Del Odio al Pensamiento a la Religión Woke (II)

Cuando comenzábamos a escribir esta segunda parte, nos llegaba la noticia de que se realizó un ensayo de Sínodo en Bolonia, donde participaron varios prelados gays-friendly,  bajo el lema “Prohibido Prohibir”, justamente el eslogan del 68 francés. Monseñor “Tucho” Fernández,  Obispo de La Plata y una de las primeras espadas de Francisco,  en un sermón de hace pocas semanas no sólo hace la defensa de la homosexualidad y el travestismo, sino que principalmente reniega del pasado alienador de la Iglesia con su moral y su doctrina enferma que “clasificaba a las personas”. Toda clasificación o distinción es mala en sí misma, obedece a una doctrina de dominio, a una moral de dominio. Las conclusiones del Sínodo alemán (ante las que no se nos oculta que es una exageración ex profeso para dar lugar a una síntesis elegante de Francisco, que deje tranquilas las almas de los conservadores y lo terminen felicitando por no haberlos obligado a ser de la retambufa) solicitan ya la adhesión a la Teoría de Género, es decir: no hay sexo. Lo que hace innecesario proclamar el sacerdocio de las mujeres.  

Creemos haber demostrado que todo el pensamiento de Francisco está enormemente influido por los Nuevos Filósofos Franceses. No es que uno lo haya descubierto, pues también dijimos que Ratzinger apuntó a esta corriente ideológica en su carta pública a Francisco (Sexualidad e Iglesia) en una, no por indirecta, clara advertencia a todo el mundo sobre el lugar del que estaban saliendo las ideas del papado actual y las consecuencias en la moral sexual del clero católico, clero que viene bullendo por salir del sucio placar de sacristía en el que se encontraba encerrado.

Ya con estas últimas expresas declaraciones podemos asegurar que si el Concilio Vaticano II fue  la Revolución Francesa en la Iglesia (según Mons. Lefebvre), la experiencia sinodal es el Mayo Francés en la Iglesia. Nos espera una gran orgía pública del clero católico para festejar el nuevo siglo a “culo” batiente (diría Céline).

Pero como el planteo conciliar es ir detrás del ejemplo del “Mundo” – y no adelante –  y este ya está virando de aquel baño de libertinaje que animaliza,  a un pensamiento tiránico que tiene que “amaestrar”, sabemos que poco más adelante nos encontraremos con ello.

El viejo chiste de que una vez aprobada la homosexualidad hay que atajarse porque la harán obligatoria, ya está comenzando a suceder, pero no porque un policía nos obligue a ejercer el nefando vicio mediante la fuerza, sino porque nos auto convenceremos de que es necesario pasar por la experiencia como “elemento deconstructivo de una moral de dominio”. Y el que considere que esto es una exageración, que analice si en su propia vida no está adquiriendo una enorme serie de costumbres y actitudes erróneas y hasta aberrantes por el hecho de no contrariar la corriente social. Que analice sinceramente cómo se está “deconstruyendo” su catolicismo. Sin que nadie nos haga violencia, sin amenazas directas y hasta, podríamos aseverar, permitiéndonos por ahora una buena vida. Lo hacemos nosotros mismos porque estamos completamente asustados de vernos aislados en una sociedad que nos abandona si no la acompañamos en esta deriva desnaturalizadora y suicida. A veces perdemos la dimensión de lo que fue aceptar las reformas del Concilio, en especial la litúrgica, que a los efectos sobrenaturales, para el “termómetro de la gracia”, ha sido mucho más grave que este desastre moral.  

Este politically correct produjo en las universidades norteamericanas un pensamiento que se ha dado en llamar “wokismo”, que quiere decir más o menos “despertar”, “conversión” y hasta “epifanía”.  No es propiamente una filosofía, porque como explicamos, “pensar”, hacer doctrinas,  es retrógrado. Diríamos que es más propiamente una especie de moral de carácter negativo, típicamente puritana, es decir, una moral que dice lo que no hay que hacer, pero jamás lo que hay que ser, porque esto es futuro, indefinido, el “ser” es una conquista de algo que no se sabe, pero en lo que se confía como resultado irracional de un optimismo progresista, que sin embargo va teniendo un derrotero pesimista (ya veremos).

Jean-Francois Braunstein, pensador agnóstico francés, la ha calificado de Religión, escribiendo un libro que se llama “La Religión Woke” y a cuyos profusos comentarios en la red remito al efecto de su caracterización y a fin de evitar reiteraciones innecesarias. Les ruego las lean porque allí veremos con detalle el ambiente que nos espera en el medio social que se ha ido formando, siendo además que es una discusión pública que forma parte de las propuestas de los candidatos en las próximas elecciones norteamericanas, casi todas a favor y unas muy poco en contra.  Ya en Canadá, hay condenas concretas de internación en un  psiquiátrico a quienes no aceptan e internalizan la teoría de género.

Braunstein alerta con razón sobre una especie de terrorismo intelectual que en nombre de la lucha contra la discriminación se va imponiendo en las sociedades occidentales, extendiéndose por todas partes: medios de comunicación, cultura, empresas, alta administración, escuelas, universidades y en especial la medicina. El autor, como buen producto de su época,  niega que este “terrorismo intelectual” sea fruto del anterior libertinaje propuesto por los Nuevos Filósofos Franceses. Es más, se sorprende que tenga éxito en Francia, cuna del libertinaje sesentista, cuando él ve que está cargada de un enorme bagaje del estólido puritanismo protestante americano, cosa que no debería convencer al superado intelectual europeo (eso es olvidarse de Robespierre, heredero de la “ilustración”).   

La continuidad ideológica es clara: el orden político es la democracia americana sin más vueltas; no hay más “doctrinas” ni esfuerzos filosóficos; la reflexión es sobre los problemas “cotidianos” de la convivencia (Marx preveía esto como resultado de la victoria proletaria); pero acá no hay necesidad de dictaduras previas que preparen la liberación; la liberación es abandonar las rémoras enajenantes de las “doctrinas de dominio” que se expresan en clasificaciones de los humanos, clasificaciones que impiden a algunos llegar a ser alguien y favorecen a otros, clasificaciones que una vez terminados los juegos por el poder carecen de sentido, sin embargo las acarreamos por tradición cultural; que esta liberación se hace  mediante la “praxis” de “actos de libertad” que diluyen las distinciones (por ejemplo actos sexuales entre los mismos sexos, o interraciales, o con animales); los problemas humanos ya casi no tienen resonancia espiritual, se trata solamente de evitar el sufrimiento (La Sociedad Paliativa de Han), casi exclusivamente son problemas de “salud”, física o psíquica,  privada y pública. (Resulta llamativo que el abandono de la reflexión política, al dar por concluido el tema con la conquista democrática, produce que el animal político quede reducido en sus reflexiones a solo animalidad. El pensar es discurrir sobre el hombre en un nivel fisiológico y quizá hasta un rudimentario psiquismo del dolor y el placer. La misma religión, cuando abandona su pretensión política termina en esta lamentable reducción, buscada por el hombre para mejorar sus digestiones y sus deposiciones).     

Pero hay ahora una nota diferente con el proceso del Mayo francés: la “urgencia”. Debemos solucionarlos en forma urgente, no hay más tiempo, el hombre evolucionado no puede permitirse la morbosidad de seguir viviendo entre el sufrimiento de unas clasificaciones que ya carecen de necesidad y sentido, siendo que el “poder” ya es de todos por el sólo número.   El planteo es que la enorme mayoría está de acuerdo con el programa, una mayoría abrumadora,  pero que a cada uno de nosotros nos traiciona alguna carga retrógrada que traemos y que permanece aferrada a nuestra estructura, en la creencia que desde ella se defiende una posición ventajosa, tan imbécil como ser el Rey de la Casa porque tengo pene y no cerebro. Entendemos, por supuesto, pero nos aferramos a la condición de machos, o de blancos, o de padres de familia, o de propietarios, o a la pertenencia de clase, y hasta – a pesar del feminismo-  la condición de “mujer”, cuando esta es madre, es hija o es esposa y aprovecha el binarismo para pasarla bomba.  Ya no es hora de andar esperando y comprendiendo a los rezagados. El que no “despierte” queda fuera  y fuera de mala manera.

Braunstein dice que si sigue observando desde la certeza biológica que hay dos sexos, sus colegas no le hablarán más. El rectorado lo amonestará y sus alumnos se abstendrán de ir a sus clases.

Klaus Schwab habrá descubierto que “las pandemias han sido crisis positivas para la evolución social humana”, conclusión sociológica sin fundamento alguno que celebra el mal, completamente caprichosa y hasta cruel, pero se aceptará como se acata al Muslim y gracias a ello vendrán varias pestes además que esta última que vivimos, de tan o peor sospechoso origen  y a las que  los hombres las recibirán como una bendición. Serán recibidas como la bendición de las violentas y sangrientas revoluciones de antaño (Francesa y Rusa, por ejemplo) que muy a pesar de su enorme maldad parece que nos llevaron a la actual sacrosanta democracia, aunque implique víctimas colaterales y sacrificios personales, totalmente necesarios para el advenimiento de la Sociedad Anestesiada.   

Todo lo iremos soportando y de a  poco lo iremos asimilando,  iremos normalizando la locura, el sinsentido y seremos llevados a cosas inimaginables.  Lo haremos auto-coaccionados, como antes lo fuimos  por virtud del consumismo capitalista hasta transformarnos en máquinas de producción y consumo, hasta el “bournout” (Byun Chul Han) y el que ponga objeciones será retirado de todo beneficio público (¡lo cual hasta podría ser una bendición!).                  

El hombre religioso ya ha sido suficientemente desvalorizado para temer que provoque una reacción que no sea claramente imbécil e ineficaz, los últimos Papas son un ejemplo, y el último es claramente un adherente a estos pensamientos.

Hoy les toca a los hombres de ciencia el ser disciplinados,  fueron los paradigmas del pasado pero hoy son perseguidos desde un atávico componente  puritano protestante, desde las universidades  norteamericanas y  a los efectos de  impedir la impugnación de esta  liberación desde una ciencia o una racionalidad fundamentada y seria. Contra ellos  se aplica el elemento aterrorizante de la pérdida de la fama social, el confort y  la tranquilidad de los científicos capaces.  

Esta nueva “religión” es  a la vez compasiva e indignada, compasiva con las víctimas e indignada con los victimarios, pero hay que tener claro que tanto la víctima como el victimario son “uno mismo”. Todos somos víctimas y todos victimarios, según la influencia que sufrimos de nuestros condicionamientos de todo tipo: geográficos, raciales, culturales, sexuales, etc. y de los que es muy difícil librarse totalmente. Una religión que es misericordia con el “cancelado” y auto misericordia para nuestras cancelaciones; y furia (algo como una ira divina) contra los “canceladores” entre los que me incluyo (el yo se incluye), es decir, autoflagelación por mis costados perversos. Piensen que el wokismo sale de los estudiantes blancos y ricos.

Nos explican que estamos interiormente “divididos”  en “secciones”,  que provienen de distinciones culturales casi siempre binarias (hombre mujer; blanco negro; rico pobre; pecador justificado; ortodoxo hereje; en comunión excomulgado; etc.), secciones que no responden nada más que a condicionamientos sociales producto de doctrinas de dominio (como el concepto de creación o de naturaleza), que estas establecen quienes dominan y quienes son dominados. “Cancelando” a unos y “estableciendo” a otros.    

Uno mismo sufre la propia “sección” o costado de víctima (por ejemplo “mujer” “divorciada” “pobre”), pero uno mismo reacciona airado hacia las propias tendencias victimarias (por ejemplo “hombre”  “esposa legítima” o “rico”). Esta religión nos “propondrá” (no obligará), como ocurre hoy en Argentina,  a hacer un curso de deconstrucción cultural o Perspectiva de Género (que forma parte del currículo) y sin el cual es muy poco posible acceder o ascender en el empleo público (por ahora no llega a los privados como está aconteciendo en muchas multinacionales).  Con cierto cinismo simulador,  las examinaciones – múltiples choices-  pueden ser sorteadas con un poco de astucia, pero pronto se terminará esta salida, cuando se haga imposible la pantomima de haber sido “convertido” y sean, previa denuncia de algún buen “fiel” de la religión, puestos a examen exhaustivo de un psiquiatra, o peor aún, cuando sin ellas me sea imposible conversar con un entrañable pariente o amigo. Porque esta “conversión” comienza a ser exigida no por el poder, sino por la “conciencia social” que está formando los mass media. Y esa conciencia social se encarnará en el vecino, en el colega, en el hermano, en el hijo y en el cónyuge.  Pero es mucho peor que eso… pues se encarnará en uno mismo. Ya se está encarnando en uno mismo, como se adquieren las costumbres sociales imperantes si uno no es un Sócrates o un Cristo y está dispuesto a salir pitando de Sodoma, por arriba. Es muy probable que la internación en el psiquiátrico sea pedida por nosotros mismos, porque ya los que resistimos no podemos dejar de sentir que estamos un poco locos y que pidamos a gritos el ser librados de la terrible condena de la lucidez.

Por supuesto que habrá unos pocos irreductibles a los que irá a buscar la policía. Lo están haciendo hoy, solapadamente el FBI en EEUU mediante “trampas”, inventando e inculpando de delitos socialmente deleznables. Sería muy fácil hoy llenar el ordenador de un buen cura, o padre de familia, de pornografía infantil y caerle con todo el peso de la ley.  Las trampas cazabobos para agarrar binarios será el pan de cada día. Acabamos de vivir en mi provincia una de ellas, una muestra blasfema de vaginas y los bobos concurrieron como las polillas a la llama.

Más arriba hablé de que en el mito progresista hay hoy un pesado componente pesimista. El humanismo está llegando a su final, se está hartando del humano que es un perverso incorregible  y propone un transhumanismo, que es el final de lo humano. Pero esto da para otro artículo.

Dardo Juan Calderón
Dardo Juan Calderón
DARDO JUAN CALDERÓN, es abogado en ejercicio del foro en la Provincia de Mendoza, Argentina, donde nació en el año 1958. Titulado de la Universidad de Mendoza y padre de numerosa familia, alterna el ejercicio de la profesión con una profusa producción de artículos en medios gráficos y electrónicos de aquel país, de estilo polémico y crítico, adhiriendo al pensamiento Tradicional Católico.

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