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El día 7 de Octubre de 2009, el Cardenal Ranjith (que fue Secretario de la Congregación para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos entre 2005 y 2009), escribió la siguiente carta pastoral, que de facto y en un lenguaje pastoral supone prohibir la comunión en la mano en su Diócesis. En este documento, de gran interés para todos, también recomienda recibir la Eucaristía de rodillas, y sobre todo desarrolla una catequesis profunda de respeto y amor a la Liturgia Católica que tiene su centro en la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía. Leamos la carta con atención.

A todos los Reverendos Padres, Hermanos y Hermanas y fieles laicos de Colombo (Sri Lanka)

Queridos hermanos y hermanas:

Últimamente numerosos movimientos de renovación católica y personas particulares han estado dirigiendo muchos actos para-litúrgicos fuera de los normales horarios parroquiales. No obstante aprecie las muchas conversiones, los valores de testimonio, el renovado entusiasmo por la oración, la vibrante participación y la sed por la Palabra de Dios, yo, como obispo diocesano, dispensador en jefe de los misterios de Dios en la iglesia particular confiada a mi cuidado y, en consecuencia, moderador, promotor y custodio de toda la vida litúrgica en la Archidiócesis de Colombo, llamo vuestra amable atención sobre los siguientes aspectos litúrgicos y eclesiológicos de esta nueva situación, urgiéndoos seriamente a adheriros con efecto inmediato a las directivas expuestas en esta circular.

1. La Eucaristía es la celebración del Misterio Pascual por excelencia dado a la Iglesia por el mismo Jesucristo. Jesucristo es el principio de toda la liturgia en la Iglesia y, por lo tanto, toda liturgia es primariamente de origen divino. Ella es el ejercicio de Su oficio sacerdotal; de ahí que no se trate de una empresa meramente humana o de una innovación quimérica. Así pues, no es apropiado llamarla una simple celebración de vida. Hay mucho más que eso. Ella es la fuente y la cima de todo, de la cual mana toda gracia divina en la Iglesia. Este sacratísimo misterio ha sido transmitido a los Apóstoles por el Señor, y la Iglesia ha estado salvaguardando laboriosamente la celebración de este misterio a través de los siglos, dando lugar de ese modo a toda una sagrada tradición y a una teología no sujetas a la interpretación individual o privada. Por consiguiente, ningún sacerdote, sea diocesano, religioso o alguno invitado de fuera de la Archidiócesis o de cualquier otro país para dirigir especiales actos religiosos, está autorizado a cambiar, añadir, o quitar algo en el sagrado rito de la Misa. Esto no es nada nuevo y fue firmemente establecido en la constitución dogmática Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia del Concilio Vaticano II, promulgada en 1963 (nn. 22-23) y retomado más tarde repetidamente en varios documentos como la encíclica Ecclesia de Eucharistia del Papa Juan Pablo II, de venerada memoria, o la exhortación apostólica post-sinodal Sacramentum caritatis de Su Santidad el Papa Benedicto XVI (n. 55).

Ciertos elementos que deben ser indicados específicamente al respecto:

a) No se permite a los sacerdotes cambiar o improvisar la Plegaria Eucarística o cualquier otra oración inmutable de la Misa, inclusive si la intención es desarrollar algún elemento implícito en ella mediante el canto de varios coros o añadiendo explicaciones. Es necesario entender que la Liturgia de la Iglesia está estrechamente vinculada con su fe y tradición: Lex orandi, Lex credendi: ¡la regla de la plegaria es la regla de la fe! Es el Señor y no otro quien nos ha dado la liturgia; es por ello por lo que nadie más tiene derecho a cambiarla.

b) Los llamados elementos “Alaba y Adora” [Praise and worship] no están permitidos en ninguna parte del rito de la Misa. Música excesiva y demasiado alta, aplausos, largas intervenciones y gestos que perturban la sobriedad de la celebración, tampoco. Es muy importante que comprendamos la sensibilidad cultural religiosa del pueblo cingalés. Alrededor de nosotros, la mayoría son budistas, cuya forma de culto es sumamente sobria, y musulmanes e hinduistas, que tampoco crean ninguna conmoción con su culto. Sabemos, además, que hay en este país una fuerte oposición a las sectas cristianas fundamentalistas y nosotros, los católicos, nos hemos esforzado por explicar que el Catolicismo es diferente de tales sectas. Sin embargo, algunas de las prácticas “Alaba y Adora” son más parecidas a los actos religiosos de los fundamentalistas que a los de los del Catolicismo Romano. Respetemos, pues, nuestra diversidad y sensibilidad culturales.

c) La Palabra de Dios establecida no puede ser cambiada al azar y de cualquier manera y el salmo responsorial debe ser cantado sin sustituirlo por himnos de meditación. La dimensión contemplativa de la Palabra de Dios es de suma importancia. En algunos servicios para-litúrgicos, la gente tiende a una excesiva verbosidad. Es Dios quien habla y nosotros los que necesitamos escuchar; y escuchar requiere más bien silencio y contemplación que exuberancia cacofónica.

d) Los sacerdotes deben predicar acerca de la Palabra de Dios y de los misterios litúrgicos celebrados. Las predicaciones por los laicos están rigurosamente prohibidas durante las celebraciones litúrgicas.

e) La Santísima Eucaristía debe ser distribuida con el mayor cuidado y reverencia y sólo por aquellos que están autorizados. Todos los ministros, sean ordinarios como extraordinarios, deben estar revestidos con la adecuada indumentaria ministerial. Yo recomendaría a todos los fieles, incluyendo a los religiosos, que reciban la comunión reverentemente de rodillas y en la lengua. La práctica de la comunión “auto-servicio” está prohibida y humildemente pido a los sacerdotes que están permitiendo que los fieles se acerquen a tomar la comunión por sí mismos que suspendan de inmediato dicha práctica.

f) Se espera de todos los sacerdotes que se atengan a lo estipulado en el rito de la Misa, de modo que no haya lugar a comparaciones ni contrastes entre Misas, como si las celebradas por ciertos sacerdotes fueran superiores a las celebradas por los demás.

g) El Tetragrama YHWH no se debe pronunciar en las oraciones o himnos debido a su naturaleza sagrada (Carta de la Congregación para el Culto Divino sobre el Nombre de Dios, Prot. n. 213/08/L), lo cual tiene en cuenta la sensibilidad a este respecto de la comunidad judía, de la cual hemos heredado mucho en nuestro culto.

H) Las bendiciones litúrgicas están reservadas sólo a los ministros ordenados, es decir: obispos, sacerdotes y diáconos. Cualquier persona puede rezar sobre otra, pero se recomienda seriamente no usar gestos que puedan inducir en ilusión, confusión o malinterpretación.

2. Debe considerarse la celebración dominical de la Eucaristía de la comunidad parroquial como la práctica litúrgica central de los católicos. El Papa Juan Pablo II exhortó en su carta apostólica Dies Domini de 1998 a mantener y estimar la Eucaristía dominical como el acontecimiento central que une a todos los fieles de la comunidad local. A este respecto, una importante enseñanza es saber que el Dies Domini es el Dies Ecclesiae. Así pues, todos los sacerdotes, religiosos y laicos de una determinada parroquia deberían esforzarse por asistir a la Misa dominical de su iglesia parroquial, sin buscar “Misas de conveniencia” o Misas especiales celebradas por grupos particulares fuera de los límites de su parroquia.

Los movimientos religiosos, incluso si están aprobados, no deberían organizar celebraciones paralelas los domingos en la misma parroquia. Las casas religiosas que tienen Misas los domingos para sus miembros ancianos o en razón de la clausura de sus comunidades, deberían exhortar seriamente a los laicos y religiosos que asisten a esas misas a volver a las de sus comunidades parroquiales. El Papa Juan Pablo II explica las razones de no permitir a pequeños grupos que tengan sus propias celebraciones los domingos. Bajo el pretexto de buscar liturgias mejores y más vibrantes, se daña la integridad de la comunidad parroquial y se la destruye gradualmente. Los servicios dominicales paralelos fomentan indirectamente los cultos a la personalidad y llevan así a rupturas y divisiones en el cuerpo del Señor en la parroquia. En la Ordenación General del Misal Romano (edición típica de 2002) se dice: “Eviten [los fieles], por consiguiente, toda apariencia de singularidad o de división, teniendo presente que es uno el Padre común que tienen en el cielo, y que todos, por consiguiente, son hermanos entre sí” (n. 95).

Todos los movimientos que funcionan en la Archidiócesis deberían ofrecer su total cooperación para fomentar y alimentar la liturgia parroquial dominical, sin preocuparse tanto por edificar sus propios reinezuelos. ¡Donde hay división hay pecado! Las celebraciones de la Palabra que acaban con la bendición Eucarística no substituyen a la Eucaristía dominical. A este respecto, he indicado muy claramente a los sacerdotes de la Archidiócesis que obtengan mi personal licencia para asistir a dichos servicios para impartir la bendición Eucarística. Últimamente, algunos han empezado a tomar el Santísimo expuesto para ostentarlo de casa en casa, como si se tratase de una estatua que es traída y llevada. La bendición Eucarística debe celebrarse con sumo cuidado y con reserva, y no debe ser objeto de abuso para dar “apariencia católica” o servir de camuflaje a algo que puede no parecer tan católico al cabo de una interminable reunión. Tocar con la custodia las cabezas de los fieles está estrictamente prohibido.

En esta misma línea de pensamiento, no se les permite a los movimientos y grupos religiosos formar a sus propios hijos y grupos juveniles. Las estructuras parroquiales y diocesanas ya proveen a estas necesidades y debe hacerse uso de ellas sin multiplicar estructuras paralelas, no sea que se propicien comparaciones y hasta disensiones. En todo esto debemos salvaguardar apasionadamente la unidad de la Iglesia. Jesús rogó por la unidad de su pueblo y oró para que todos fueran uno (cf. Ioann. XVII, 21).

En un futuro próximo espero publicar un folleto en el que se explicarán en detalle muchas más cosas concernientes a la vida litúrgica de la Archidiócesis de Colombo. Humilde y respetuosamente pido a todos los sacerdotes, religiosos y laicos de la Archidiócesis de Colombo que presten su colaboración en salvaguardar la sacralidad de la liturgia en esta iglesia particular. Estoy seguro que estas instrucciones serán puestas inmediatamente por obra, de modo que las preocupaciones litúrgicas más urgentes sean pronto solventadas.

¡Gracias y que Dios os bendiga!

Con la seguridad de mis oraciones y mi cordial bendición, devotamente vuestro en Cristo,

+ Malcolm Ranjith

Arzobispo de Colombo

Padre Santiago González
Nacido en Sevilla, en 1968. Ordenado Sacerdote Diocesano en 2011. Vicario Parroquial de la de Santa María del Alcor (El Viso del Alcor) entre 2011 y 2014. Capellán del Hospital Virgen del Rocío (Sevilla) en 2014. Desde 2014 es Párroco de la del Dulce Nombre de María (Sevilla) y Cuasi-Párroco de la de Santa María (Dos Hermanas). Capellán voluntario de la Unidad de Madres de la Prisión de Sevilla. Fundador de "Adelante la Fe".