ADELANTE LA FE

El flagelo de Satanás

Donde se verifique el Carnaval, éste se ha convertido en una temporada cada vez más diabólica, basta mirar las imágenes de lo que sucede durante esos días, y uno se da cuenta de los excesos que lo caracterizan: desenfreno social de lujuria, impudicia, abuso del alcohol, sustancias.

Miércoles de Ceniza, es el Primer Día de la Cuaresma: Por aquel tiempo Jesús fue conducido al desierto por el Espíritu, para que fuese tentado por el diablo. Ayunó cuarenta días y cuarenta noches, después de lo cual tuvo hambre. Entonces el tentador se aproximó y le dijo: “Si Tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se vuelvan panes”. Mas Él replicó y dijo: “Está escrito: “No de pan sólo vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Entonces lo llevó el diablo a la Ciudad Santa y lo puso sobre el pináculo del Templo; y le dijo: “Si Tú eres el Hijo de. Dios, échate abajo, porque está escrito: “Él dará órdenes a sus ángeles acerca de Ti, y te llevarán en palmas, para que no lastimes tu pie contra alguna piedra”. Respondióle Jesús: “También está escrito: “No tentarás al Señor tu Dios”. De nuevo le llevó el diablo a una montaña muy alta, y mostrándole todos los reinos del mundo y su gloria, le dijo: “Yo te daré todo esto si postrándote me adoras”. Entonces Jesús le dijo: “Vete, Satanás, porque está escrito: “Adorarás al Señor tu Dios, y a Él sólo servirás”. Le dejó entonces el diablo, y he aquí que ángeles se acercaron para servirle.

Comenta Monseñor Straubinger que «esta tentación se comprende sólo como humillación del Señor, quien, siendo el segundo Adán, quiso expiar así el pecado de los primeros padres. El tentador procura excitar las tres concupiscencias del hombre: la sensualidad por medio del apetito de comer, la soberbia por medio del orgullo presuntuoso, y la concupiscencia de los ojos por medio de los apetitos de riqueza, poder y goce. Preparóse Jesús para la tentación orando y ayunando. He aquí las armas más eficaces para resistir a las tentaciones. Las citas de la Sagrada Escritura corresponden a los siguientes pasajes: v. 4 a Dt. 8, 3 y Sb. 16, 26; v. 6, al Sal. 90, 11 s.; v. 7, a Dt. 6, 16; v. 10, a Dt. 6, 13».

En tres campos se descontrola fácilmente el hombre: el alcohol, la lujuria y la avaricia, así, muchas mentes están en posesión diabólica. Es el Demonio el que surte de material de rumia a no pocos, según testimonio vital de San Cipriano, quien denuncia así:

«Satanás ofrece a nuestra vista, figuras atractivas y placeres fáciles de conseguir, para destruir por medio de la vista, la virtud de la castidad. Tienta a nuestros oídos con dulces melodías, para deleitar y amenizar el vigor cristiano por medio de plácidos oídos, excita la lengua con las injurias, instiga las manos cuando éstas hieren, empujan hasta el homicidio, para que alguno sea defraudador le propone ganancias injustas, para cautivar un alma con el dinero, sugiérele la idea de ahorros perniciosos. Promete honores terrenos para privar de los celestiales, luce lo falso para arrebatar lo verdadero, y cuando no puede engañar oculta e insensiblemente, amenaza a las almas intentando excitar el terror de las tribulaciones para así derrocar a los siervos de Dios, inquieto siempre y enemigo durante la paz, es doloroso y violento en la persecución».

Santo Tomás de Aquino, subraya que incluso después de su caída, Satanás conserva integralmente los dones naturales verdaderamente espléndidos recibidos del Creador.

El Demonio sigue siendo una maravilla de inteligencia y de voluntad, aunque use muy mal sus dones naturales, incomparablemente superiores a los del hombre.[1]

«Por su naturaleza los ángeles están entre Dios y los hombres. Ahora bien, el plan de la Providencia consiste en procurar el bien de las criaturas inferiores por medio de los seres superiores. El bien del hombre lo procura la Providencia de una manera doble. O bien directamente, induciendo al hombre al bien y alejándolo del mal, y conviene que esto se haga por el ministerio de los ángeles buenos, o bien indirectamente, cuando el hombre es probado y combativo por los asaltos del adversario. Y conviene que se confíe esta manera de procurar el bien a los ángeles malvados, para que después del pecado no pierdan su utilidad en el orden de la naturaleza».

“Los demonios, nuestros enemigos, son fuertes y temibles, poseen un ardor invencible y están animados por un odio furioso e inimaginable contra nosotros. De igual modo nos hacen guerra sin descanso, sin paz y sin tregua posible. Su audacia es increíble…”.[2]

Así como quiera que los dardos que nos arroja Satanás con disimulo son los más frecuentes, y su modo de acometer es oculto, consigue pasar inadvertido y herirnos grave y frecuentemente, lo cual nos obliga a vigilar, para conocer y rechazar sus acometidas.

Cuántas personas sienten estas tentaciones, estas inclinaciones, estos apetitos y estos deseos y no quieren darse cuenta de que son obra del Demonio. Ahí está precisamente el peligro principal de la actuación de Satanás, en que logra que la víctima no se percate de que es él quien está actuando y así no da importancia alguna a sus insinuaciones malévolas.

El alma está dormida en su sueño del pecado, ¿para qué despertarla? -afirma Satanás- mientras permanezca en ese estado es mía, no siente temor de su condenación ni interés alguno en zafarse de mis garras.

Prestemos atención, si alguno quiere -porque Dios a nadie quiere privar de su voluntad sino que escoja sus propios caminos para que luego no hable de desagradables sorpresas ni de inesperados castigos. Ahí está el secreto de cada uno en su elección totalmente voluntaria, nadie se condena si no lo desea, claro que en el fondo no lo desea, pero tampoco evita esa condenación mientras le es posible gozar torpemente de la vida, y cuando se percata del peligro, quizás es definitivamente tarde.

El Papa León XIII, siguiendo a San Agustín nos ha recordado «que, por la envidia del demonio, el género humano se ha dividido en dos campos opuestos, que no cesan de combatir: uno por la verdad y la virtud, el otro por todo aquello que es contrario a estos valores». El Pontífice puntualiza: «El primero es el reino de Dios sobre la tierra, es decir la Iglesia de Jesucristo cuyos miembros deben servir a Dios. El segundo es el reino de Satanás. Bajo su imperio y su poder se encuentran todos aquellos que, siguiendo los funestos ejemplos de su jefe y de nuestros primeros padres, rechazan obedecer a la ley divina y multiplican sus esfuerzos, aquí para prescindir de Dios y allí para actuar directamente contra Dios».[3]

«Tres son, hermanos, tres las cosas por las cuales dura la fe, subsiste la devoción, permanece la virtud: oración, ayuno y misericordia. Oración, misericordia y ayuno son tres en uno, y se dan vida mutuamente».[4]

Santo Tomás de Aquino, explica profundamente cómo la triple vía de oración, ayuno y limosna conduce a la metanoia, la conversión completa del hombre a Dios y la completa expiación por los pecados:

«La satisfacción por el pecado debe ser tal que por ella nos privemos de algo en honor de Dios. Ahora bien, nosotros no tenemos sino tres clases de bienes: bienes de alma, bienes de cuerpo, y bienes de fortuna o exteriores. Nos privamos de los bienes de fortuna por la limosna; de los bienes del cuerpo por el ayuno; en cuanto a los bienes del alma no conviene que nos privemos de ellos, ni en cuanto a su esencia, ni disminuyéndolos en cantidad, ya que por ellos nos hacemos gratos a Dios; lo que debemos hacer es entregarlos totalmente a Dios, y esto se hace por la oración».

¡La situación del mundo hoy es tan triste! El amor es difícil de encontrar, y la caridad, la bondad, y la justicia están laxas, la dignidad de la persona humana se está desvaneciendo rápidamente. Hoy la gente sólo habla de derechos, de dinero, de bienestar; e ignora los valores espirituales.

La oración, los Sacramentos de la Comunión y la Confesión; la penitencia, y la santificación de los domingos y días santos son las cuatro ayudas para asistirnos a lo largo de nuestro camino hacia Dios.[5]

Al paso de los siglos la oración del Santo Rosario ha venido a constituirse en la principal oración suplicante de la Iglesia en sus pruebas. Los Papas han promovido siempre el rezo del Rosario de María. Nuestra Señora ha insistido tantas veces en la recitación de la oración del Santo Rosario, especialmente en 1917, en Fátima, la Madre de Dios pide el rezo diario del Rosario para obtener la paz del mundo, posteriormente los papas Pío XI en la exhortación apostólica Ingravescentibus malis, y Pío XII con la encíclica Ingruentium malorum proponen el rezo del Rosario como un providencial y eficaz medio para vencer con la ayuda de la Santísima Virgen, la Omnipotencia suplicante, todos los males presentes y amenazantes, los que hay en el mundo y también en la misma Iglesia.

Por lo tanto, podemos llamar al Rosario el flagelo de Satanás. Recitémoslo con fervor al inicio de la Santa Cuaresma del Año Centenario de las apariciones de Nuestra Señora del Rosario de Fátima.

Germán Mazuelo-Leytón

[1] HUBER, GEORGES, El diablo hoy: ¡Apártate Satanás!

[2] Catecismo de Trento, cap. 41, par. III

[3] LEÓN XIII, Encíclica Humanum genus, 20-04-1884.

[4] SAN PEDRO CRISÓLOGO, ML 52,320.

[5] Cf. BURRESI, P. GINO, El Santo Rosario de María, flagelo de Satanás.

Germán Mazuelo-Leytón

Germán Mazuelo-Leytón es conocido por su defensa enérgica de los valores católicos e incansable actividad de servicio. Ha sido desde los 9 años miembro de la Legión de María, movimiento que en 1981 lo nombró «Extensionista» en Bolivia, y posteriormente «Enviado» a Chile. Ha sido también catequista de Comunión y Confirmación y profesor de Religión y Moral. Desde 1994 es Pionero de Abstinencia Total, Director Nacional en Bolivia de esa asociación eclesial, actualmente delegado de Central y Sud América ante el Consejo Central Pionero. Miembro de la Fundación «Vida y Familia» de su diócesis. Difunde la consagración a Jesús por las manos de María de Montfort, y otros apostolados afines