La mente moderna piensa que existe una completa diferencia entre la realidad material, que consideran seria y práctica, como la química, física, ingeniería, informática… eso es para ellos la “realidad”, y la espiritualidad, que consideran hecha de tonterías blandas, invenciones y sin utilidad, y que por supuesto nada tiene que ver con la “realidad”.

Sin embargo existe una naturaleza para todas las cosas. Las cosas tienen cierta naturaleza, y los libros de ingeniería, química y física lo que hacen es enseñar esa naturaleza de las cosas. Enseñan la realidad. Esa realidad no la crean las ciencias, que se limitan a explicar y descubrir lo que ya existe.

Lo que debe importar es construir un puente sólido de acuerdo a la realidad para llegar al cielo, porque el cielo es una realidad, el infierno es una realidad, esta vida es una realidad, el hecho de que voy a morir es una realidad, que tendré un juicio ante Dios es una realidad, la reglas por las que ganaré el juicio o perderé cuando esté ante el juicio de Dios son una realidad, y nada de esto puedo cambiarlo ni cambiará por mucho que quiera uno.

Estas reglas están fijadas por Dios. Todo lo que necesito saber es conocer esta realidad para salvar mi alma y el querer vivir de espaldas a esta realidad es vivir en la fantasía, porque lo contrario de la realidad es la fantasía.

El mundo moderno ha caído abismalmente hacia el error, en un alejamiento catastrófico de la doctrina de Dios. Las preguntas más serias son siempre, siempre, las que tienen que ver con la doctrina. Tal como pasa a los ingenieros, las preguntas más importantes no son si tiene usted una bonita corbata o una esposa encantadora. Un ingeniero puede tener una pésima presentación personal, pero si es bueno en lo que hace será a él a quien contrates.

Sin embargo la mente moderna se niega a hacerse preguntas sobre la realidad con la que se tendrá que enfrentar tras su muerte, y se refugia en múltiples fantasías inspiradas por satanás: unos necesitan estar todo el día escuchando música que les haga olvidarse de esa realidad y crearse su fantasía propia, otros se crean su mundo artificial con juegos, deportes, aficiones, lecturas o amigos que al igual que ellos componen en realidad grupos de superación de esa realidad que juntos pretenden ignorar y auto reforzarse en la idea, falsa e irreal, de que no existe.

Así pasan los días, los años y vemos como gente ya cercana a la muerte siguen viviendo en su mundo de fantasía, totalmente falso, construido por satanás para él, sin preguntarse en absoluto lo necesario, siguen preguntando al ingeniero por el color de su corbata. De mientras toda la cohorte de personas que le rodean en sus fantasías le reafirman que la Realidad no existe. Y tu ¿te has parado a pensar cual es fantasía que satanás construye para ti para que no conozcas la realidad?

La mente moderna no quiere doctrina, necesita desembarazarse de la doctrina. La moral corrompida de los cristianos viene de su “idolatría” a las cosas materiales, olvidándose de obedecer al primer mandamiento. La mente moderna piensa: “Las ideas no importan, sólo lo que es práctico importa realmente”, “para qué voy a pensar yo no puedo saber si Dios existe, si todo es verdad”.

 “No”, dice San Pío X, “Dios se puede ciertamente conocer solamente por la razón”. Tenemos que llegar a la raíz de las preguntas por medio de la doctrina. Si quiero ir al cielo tengo que conocer la Verdad. necesito la Verdad, no voy a llegar al cielo sin la Verdad, lo demás no importa. No importa nada, ni tu música, ni tus deportes, ni los amigos, nada de esto importa si no conoces la Verdad.

La mente moderna es parecida a una persona que sabe va a saltar en paracaídas, pero en vez de aprender a usarlo para salvar su vida durante el salto, se dedica únicamente a pensar en los colores de su traje o si el viento le va mover el pelo, olvidando inconscientemente por completo que lo importante es salvar la vida en el salto, y estando al borde de saltar a dos mil metros de alturas sigue inconscientemente sin pensar en como se abrirá el paracaídas.

Si hablamos con una mente moderna y le decimos: Tu sabes que dos más dos son cuatro. Nos dirá, sí, claro, desde luego que lo son, pero también son cinco, pues es más creativo, es de una mente más amplia, más abierta, más progresista, más interesante, hay más libertad en decir que no sólo dos más dos son cuatro, sino también cinco. Y también quince, y también cinco millones. ¿Alcanzas a ver cómo se expande la creatividad y las posibilidades que se abren cuando rechazas encajonarte por la estrechez de pensamiento de dos más dos son cuatro?

Así es como piensan las mentes de hoy. Y con este tipo de “razonamientos” es una pérdida de aliento entablar una discusión, porque sus mentes no ruedan como debieran, van totalmente fuera de los raíles, descarriladas. ¿Cómo haces pensar a una persona cuando su mente está fuera de los raíles? No puedes, sencillamente es imposible. ¿Qué puedes hacer por ella? Puedes rezar por él, quererlo, y no mucho más, eso es todo.

La situación actual supone una corrupción intelectual tan profunda que pienso es humanamente imposible que pueda revertirse. Nos inunda el pecado por todas partes, institucionalizado, millones de inocentes muertos con el aborto, embriones congelados como monstruos, pobres criaturas inocentes criadas por parejas homosexuales, el divorcio, la pederastria, tantas y tanto cosas… la ola masiva de pecado con los ordenadores, con internet, esta masa descomunal de pecado, ha llegado demasiado lejos. Se está llegando hoy en día rápidamente al punto en que la única cosa que todavía va a salvar un número significativo de almas es una disciplina divina. ¿Cuándo? Yo no lo se, tu no lo sabes, nadie lo sabe, pero seguramente esto es lo que está por venir. Las múltiples apariciones marianas parecen anunciarlo hace tiempo, porque humanamente no se ve que la situación actual moral del mundo pueda ser reversible.

El mundo vive en un estado de fantasía sin retorno. Y esta forma de “razonar” desgraciadamente no sólo inunda las mentes fuera de la iglesia, incluso dentro de la misma vemos como hay muchas personas con las que ya no se puede razonar, a las que no le importa la doctrina, la Verdad, porque para ellos Dios es sólo un sentimiento, la fe viene desde mis adentros. Dicen los modernistas: Yo… “siento” que Dios existe. Yo “quiero” que Dios exista. Yo necesito un hombre-Dios, yo siento un hombre-Dios. Es es tan…, es tan…ay no puedo expresarlo, pero… es Dios. Da todo igual, si tu sientes a Dios y yo lo siento, para que nos vamos a pelear por si dos más dos son cuatro, que sea lo que yo quiera y lo que tu quieras, así todos estamos contentos sintiendo a Dios, que más da no hay que ser dogmático.

Cuando Santa Faustina Kowalska visitó el infierno por gracia de Dios dijo “la mayoría de los que vi en el infierno son personas que en vida no creían en él”.

Señor apiádate de nosotros.