Cruz de altar

En el número 308 de la Ordenación General del Misal Romano se lee:

308. Igualmente, sobre el altar, o cerca de él, colóquese una cruz con la imagen de Cristo crucificado, que pueda ser vista sin obstáculos por el pueblo congregado. Es importante que esta cruz permanezca cerca del altar, aún fuera de las celebraciones litúrgicas, para que recuerde a los fieles la pasión salvífica del Señor.

Da opción al celebrante para colocar el Crucifijo sobre el Altar o a su lado. Desde esa libertad de opción, soy de los que se inclinan decididamente a colocar la Cruz en el centro del Altar, sobre el mismo, y, si fuera posible, con la imagen pintada o esculpida de Nuestro Señor en ambas partes, de modo que tanto el sacerdote como el pueblo pueda ver claramente al Redentor crucificado durante la Santa Misa.

La Misa es “Santo Sacrificio”, memorial de la pasión, muerte, resurrección y ascensión de Nuestro Salvador. Mi inclinación a poner la Cruz sobre el Altar, como se hace siempre en las Misas celebradas en el Vaticano, con la disposición de velas tal como aparece en la imagen de arriba, es porque de ese modo se redunda más en el aspecto sacrificial de la Misa: aspecto que queda reducido, o casi eliminado, cuando la Misa se convierte, en la intención del celebrante o equipo de liturgia, en mera fiesta que solo lleve a la resurrección pero obviando el sacrificio expiatorio de Cristo en el Calvario.

Se observa con preocupación como en no pocas Misas la tendencia es reducir al mínimo toda expresión o signo que nos toque la conciencia para procurar nuestra conversión desde el compromiso. Se constata como una “teología” que pretende vivir siempre en el Monte Tabor (Evangelio del pasado domingo) desde el “que bien se está aquí” pero sin pasar a “Este es mi Hijo: escuchadlo” (Mateo 17, 1-9). Esa teología progre- modernista trata de mimetizarse con el sentimentalismo simbólico de la posmodernidad donde lo esencial es la emoción por encima del amor sincero.

La Cruz sobre el Altar ayuda mucho al sacerdote a mantener la mirada en Cristo crucificado, para así asumir que celebra la Misa cara a Dios (como se desarrolla en un artículo anterior) y no como un protagonista frente al pueblo. La Cruz sobre el Altar resta protagonismo al cura para dárselo a Cristo, y redunda que TODOS (el sacerdote junto al pueblo) celebran Misa mirando a Dios. No deja de ser curioso que los que prefieren el Altar despejado para que el pueblo los vea bien (a ellos) caen en un cierto clericalismo, pues con la Cruz en el Altar la figura personal del sacerdote se ve más eclipsada, lo cual contribuye a una mayor devoción para el pueblo.

 

 

 

 

 

Padre Santiago González
Nacido en Sevilla, en 1968. Ordenado Sacerdote Diocesano en 2011. Vicario Parroquial de la de Santa María del Alcor (El Viso del Alcor) entre 2011 y 2014. Capellán del Hospital Virgen del Rocío (Sevilla) en 2014. Desde 2014 es Párroco de la del Dulce Nombre de María (Sevilla) y Cuasi-Párroco de la de Santa María (Dos Hermanas). Capellán voluntario de la Unidad de Madres de la Prisión de Sevilla. Fundador de "Adelante la Fe".