Yo no soy científico. No tengo formación académica en ninguna disciplina científica, ni trabajo en el ámbito de la ciencia. Sin embargo, creo que soy una persona que intenta guiarse por el uso de su razón. Me gusta pensar las cosas, meditarlas, y finalmente llegar a conclusiones, basadas en la información a mi disposición y donde me lleva la aplicación de la lógica. Así que, en este sentido más amplio, sí se puede decir que soy “científico”.

Supuestamente la ciencia se basa en el uso de la razón aplicada al mundo natural. El “método científico” consiste en proponer hipótesis y luego, mediante experimentos y observaciones empíricas, llegar a formular conclusiones. Esto es la teoría. Sin embargo, la triste realidad es que la ciencia hoy en día está dominada por fuerzas que nada tienen que ver con la búsqueda desinteresada de la verdad. Más bien se mueve por el dinero, la política, y la soberbia. Por esta razón, en cierto sentido, creo que soy más “científico” que muchos científicos profesionales.

Max Planck, el premio Nobel de física, dijo lo siguiente en 1948:

“Una nueva verdad científica no triunfa convenciendo a los adversarios y haciéndoles ver la luz, sino porque con el tiempo esos adversarios mueren y surge una nueva generación que ya se ha familiarizado con esa verdad”.

Es decir, la comunidad científica suele ser muy poco razonable, y teniendo en cuenta que es un colectivo que debería destacar por su sed de conocimiento, es poco abierta a ideas nuevas, especialmente las que ponen patas arriba sus teorías más importantes. No olvidemos que los científicos que gozan de cierto estatus en su ámbito, igual que cualquier profesión, por lo general harán lo que sea necesario para mantenerlo. Es hasta cierto punto comprensible que no quieran exponerse al ridículo y a la marginación de sus colegas, por defender una idea subversiva. Saben que si lo hacen, además de sufrir el ostracismo de la comunidad científica, con mucha probabilidad perderán su medio de vida. Se les expulsará de las facultades, se prescindirá de sus servicios en los seminarios y ponencias, y nadie querrá publicar sus trabajos.

Esta falta de racionalidad y la resistencia a ideas subversivas dentro de la comunidad científica es muy evidente en el campo de la evolución. Los evolucionistas insisten en que ahora toda persona culta debe reconocer la verdad de su teoría, y repiten hasta la saciedad que hay “un consenso de la comunidad científica” (lo cual es mentira), pero ante hechos que ponen en jaque el evolucionismo, reaccionan como avestruces, metiendo la cabeza en la arena y fingiendo que no han visto nada. Un ejemplo de ello es este vídeo sobre tejidos blandos que han encontrado en huesos de dinosaurios.

Transcribo algunos trozos de la entrevista a la Dra. Mary Schweitzer, descubridora de los tejidos en un hueso de la pierna de un tiranosaurio.

Entrevistadora 1: Díganos, ¿qué importancia tiene este descubrimiento?

Dra. Schweitzer: Es posiblemente muy importante. Ahora, antes de hacer más análisis, sólo puedo decir que mola mucho. [risa] …..

Enrevistadora 2: ¿Es asombroso encontrar tejidos blandos en ese hueso, y qué nos puede decir ese tejido?

Dra. S.: Es realmente increíble. En realidad es estremecedor, porque contradice todo lo que sabemos sobre cómo se degradan los tejidos y las células. Es algo que ninguno de nosotros podía haber esperado o predicho. Creo que es importante recordar que no sabemos lo que es. Parecen capilares sanguíneos, parecen células y se comporta como células, pero no hemos hecho el análisis químico que nos permitirá decir con seguridad lo que es. …..

Entrevistador 1: Una de las cosas más emocionantes de este descubrimiento, corríjame si me equivoco, es el hecho de que esto estaba fosilizado. Después de 70 millones de años uno no se espera encontrar tejidos blandos en un hueso, ¿verdad?

Dra. S.: En absoluto, no. Fue absolutamente estremecedor.

Entrevistador 1: Así que habrá que reescribir los manuales sobre la fosilización, supongo.

Dra. S.: Esa es la parte emocionante para mí. Siempre me ha fascinado cómo las cosas cambian, cómo pasan de un ser viviente a formar parte de las rocas. Como dije, gran parte de nuestra ciencia no permite esto; toda la química, todos los experimentos sobre la degradación que hemos hecho. Si esto se comprueba que son restos del dinosaurio, tendremos que replantearnos los modelos básicos de la fosilización. ….. Esto no parece posible. No lo puedo explicar, para ser sincera.

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Tejidos blandos en un hueso de tiranosaurio, que supuestamente tiene 70.000.000 de años

Yo sí que lo puedo explicar. Hasta mi hija de seis años lo puede explicar. La explicación evidente es que dicho hueso de dinosaurio no tiene 70 millones de años, sino unos pocos miles como mucho. Pero esta es la explicación que jamás aceptarán la Dra. Schweitzer y los evolucionistas, porque destruye de un plumazo toda su teoría de la evolución. 

La evolución darwinista necesita periodos de tiempo enormes para que parezca mínimamente plausible. En realidad los millones de años son una cortina de humo en un truco de prestidigitador. Sabemos por experiencia y por sentido común, y además la Revelación Divina así nos lo dice, que un tipo de animal no se convierte en otro. Cada criatura engendra “según su especie”, dice el libro del Génesis. Nadie ha visto un pez al que le crecen patas y sale del agua; nadie ha visto un lagarto al que le crecen alas y se echa a volar; nadie ha visto un mono que se convierte en un ser humano. Y sin embargo, según los evolucionistas estas cosas tan absurdas realmente ocurrieron. Sólo añaden: pero todo ocurrió muy despacio, hace millones de años, por lo que es imposible observarlo. Así que nos tenemos que creer, por fe ciega, algo que nadie ha visto nunca, que nadie puede explicar, y que va en contra de toda lógica y la Palabra de Dios.

La Dra. Schweitzer admite que no tiene explicación para los tejidos blandos en un hueso de dinosaurio. Admite que va en contra de todo lo que sabemos de la química, y de todos los experimentos sobre la degradación de tejidos. En un laboratorio se puede hacer muchos tipos de experimentos, y comprobar cuánto tarda la materia orgánica en descomponerse en distintas condiciones. Esto es ciencia. Es algo que se puede observar, medir y repetir. Sin embargo, la evolución es pura religión. No hay nada que se pueda ni observar, ni medir, y por supuesto es irrepetible. ¿No sería más razonable que una persona científica, en caso de conflicto, crea antes lo que sabe por miles de experimentos controlados, que una teoría religiosa que carece de basa empírica? Pues, no. La Dra. Schweitzer está dispuesta a tirar por la borda “toda la química” (en sus propias palabras), antes que renunciar a su fe en la evolución.

Ese descubrimiento fue en 2007. Poco después, otro científico, Mark Armitage, de la Universidad Estatal de California, también encontró tejidos blandos en un hueso de dinosaurio, esta vez en el cuerno de un triceratops. Este hombre, un creacionista convencido, publicó sus trabajos en las revistas científicas más prestigiosas del mundo, pero se cuidó muy bien de hablar sólo de morfología, sin referirse a la edad de los especímenes. En sus clases sí hablaba libremente con los alumnos sobre sus ideas, y les explicaba que las pruebas científicas apuntaban a una Tierra joven, como se deduce de la Biblia, no los miles de millones de años que nos suelen contar. ¿Cuál fue el resultado? Por atreverse a contradecir el dogma del evolucionismo y sus millones de años, fue despedido de la universidad, y se unió a una larga lista de investigadores y académicos que han perdido su puesto de trabajo por afirmar su fe en la Palabra de Dios, en contra del evolucionismo.   

La pregunta que cada uno se tiene que hacer es: ¿qué religión prefiero: la que ha sido revelada por Dios, o la que ha sido revelada por la “comunidad científica”? El catolicismo y el evolucionismo son religiones, porque ambos se basan en la fe, en el testimonio de otros, no en lo que se puede observar y comprobar por medios empíricos. La enorme diferencia es la fiabilidad de las fuentes. La fuente del catolicismo, la única religión verdadera, es Dios Todopodersos, el que “no puede engañar ni engañarse”; mientras que la fuente del evolucionismo son los científicos, meros hombres, falibles y mentirosos. Que cada uno elija. Yo, junto con San Pablo, puedo decir: sé de quién me he fiado. (2 Timoteo 1:12)

Christopher Fleming