PUNTO PRIMERO. Carga la consideración sobre las meditaciones pasadas: considera lo primero aquellas palabras que dijo san Juan de Cristo: He aquí el cordero de Dios, el que quita los pecados del mundo. Mira cómo lo primero le da título de cor­dero inmaculado de Dios y después de Salvador que quita los pecados del mundo, porque ha de ser cordero en la pureza el que hubiere de perdo­nar los pecados, como ministro suyo; y si tú lo eres, mete la mano en tu seno como la metió Moi­sés y mira si la sacas leprosa, y si tienes la pureza de conciencia que pide tan alto oficio, y procura alcanzarla con toda diligencia; y si no eres su mi­nistro, ruega al Señor que dé esta pureza a todos los que tiene en el mundo, y que envíe varones apostólicos de santísima vida que sean dignos ministros suyos, que purifiquen el mundo de vicios con su doctrina.

PUNTO II. Considera cómo cuita Cristo los pe­cados del mundo, lo primero a costa de su sangre y de tantas fatigas, persecuciones y trabajos como padeció en el discurso de su vida, hasta darla en una cruz por los hombres: mira con atención cuán­to le debes, el amor que te tuvo, lo que hizo por ti, y cómo debes pagarle tan crecidos beneficios; dale muchas gracias por ellos, y ofrécele en retor­no tu vida, tu alma, tu ser, tu sangre y cuanto eres y puedes ser para su santo servicio.

PUNTO III. Considera otro medio con que este cordero inmaculado quita los pecados del mundo; conviene a saber por sus Sacramentos, que son las fuentes de su gracia: pondera cuán fáciles, suaves y eficaces son los del santo bautismo y penitencia y los demás que instituyó para medicinas de nues­tras almas, por los cuales nos perdona luego sin dilación nuestros pecados: dale mil gracias por este beneficio, acordándote que los ángeles pecaron y no les concedió este remedio, en que te aventa­jó a ti a ellos, y dile: ¡Oh Señor! ¿Qué fuera de mí si no me hubierais dado estas medicinas? ¿Cuántos siglos ha que estuviera en el infierno ardiendo eternamente? Mil gracias os doy por esta gracia y os suplico me la deis para que sepa aprovecharme de tan grandes remedios.

PUNTO IV. Considera que fue sombra de estos Sacramentos el milagro de convertir el Señor el agua en vino; y pondera que Cristo mandó echar el agua a los que servían y ellos la echaron en las vasijas; y haciendo esta diligencia de su parte, tuvo efecto el milagro de Cristo: si quieres que le tengan en ti Sus santos Sacramentos, conviene que te dispongas con toda diligencia y que hagas de tu parte lo que debes, disponiéndote para recibir su gracia por gracia del dolor de los pecados y de la satisfacción de ellos, apartándote de las ocasiones, buscando su divina misericordia: pídesela con ve­ras y los auxilios y gracias para cumplir estos con­sejos, que el Señor te los dará si perseveras a sus puertas con devoto corazón y humilde perseve­rancia.

Padre Alonso de Andrade, S.J

Meditación
Meditaciones diarias de los misterios de nuestra Santa Fe y de la vida de Cristo Nuestro Señor y de los Santos.