricado en Washington DC, la compañía Gillette, al parecer, produjo un anuncio publicitario que más o menos insultaba a toda su base de clientes. (¡Bien hecho, idiotas!)

No lo vi, pero no es difícil de imaginar. Probablemente haya sido algo como esto: “7 Cualidades ‘Masculinas’ Obsoletas y con qué Reemplazarlas” Presionen el vínculo si creen que deben hacerlo, pero resumiendo dice que, “Si eres masculino, deshazte de esa noción tóxica y conviértete en mujer.” Si eres útil en el hogar arreglando cosas, eso es tóxico: aprende a decorar.

Si estás dispuesto a recibir un golpe y salir herido por defender a tu familia, eso es tóxico: aprende a mediar, discutir y dialogar. Si eres un cazador y te gusta la independencia, disfrutas del aire libre y sientes orgullo cuando matas un animal que te proveerá de alimento a ti y otras personas, eso es tóxico: aprende a cocinar (cocinar qué, exactamente, no se menciona. Podemos presuponer que algo relacionado con la soja).

Si puedes reparar y mantener tu propio coche, eso es tóxico; aprende a programar en un ordenador. En otras palabras, aprende que por ser hombre eres peor que un inútil, eres malvado, destructivo, “tóxico”. Aprende que nadie quiere un esposo, un padre o un protector, porque el feminismo ha destruido el matrimonio y la modernidad, y el Estado nos provee todo.

El mensaje es claro: todas aquellas cosas por las que los hombres se destacaban antes de la Iluminada y Fantástica Era del Presente son inútiles, superfluas e incluso peligrosas.

Los hombres son malos y deben convertirse en mujeres.


¡La toxicidad masculina en acción!

He peleado contra el feminismo toda mi vida, incluso antes de saber lo que era, incluso cuando sabía que no podía evitar ser influenciada por él. Desde los primeros recuerdos del divorcio de mis padres sabía que estaba ocurriendo algo terrible, algo que DEBÍA ser confrontado, una cuestión de vida o muerte.

El Feminismo, con su hija ramera La Revolución Sexual, es un veneno cultural, una moral en aerosol, y una toxina intelectual arrojada al sistema de agua potable, absorbida por cada brizna del pasto y distribuida por cada gota de lluvia.

Lo respiramos, lo comemos y lo bebemos todos los días. Es un mutágeno, un virus que reescribe el ADN de la cultura y de la psicología de los individuos que la componen. Convierte a las personas inteligentes en víctimas lloronas profesionales de por vida, destruyendo mentes y almas. Creó el divorcio institucionalizado, destruyendo el matrimonio como base de la sociedad y dejándonos sin fundamento sólido.

Convirtió a los pocos niños que aún tenían dos padres en verdaderos huérfanos, criándose solos y advirtiéndoles que no se casen jamás, vacunándolos para siempre contra la vida familiar y la confianza. Luego convirtió a los niños, primero en mercancía y luego en presas. Convirtió a los padres en niños eternos y a las madres en asesinas.

Respecto a los hombres, se les dice finalmente que ya no hay lugar para ellos como hombres.

“Les presenta una opción: convertirse en mujeres (es decir, convertirse entusiasta y voluntariamente en subordinados del Estado) o retirarse”.

La Revolución Sexual continúa con sus mutaciones repugnantes, y ahora que superamos la etapa del “hagan con su cuerpo todo lo que quieran y con quien quieran”, tenemos el movimiento “trans” que propone que no existe la masculinidad natural como una característica integral normal que tiene una función específica en la ecología humana. Esto ha conducido a un aluvión de males, pero tal vez el peor haya sido el decirles a los hombres que son inútiles.

Superfluos. Y tal como lo propone el malvado artículo antes mencionado, “obsoletos.”

Pero como todo lo que proponen el Feminismo y la Revolución Sexual – que para ser breve los llamaré el Nuevo Orden – es mentira. Las mujeres necesitan de los hombres de verdad, y vice versa. Lo irónico del Nuevo Orden es que las mujeres y los niños necesitan ser protegidos del Estado, de los estragos del propio Nuevo Orden. Necesitan ser protegidos del ambiente cada vez más letal y caótico que el Nuevo Orden ha creado (como vimos este fin de semana, con una familia católica americana siendo amenazada a gritos por una multitud de lunáticos).

El Nuevo Orden les ha dicho a las mujeres que “pueden ser tan buenas como los hombres” y que “pueden hacer lo que hacen los hombres.”

Pero la otra cara de la moneda es el aislamiento, la atomización de una sociedad en una multitud de personas individualistas. Si las mujeres no necesitan de los hombres, ya sea para cosas tradicionales como la protección y la provisión, o cosas más modernas como la gratificación sexual y emocional, entonces lo harán todo solas – como atestiguan los millones criados por madres solteras desde la década de 1970. Los hombres, y con buena razón, escuchan el mensaje, se encojen de hombros y utilizan sus cualidades masculinas para divertirse y proveerse a sí mismos. Las mujeres no solo quedan solas como madres y padres de sus hijos, sino como esposas y esposos de sí mismas.

¿De qué se trata todo esto en verdad? De aislamiento. Primero fueron a por la “familia numerosa” destruyendo las economías locales que labraban la tierra y sostenían a las familias y sus pequeñas comunidades, forzando a todos hacia la ciudad, rompiendo lazos familiares, dejándonos en el siglo XX con la bien apodada “familia nuclear”, aislada en su casa prefabricada en los suburbios. Pero el Nuevo Orden ha avanzado, y ahora tenemos al Feminismo/Revolución Sexual carcomiendo incluso eso.

¿Qué ha logrado?

La atomización. Las mujeres están enojadas y separadas de los hombres, que son ahora sus enemigos, y la una de la otra por una repentina pérdida de hermandad – ninguna hermandad puede sobrevivir ahora que todas las mujeres compiten entre sí en el salvaje mercado de la educación y las oportunidades de trabajo.

Los hombres están enojados con sus padres por abandonarlos, enojados con sus madres solteras por no poder proveerles padres, enojados y separados de sus mujeres que ya no necesitan que sean hombres, esposos y padres; separados de sus hijos que están siendo criados por la escuela estatal, los medios de comunicación promovidos por el Estado, las pantallas de los aparatos electrónicos, y una cultura que les quita a los hombres, esposos y padres un propósito significativo dentro de la familia.

Los niños, por supuesto, quedan huérfanos, aislados unos de otros porque la mayoría no tiene hermanos, y de sus padres que se han convertido en narcisistas funcionales por culpa de la guerra psicológica a la que la cultura los somete.

El resultado es la atomización. Este ha sido el objetivo buscado por los revolucionarios, las personas que piensan que el Estado debe ser todo en el todo, los autores de todo este asunto. No puedes crear una utopía materialista sin primero destruir por completo la civilización que deseas reemplazar.

¿Quiénes son estas personas, específicamente? ¿Quiénes comenzaron esto? No es muy difícil de descubrir, si sabes dónde buscar.

Escuchen: el caos, la miseria, la guerra universal, la reducción de toda nuestra civilización a la pesadilla Hobbesiana de las muchedumbres que gritan por Twitter, no es un virus. Es una característica determinante.

(Traducido por Marilina Manteiga/Adelante la Fe)
https://remnantnewspaper.com/web/index.php/articles/item/4322-how-toxic-femininity-left-us-all-isolated-and-alone

Hilary White
Nuestra corresponsal en Italia es reconocida en todo el mundo angloparlante como una campeona en los temas familia y cultura. En un principio fue presentada por nuestros aliados y amigos de la incomparable LifeSiteNews.com, la señora Hillary White vive en Norcia, Italia.