De fuegos y cenizas, travestis y soldados

“Este sacramento se da para confirmar lo que ya existe, por lo que no debe conferirse a los que no tienen la gracia” (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica.)

Cuando uno está ante las cenizas de un leño ya consumido por el fuego, dicho polvo grisáceo puede remontarnos todavía al paso de la llama que ha producido el consumo. El problema aparece para aquellos que se dan aires de conocer el fuego y ni siquiera saben bien de qué cenizas hablan.

Convienen algunas breves palabras sobre dos audios-videos que han circulado. Uno, del arzobispo de La Plata que “confirma” travestis, sosteniendo que se mantiene incólume la doctrina de siempre pero que hay que adaptarse a los nuevos paradigmas que vino a proponer Francisco (Igual discurso que sostiene el “Tucho” Fernández, nuevo Prefecto para la doctrina de Fe (¿?). El otro es de un obispo moderno que habla de las cenizas y el fuego.

La táctica que muchos jerarcas usan con asiduidad y que es fácilmente identificable para el que quiera verlo, consiste en repetir que “se respeta la doctrina de siempre pero adaptándola a nuestro tiempo, a nuevos paradigmas”. Principalmente con los hechos pretenden reventar la doctrina de siempre, imponer entonces una nueva, asegurando ladinamente que se respeta la enseñanza imperecedera. Podría aplicarse a esto lo que  enseñó San Alfonso: “muchos sacerdotes son católicos en sus sermones y herejes en sus costumbres, porque hacen más daño con sus malos ejemplos que los herejes con sus falsos dogmas, ya que las obras tienen más fuerza que las palabras” (La Dignidad y Santidad Sacerdotal, ed. Apostolado Mariano, Sevilla, 107). El modernismo supera la crítica ligoriana, pues nos cansamos de ver herejes en sus costumbres y también de oír herejías en sus prédicas.

Notemos el contraste entre la prédica moderna falsamente misericordiosa y la enseñanza firme de un Doctor de la Iglesia: mientras hoy se habla de un Dios mega acogedor y a cuya misericordia resulta no importarle ya las intencionales elecciones sexuales de cada uno, otrora San Alfonso María de Ligorio sentenciaba: “Abstengamos también de repetir ciertas máximas mundanas, tales como: No hay que dejarse pisotear, hay que disfrutar de esta vida; Dios está lleno de misericordia y de compasión (dirigiéndose a pecadores que persisten en su pecado)” (La Dignidad y Santidad Sacerdotal, ed. Apostolado Mariano, Sevilla, p.113).

El arzobispo de La Plata, Mestre, promueve una novedad espantosa yendo contra la Doctrina Católica. Santo Tomás enseñó que: “En la confirmación, sin embargo, el hombre llega en cierto modo a la edad perfecta de la vida espiritual. Por lo que el papa Melquíades dice: El Espíritu Santo, que con vuelo salvador descendió sobre las aguas del bautismo, en la fuente otorga la plenitud de la inocencia, y en la confirmación, el aumento de la gracia” (Suma Teológica, III, q. 72, art. 1). Se sigue que no hay aumento de la gracia, donde por advertencia y  pleno consentimiento uno sigue adherido a la contranatura. También dice el Angélico: “en este sacramento se da la plenitud del Espíritu Santo”. Y también, hablando de la confirmación asevera: “ es el signo que se le da al luchador, como sucede en la lucha corporal cuando los soldados van sellados con los signos de sus jefes. Y con este fin se dice: Te signo con la señal de la cruz, en la que, como se dice en Col 2,15, nuestro rey triunfó” (ob. cit. art. 4). En otro lugar agrega: “en cierto modo, se le marca al hombre exteriormente con la insignia de la cruz para sostener el combate espiritual externo, lo cual viene significado cuando se dice: Te signo con la señal de la cruz”. Un travesti no lucha por Cristo, sino que está yendo, por deliberación y consentimiento propio, contra lo querido por Cristo”. Igualmente: “Por la confirmación uno recibe la potestad para ejercer acciones destinadas al combate espiritual contra los enemigos de la fe” (ob. cit. art. 5). El arzobispo “confirma” a quien declaradamente contraía la fe católica, que hace de su vida una pública defensa de prácticas que contrarían la moral católica, la fe católica, y que está diciendo “ser así está bien”. De modo que el arzobispo se burla de la Doctrina Católica, miente descaradamente al hacer creer que sigue la doctrina de siempre, contribuye a destrozar más a quien con una falsa y pervertida misericordia se le da a entender que todo vale, y hace así pública manifestación de un modernismo asqueroso que solo sirve para mal ejemplo y ruina de las almas. Dice también el Aquinate: “Luchar contra los enemigos visibles, o sea, contra los perseguidores de la fe, confesando el nombre de Cristo, es competencia de los confirmados que, espiritualmente hablando, han alcanzado ya la edad viril, según lo que se dice en 1 Jn 2,14: ‘Os escribo, jóvenes, porque sois fuertes y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno’. El carácter de la confirmación, por tanto, es un signo que distingue no a los fieles de los infieles, sino a los espiritualmente provectos de los que son como niños recién nacidos” (ob. cit. art. 5). El confirmado, como constitutivo esencial del sacramento, alcanza una “edad viril”. Ahora, que contrasentido, que insulto al sacramento, dárselo a quien alardea de escupir la virilidad, de deformarla, de adquirir una transformación contranatural a la que tiene por buena. Se pretende confirmar no a quien por virilidad vence al maligno, sino a quien por debilidad se ha hecho aliado del maligno. Se lee en la Suma que “el confirmado recibe la potestad de profesar verbalmente en público su fe cristiana”. Gracias al arzobispo de La Plata, lo que queda claro es su apoyo a que ahora los LGBT públicamente profesen la contranatura. Y esto que dice Santo Tomás es clarísimo: “Este sacramento se da para confirmar lo que ya existe, por lo que no debe conferirse a los que no tienen la gracia” (ob. cit. art. 6). También: “tampoco debe darse a los adultos pecadores mientras no reparen sus pecados con la penitencia” (ob. cit. art. 6). Sin rodeos: Los travestis no pueden ser soldados de Cristo.

Recientemente, también circuló un videito que un obispo envió a los sacerdotes de su diócesis en el día del Santo Cura de Ars. Se lo ve hablando del fuego y las cenizas, de que los curas deben salir de sus parroquias. En concreto, exhorta a los sacerdotes a que mantengan “fuerte y firme el fuego de Dios (…)”, y a no quedar “empantanados adorando cenizas del pasado, de cosas que fueron”. Debe tenerse sumo cuidado cuando desde el modernismo se habla del fuego y de las cenizas: porque el fuego que los mueve es muy distinto al del Espíritu, se trata más bien de un fuego de otro espíritu. Por ejemplo, jamás el fuego del Espíritu Santo inspiró la comunión en la mano modernista, la misma hija de la soberbia y de la desobediencia. Entonces, ¿de qué fuego se trató? De un fuego que viene de abajo, de un espíritu sí, del espíritu del mal.

La Tradición católica es un fuego vivo que viene desde el pasado, imposible de apagar, imposible de ser tenido por cenizas. Esa Tradición viva, no ingresa en los campos del modernismo; este último está desgajado de dicha Tradición, y, claro está, es entendible que la tenga por muerta, pues pretendió y pretende con todas sus armas darle muerte. Son ellos quienes desearon y desean reducirla a cenizas. Derechamente, cuando hablan entonces de no “adorar” las cenizas, lo que piden es que se acabe con el amor a la Tradición Católica que ellos tanto detestan. Eso sí, lo que la Tradición dejó de lado por considerarlo verdaderamente ramaje viejo y sin sabia, allí pone los ojos el modernismo para intentar resurgirlo, volverlo a usarlo. Es dicho modernismo el amante de las ramas secas y faltas de vitalidad, vale decir, de las verdaderas cenizas. La Iglesia Católica a través del Sínodo de Ruán, en el año 878, se pronunció tajantemente diciendo: “No se debe entregar la Eucaristía en manos de ningún laico, hombre o mujer, sino solamente en la boca”; y eso que lo hizo en referencia a prácticas que no tenían nada que ver con la moderna forma de comunión irreverente! Y ahí va el modernismo queriendo resurgir lo podado. La Iglesia Católica, a través de la encíclica  Mediator Dei de S.S. Pio XII, se pronunció diciendo: “sería salir de la senda recta querer devolver al altar su forma primitiva de mesa”. Y nuevamente ahí va el modernismo pretendiendo resurgir lo dejado de lado.

Aclaramos que en esa pretensión modernista de que regresen cuestiones vetustas, ni siquiera lo hacen bajo parámetros antiguos, sino que, dando rienda suelta a su inventiva demoníaca, tergiversan de tal modo que la novedad deforma hasta lo podado, esto es, le da otra forma. Por eso no me canso de insistir que la comunión en la mano modernista no tiene ni punto de comparación con alguna práctica del pasado que puede haberse dado en alguno que otro sitio y si es que eso ocurrió.

El modernista no puede hablar del fuego del Espíritu, ni siquiera de las cenizas. Está lisa y llanamente parado en lo que las Sagradas Escrituras anunciaron como la “abominación”. Lo suyo propiamente es lo vomitivo, lo repugnante: la apostasía desenfrenada.

San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia, comentó lo siguiente: “En la plática acerca de la misa contaremos más detenidamente el hecho del hereje que estaba dispuesto a convertirse, pero que no lo hizo por haber visto que un sacerdote celebraba en Roma la santa misa, atropelladamente, diciendo que ni el mismo papa tenía fe, pues de otro modo, al conocer a tales sacerdotes, tendría que quemarlos vivos” (La Dignidad y Santidad Sacerdotal, ed. Apostolado Mariano, Sevilla, p.113). Hoy lo quemarían vivo al Doctor de la Iglesia que dijo lo que acabo de transcribir por estar haciendo insinuaciones de sumo orden y respeto, vale decir, lo tacharían de fundamentalista, represor y loco, lo que equivale a buscar el modo más efectivo de enterrarlo. Y hace unos años que no se trata de un celebrar atropellado, sino de un deliberado derrotero que usa máscara de católico pero que conduce a la mayor apostasía existente.

Desde tiempo atrás el modernismo se hermana con otras religiones: y hace no mucho se lo ve satánicamente apoyando, aquí un poco, allí otro, por allá algo más, la bestia del infierno contranatural llamada ideología de género. ¿Cómo pueden decir que siguen alineados a la Doctrina Católica? ¿Creen que el Cura de Ars, Santo Tomás de Aquino y San Alfonso María de Ligorio, dirían que los inventores de turno  siguen sus enseñanzas, esto es, que están acordes con la Tradición Católica, tal como ellos sí lo hicieron? No te dejes engañar: mira dónde está lo católico.

Tomás I. González Pondal
Tomás I. González Pondal
nació en 1979 en Capital Federal. Es abogado y se dedica a la escritura. Casi por once años dictó clases de Lógica en el Instituto San Luis Rey (Provincia de San Luis). Ha escrito más de un centenar de artículos sobre diversos temas, en diarios jurídicos y no jurídicos, como La Ley, El Derecho, Errepar, Actualidad Jurídica, Rubinzal-Culzoni, La Capital, Los Andes, Diario Uno, Todo un País. Durante algunos años fue articulista del periódico La Nueva Provincia (Bahía Blanca). Actualmente, cada tanto, aparece alguno de sus artículos en el matutino La Prensa. Algunos de sus libros son: En Defensa de los indefensos. La Adivinación: ¿Qué oculta el ocultismo? Vivir de ilusiones. Filosofía en el café. Conociendo a El Principito. La Nostalgia. Regresar al pasado. Tierras de Fantasías. La Sombra del Colibrí. Irónicas. Suma Elemental Contra Abortistas. Sobre la Moda en el Vestir. No existe el Hombre Jamón.

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