Cuestiones médicas con implicaciones morales (V)

Un aspecto de la medicina que tiene profundas implicaciones morales es todo aquél que está relacionado con la contracepción. Sobre este tema hay una gran irresponsabilidad y confusión: tanto a nivel médico, pues el médico en muchas ocasiones se “lava las manos” y prefiere no implicarse en la moralidad de su prescripción; como a nivel de los sacerdotes, que muchas veces por ignorancia y otras por cobardía, aconsejan cosas que están muy lejos de la moral católica. Y también hay mucho desconocimiento, cuando no maldad, en el pueblo fiel, el cual ha asimilado una cultura anticatólica totalmente partidaria de la anticoncepción.

Un médico católico no puede prescribir anticonceptivos si sabe que se van a utilizar para evitar los hijos[1]. Del mismo modo que un armero no puede vender un arma si sabe que se va a usar para matar a una persona. Ustedes me dirán, la comparación es un poco exagerada. Yo les digo que es totalmente correcta; pues hoy día, la gran mayoría de los anticonceptivos prescritos por el médico tienen, entre otras funciones, la de causar el aborto si el embarazo se hubiera producido. Y ¿qué diferencia moral existe entre matar un embrión o matar un adulto? A los ojos de Dios, el crimen de acabar con la vida de un embrión es incluso más grave, pues así lo demuestra la Iglesia cuando lo castiga con la excomunión.

Un sacerdote ha de prepararse debidamente en estos temas con el fin de no dar malos consejos por ignorancia. El daño que puede hacer el sacerdote por un mal consejo, puede ser causa de abortos y de muchos otros pecados; de esos pecados, también será responsable ante Dios. Aunque en la mayoría de los casos, los malos consejos del sacerdote no se deben tanto al desconocimiento cuanto a la cobardía o al hecho de pensar que es un tema sobre el que no tiene nada que decir, pues considera que es una decisión que han de tomar los esposos sin que la Iglesia intervenga para nada. 

Consideraciones generales

Antes de empezar, recordemos dos principios generales esenciales que nos ayudarán a poder juzgar los casos concretos que se vayan presentando, bien a nivel personal o bien cuando alguien nos solicite consejo.

1.- El único modo moralmente aceptable para procrear es a través de la unión conyugal de los esposos. De este principio ya nos hemos ocupado en los artículos anteriores de esta serie cuando hablamos de la inseminación artificial, la fecundación in vitro, los bancos de esperma…

2.- Todo acto conyugal realizado en el matrimonio ha de estar abierto de suyo a la procreación[2]. Es decir, los esposos, no pueden poner voluntariamente ningún obstáculo, ya sea mecánico, químico, físico…, con el fin de impedir la procreación.

3.- Y junto a estos dos principios recordemos otros ya enunciados en el artículo primero de esta serie:

  • Nunca se puede hacer una acción mala para conseguir un fin bueno.
  • El principio de doble efecto.
  • El problema del mal menor.[3]

¿Por qué son inmorales los métodos anticonceptivos?

  • PREGUNTA: ¿Puede un cristiano usar métodos anticonceptivos para evitar la procreación?
  • RESPUESTA: NO. Nos dice el Magisterio de la Iglesia que todo acto conyugal realizado en el matrimonio ha de estar abierto de suyo a la procreación[4]. Es así que el uso de métodos anticonceptivos tiene como fin directo evitar la concepción, luego es PECADO GRAVE.
  • PREGUNTA: ¿Qué métodos anticonceptivos son pecado?
  • RESPUESTA: TODOS. Tanto el uso de preservativos, diafragmas, las píldoras anticonceptivas de cualquier tipo, los jabones espermicidas, la T de cobre; y en general, cualquier método que impida directamente la concepción.
  • PREGUNTA: ¿Es moralmente lícito el uso de métodos naturales como el Billings para evitar la concepción?
  • RESPUESTA: Depende. Se puede acudir a este método por ejemplo, cuando haya un problema grave de salud de la madre y el médico aconseje espaciar el próximo hijo. Ahora bien sería ilícito si se usara sin un motivo grave o si se usara como método para no tener más hijos. Un matrimonio tiene que estar siempre abierto a la concepción si esa fuera la voluntad de Dios.

Problemas de la salud causados por la contracepción oral

Muchos de los métodos contraceptivos son causantes de enfermedades secundarias asociadas a los mismos. Efectos secundarios que en muchas ocasiones los medios callan o no explican debidamente.

Si tuvieran a mano algún prospecto de píldoras anticonceptivas y se atrevieran a leer los efectos secundarios causados por las mismas, quedarían totalmente asustados. De todos modos, para facilitarles el trabajo les traigo aquí las siguientes precauciones que se pueden consultar en: https://medlineplus.gov/spanish/druginfo/meds/a601050-es.html

A modo de “resumen”, y para que sean más conscientes de la gravedad de su uso, les copio aquí algunas de las indicaciones.

Antes de tomar anticonceptivos orales:

  • Informe a su médico si tiene o ha tenido coágulos en las piernas, los pulmones o los ojos; trombofilia (afección en la que la sangre coagula con facilidad); enfermedad de las arterias coronarias (taponamiento de los vasos sanguíneos que conducen al corazón); enfermedad cerebrovascular (taponamiento o debilitamiento de los vasos sanguíneos dentro del cerebro o que conducen al cerebro); un accidente cerebrovascular o un miniaccidente cerebrovascular; latidos cardíacos irregulares; enfermedad del corazón; un ataque cardíaco; dolor en el pecho; diabetes que ha afectado su circulación; dolores de cabeza que se presentan junto con otros síntomas como cambios en la visión, debilidad y mareos; presión arterial alta; cáncer de seno; cáncer del recubrimiento interno del útero, el cuello uterino o la vagina; cáncer de hígado, tumores en el hígado u otros tipos de enfermedad del hígado; coloración amarillenta en la piel o los ojos durante el embarazo o mientras usaba anticonceptivos hormonales (píldoras, parches, anillos, implantes o inyecciones anticonceptivos); sangrado anormal vaginal sin razón aparente; insuficiencia suprarrenal (afección en la que el cuerpo no produce la cantidad suficiente de determinadas sustancias naturales necesarias para funciones importantes, como la presión arterial); o enfermedad del riñón. También informe a su médico si se ha sometido recientemente a una cirugía o si no ha podido desplazarse por algún motivo. Es posible que su médico le diga que no debe tomar determinados tipos de anticonceptivos orales o que no debe tomar ningún tipo de anticonceptivo oral si tiene o ha tenido algunas de estas afecciones.
  • También informe a su médico si alguien de su familia ha tenido cáncer de seno, si tiene sobrepeso y si tiene o alguna vez ha tenido problemas con sus senos, como bultos, una mamografía (radiografía de los senos) anormal o enfermedad fibroquística de los senos (senos hinchados y sensibles, y/o bultos en el seno que no son cáncer); colesterol alto o nivel alto de grasas en sangre; diabetes; asma; toxemia (presión arterial alta durante el embarazo); ataque cardíaco; dolor en el pecho; convulsiones; migraña; depresión; enfermedad de la vesícula biliar; ictericia (coloración amarillenta en la piel o los ojos); y aumento excesivo de peso y retención de líquidos (distensión abdominal) durante el ciclo menstrual.
  • No tome anticonceptivos orales si está embarazada, planea quedar embarazada o si está dando el pecho. Si queda embarazada mientras toma anticonceptivos orales, llame a su médico de inmediato.
  • Si se va a realizar una cirugía, incluso una cirugía dental, informe al médico o al dentista que está tomando anticonceptivos orales.
  • Tenga en cuenta que los anticonceptivos orales pueden provocar manchas oscuras en la piel, especialmente en la cara. Si ha experimentado cambios en el color de su piel durante el embarazo o mientras estaba tomando anticonceptivos orales, debe evitar la exposición a la luz solar real o artificial mientras está tomando anticonceptivos orales. Use ropa para protegerse, anteojos de sol y protector solar.
  • Informe a su médico y a su farmacéutico si usa lentes de contacto. Si nota cambios en la visión o en su capacidad de usar lentes de contacto mientras toma anticonceptivos orales, consulte a un oculista.

 ¿Se puede tomar anticonceptivos para no tener que abortar si se produjera un embarazo no deseado?

Durante muchos años los gobiernos, los medios de comunicación e incluso gran parte del estamento médico, presentaron la anticoncepción como un método para controlar la población mundial y al mismo tiempo para disminuir el número de abortos. Con el paso de los años hemos podido comprobar, que esta estrategia no era sino otro engaño del demonio para terminar de destruir la familia y atrapar a los esposos en un pecado del que no sería tan fácil salir. Y es que, cuando el hombre se acostumbra al camino fácil, aunque sepa más adelante que no es el adecuado, ya le es muy difícil por sus solas fuerzas retornar al camino de la virtud y del esfuerzo.

Por otro lado, las estadísticas mundiales han demostrado que el uso de medios anticonceptivos no ha conseguido disminuir el número de abortos, sino todo lo contrario. El pansexualismo, la promiscuidad sexual y la degradación de las costumbres morales de nuestra sociedad, han contribuido grandemente a que muchas parejas, que nunca habrían considerado el aborto como solución a un embarazo no deseado, se decidan ahora por él si los métodos anticonceptivos fallaran.

La mentalidad anticonceptiva se ha introducido tanto en nuestra sociedad moderna que es vergonzoso echar gasolina al coche, comprar algodón en un supermercado, o sencillamente ir a la farmacia a comprar una aspirina; en un lugar destacado, para que todo el mundo lo vea y a nadie se le olvide, encontrará preservativos de todos los colores y sabores. ¡Sí, también sabores!

Otro hecho que clama al cielo es lo que algunas “madres modernas” hacen con sus hijas adolescentes. Cuando saben que tienen algún pretendiente rondándoles, ellas mismas se encargan de comprarles los anticonceptivos, y les recuerdan que se los tomen; pues no quieren que un día vengan a casa con una sorpresa.

Juicio moral sobre la ligadura de trompas y la vasectomía

Tanto la ligadura de trompas como la vasectomía son inmorales si se busca con ellas la contracepción. El motivo es doble:

Primero, por su efecto contraceptivo al impedir que el óvulo llegue al útero (en el caso de la ligadura de trompas) o que los espermatozoides sean eyaculados (en el caso de la vasectomía).

Segundo, por la mutilación que se causa en el hombre o en la mujer; lo cual es ya de suyo pecado grave.[5] Mutilación que en algunos casos ya no es reversible; por lo que, si más adelante ese matrimonio deseara tener de nuevo hijos, se tendría que someter a otra intervención quirúrgica para intentar recomponer el daño causado; intervención que en algunos casos es ya bastante compleja.

Un médico católico no se puede prestar a realizar esas prácticas si con ellas se busca la anticoncepción. Otra cosa diferente es cuando se hace para extirpar un tumor o por otras razones médicas que así lo aconsejen.

El llamado “aborto terapéutico”

Se conoce con este nombre al aborto causado por el “profesional” de la salud para evitar el nacimiento de aquellos nuevos seres que hayan sido concebidos como consecuencia de una violación, o se sospeche (o se sepa con seguridad) que vienen con alteraciones genéticas, enfermedades graves o malformaciones.

Con el fin de conseguir la aprobación legal del aborto, los gobiernos de muchos países se dedicaron primero de cauterizar las conciencias de sus ciudadanos hablando de “interrupción voluntaria del embarazo” por causa de violación o malformación. Cuando las conciencias ya estaban acostumbradas y cauterizadas, dieron un paso más aprobando la “interrupción del embarazo” si el feto tenía menos de tantas semanas (aunque no hubiera violación ni malformación). En la actualidad todos sabemos que la gran mayoría de los gobiernos aceptan el aborto libre, si no en teoría, al menos en la práctica. Carteles anunciando: “Clínica de Interrupción del Embarazo”, son ya parte del paisaje que tenemos que ver a diario en muchas ciudades.

Como consecuencia del rechazo de las normas morales más elementales, prácticas médicas que serían impensables hace cincuenta años, ahora son el pan nuestro de cada día.

Hace unos años acudió a mí una mujer bastante asustada, de poco más de cuarenta años, que acababa de quedar embarazada. Cuando fue a su médico de cabecera para que le mandara al ginecólogo le dijo:

  • Ya sabe usted que a partir de los cuarenta años el porcentaje de malformaciones en los nuevos embarazos aumenta, por lo que le aconsejo que aborte por razones terapéuticas.

Esta señora, conocida mía, venía confundida y asustada ante tal consejo. Lo primero que hice fue tranquilizarla y hacerle ver el engaño del médico. También le expliqué que la vida la da Dios y sólo Él puede quitarla. El hombre no puede tomar por sí mismo esa atribución.[6] La mujer se fue tranquila a su casa. Ahora, diez años más tarde, viene con frecuencia a Misa acompañada de ese hijo que el médico quería abortar porque probablemente sería deforme.

Padre Lucas Prados

[1] Otra cosa diferente es cuando el ginecólogo prescribe una medicación que puede ser contraceptiva, pero que lo que el médico busca es la regulación de una alteración hormonal en la mujer que le hace que no pueda concebir o tener sus ciclos con normalidad.

[2] Pablo VI, Encíclica Humanae vitae.

[3] Puede repasar estos principios generales revisando el artículo: https://adelantelafe.com/cuestiones-medicas-tienen-implicaciones-morales/

[4] Pablo VI, Encíclica Humanae vitae. Véanse también las encíclicas Casti connubii de Pio XI, y Familiaris consortio de Juan Pablo II.

[5] El quinto mandamiento de la Ley de Dios no sólo nos enseña que no hemos de matar, sino también que hemos de respetar nuestro cuerpo.

[6] Salvo en el caso de la pena de muerte, que en ciertos casos, tal como nos dice Santo Tomás, estaría moralmente permitida.