Es extraño, la “Madonna col bambino” -Virgen con el niño- más popular y más difundida en el mundo, en todo el siglo XIX, fue pintada por un italiano, pero no uno de los grandes de nuestra pintura, como Botticelli, Rafael, Leonardo, Caravaggio o Bellini, sino por un pintor nacido en 1853 que pocos conocen: Roberto Ferruzzi.

Se dice que es la imagen sagrada más reproducida en el mundo (incluso en una estampilla de Dubai), pero no se sabe donde fue a parar el cuadro original. Precisamente para encontrarlo fue lanzado, el último jueves, un insólito llamado a ¿Quién lo ha visto?” en Radio y Televisión Italiana 3.

A la espera de la solución del misterio, hay toda una historia para contar que comienza en Venecia y llega a las dos Américas. Un conmovedor laberinto de vida.

Roberto Ferruzzi nace en Sebenico, Dalmatia, antigua tierra de la República de Venecia que, en el siglo XIX, estaba bajo el Imperio de los Habsburgo. Su padre, un rico abogado, fue administrador público de la ciudad y Roberto se dedicó a los estudios clásicos y después ingresó en la Facultad de Derecho, en Padua.

Sin embargo, su verdadera pasión era la pintura. Así, en 1879 decide ir a vivir en Colli Euganei (en Luvigliano), donde se dedicó a los cuadros, reuniendo también a su alrededor un cenáculo de amigos y artistas.

El cuadro, según las intenciones del pintor, no era la “Virgen con el niño”, sino tan solo una imagen de la ternura maternal. De hecho, Ferruzzi lo tituló “Maternidad”

Se narra que un día pidió a una jovencita del lugar, Angelina Cian, que posara para él teniendo en brazos al hermanito de pocos meses. Ella era la segunda de quince hijos. El Véneto del Ochocientos era una tierra pobre y en las familias de campesinos las más grandes hacían de madres para los más pequeños. 

En 1897 ganó la segunda Bienal de Venecia adquiriendo celebridad y fue vendido varias veces a un alto precio, para finalmente ser adquirido por Fratelli Alinari, el famoso fotógrafo de Florencia, quien a su vez lo revendió pero no se sabe a quien (los archivos no lo dicen).

Al parecer terminó en las manos de un embajador norteamericano que lo envió a los Estados Unidos en una nave que – durante la Segunda Guerra Mundial– fue hundida por los alemanes, provocando también el desaparecimiento de la obra original de Ferruzzi. Sin embargo, hay quienes sustentan que el cuadro, en realidad, pudo haber sido enviado a destino y aún esté formando parte de una colección privada en Pensilvana.  

Cabe señalar sin embargo que los Alinari, al venderlo, se habían reservado todos los derechos de reproducción, incluyendo probablemente su potencialidad.

Precisamente de sus reproducciones fotográficas deriva la extraordinaria difusión de esa imagen que enseguida se convirtió en un ícono sagrado, una “Virgen con el Niño”, porque  la Italia de ese tiempo era católica e inmediata y espontáneamente vio, en aquella joven dama, a la Madre de Jesús.  

Mientras tanto Angelina crecía y se había casado con el veneciano Antonio Bovo. Con él se había trasladado a California en 1906. Los dos tuvieron diez hijos, pero ante la prematura muerte del marido la joven viuda se encontró en una situación durísima.

No se sabe que sucedió, un quiebre psicologico, a lo mejor un grave colapso nervioso. El hecho es que Angelina terminó en un manicomio donde murió en 1972

Los hijos crecieron en un Instituto para huérfanos. La segunda hija, que llevaba el nombre de la Virgen, María, al crecer eligió la vocación religiosa y se convirtió en una hermana con el nombre de Angela Maria Bovo (el nombre de Angela fue querido en honor de su madre).

Recién en 1984, al venir a Venecia, Italia, a la búsqueda de parientes de sus padres, la hermana descubrió, a través de sus ancianas tías, que su madre había sido la modelo de la imagen de la Virgen más difundida en el mundo.

Existe además el otro lado de la historia. El pintor Roberto Ferruzzi falleció en 1934 en Luvigliano donde lo consideran aún una gloria local y donde cultivan la esperanza de volver a encontrar el cuadro original de la Virgen (es de ellos que comenzó el llamamiento por el “¿Quién lo ha visto?”).

En Venecia vive y trabaja un nieto del pintor que lleva su mismo nombre. Roberto Ferruzzi jr. galerista y experto en arte, me cuenta la historia de su familia: “mi abuelo Ferruccio, el hijo del pintor de la Madonnina, hizo el anticuario. Siendo él un irredentista, vendió todas las propiedades en Sebenico y vino a combatir contra Austria, como voluntario, en la Primera guerra mundial”.

El hijo de Ferruccio, nacido en Venecia en 1927, se llamará Roberto como el abuelo y como el hijo (el galerista veneciano). 

También el segundo Roberto Ferruzzi (Bobo  para los amigos) salió pintor. Viajó a diversos países y continentes y se especializó en grandes mosaicos murales. En 1957 partió hacia América Latina y trabajó sobretodo en Chile donde, particularmente, representó en sus cuadros la vida cotidiana de la gente pobre que, en aquellos años, veía en todos los rincones de los caminos. Los marginados, los miserables.

Fue por esta razón que conoció y se volvió un amigo del más grande poeta chileno, Pablo Neruda, que recibirá el Premio Nobel de literatura en 1971. 

Roberto Ferruzzi jr., que nació precisamente en Santiago de Chile, recuerda: “Sí, Neruda era amigo de mi padre. Recuerdo que venía a casa a visitarnos mientras era embajador en París. Los dos compartían aquella sensibilidad por los más pobres.

En 1966 Neruda, con motivo de una Muestra del amigo Bobo Ferruzzi en Santiago, escribió: 

Bobo Ferruzzi, veneciano, descubrió esta América dolorosa, la sintió, la vio y la expresó con energía y ternura. Porque hay amor en la visión de este veneciano amargado. Pintó con colores clásicos, los mismos que lucían en los vestidos de los ángeles, la tristeza de los rincones remotos, de los hombres maltratados y olvidados. Que el profundo mensaje de Bobo Ferruzzi cuente y cante, en el mundo, por qué la verdad de su pintura nos descubre la trágica belleza que los dioses transitorios quieren ocultar. Y no es porque los pueblos no sufran, porque no se sabe. La pintura de Bobo Ferruzzi rompió las cerraduras e iluminó los ángulos con una luz azulada”.

En el fondo también el abuelo– representando a Angelina y a los hermanitos– había inmortalizado a la gente pobre del Véneto del Ochocientos con la luz del cielo. 

Aquella imagen fue el ícono de una pobre joven hebrea que, en Nazaret, hace 2000 años, se convirtió en la Madre de Dios: era aquella que los pobres del Véneto del Ochocientos y del Chile del Novecientos predicaban y amaban.

La Madre de los pobres y de los olvidados había cantado: “mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque ha mirado con bondad la humildad de su servidora /… dispersa a los soberbios de corazón./ Derriba a los poderosos de su trono,/ y enaltece a los humildes”.

Antonio Socci, Libero – 3 de marzo de 2019

L’articolo El misterio de la Virgencita más conocida en el mundo. Un laberinto de vida que roza también a Pablo Neruda proviene da Correspondencia romana | agencia de información.

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