En el año de Nuestro Señor de 1226, el célebre santo Francisco de Asís socorrió a una población italiana que se desangraba, y parecía condenada a una riña perpetua, debido al influjo que ejercía una banda de demonios sobre sus agotados habitantes. Al parecer la ciudad de Arezzo se estremecía violentamente por una intestina lucha entre familias, azuzadas precisamente por las huestes malignas. Entonces, el santo de Asís, conmovido, cogió el toro por los cuernos. Auxiliado por su discípulo Fray Silvestre, elevó los ojos al cielo e invocó a Dios, gritando a continuación a los espíritus inmundos: «¡Váyanse de aquí, demonios todos, muy lejos». La oración de liberación obró el portento. Poco tiempo después las familias estaban reconciliadas y en la ciudad se había vuelto al sosiego de antes 1.

El 20 de mayo de 2015, casi ocho siglos después de los sucesos de Arezzo, se celebró un magno exorcismo en México para pedir a Dios que el mal y la violencia salgan del país. Esta vez encabezaba el grueso de las tropas celestes el arzobispo emérito de Guadalajara Juan Sandoval Íñiguez 2. Se echaba mano de nuevo a poderes que sólo la Iglesia posee por gracia divina, contra fuerzas que usan también artificios no naturales. Pero para hacer esto hace falta mucha fe, tanta como un grano de mostaza.

Lo cierto es que México padece hoy una sangría semejante a la que en plena Edad Media conoció la ciudad de Arezzo 3. El narcotráfico, la corrupción institucionalizada, los crímenes violentos, el culto a la Santa Muerte, la desaparición de niños y mujeres, la legalización del aborto… No hay paz en este siglo para una nación de orgulloso pasado y de profundas convicciones religiosas y morales.

Pero no es sólo México quien padece este tipo de males. El país americano es sólo un escenario más del dantesco mundo en que vivimos: «Un joven adolescente de Colorado espera pacientemente mientras dos jóvenes amigos suyos acuchillan y apalizan a su madre hasta la muerte». «La policía de Florida intenta averiguar si un niño de 5 años era consciente de lo que hacía cuando tiró desde un quinto piso a otro niño de 3 años». «La policía de Kansas City desconcertada ante un chico de 12 años que asesina a su joven hermana por celos. El motivo: su madre le preparaba a la pequeña una fiesta de cumpleaños». «Una niña de 4 años mata a sus hermanos gemelos (de tres semanas de edad) tirándolos al suelo después de que uno de ellos la arañara accidentalmente mientras jugaban» 4Y sin embargo no es USA ni mucho menos el epicentro del mal: lo es en todo caso junto a Oslo, Madrid, Dunblane, Londres, Berlín, Tokyo, y cualquier otro lugar en el que habite un ser humano. Pues como atinó en decir Lorca en su día, hay «cosas encerradas dentro de los muros que, si salieran de pronto a la calle y gritaran, llenarían el mundo».

El fenómeno de los psicópatas criminales por ejemplo es un claro síntoma de empacho de una civilización que languidece, por no decir que se cae a pedazos, que ha hecho méritos suficientes para recibir un escarmiento de aúpa. Sodoma y Gomorra fueron destruidas por la impiedad de sus habitantes. El mundo actual lo será por idéntico motivo. El vaso hace tiempo que rebosa.

En cambio la Iglesia, o mejor dicho sus jerarcas —que están en todo y en nada—, no ha dicho ni pío sobre el misterio de la psicopatía, sobre el hecho de que haya personas absolutamente corrompidas, sin remedio ni cura, para las cuales no hay redención posible, y que únicamente pueden obrar el mal y contagiarlo al resto del mundo. No ha reflexionado seriamente la Iglesia sobre este enorme y espinoso reto 5. Pero debería hacerlo, para explicar en qué consiste el mal y quiénes son sus hijos predilectos.

Lo vienen haciendo desde hace décadas en cambio las ciencias del comportamiento. Eso sí, con suficiencia arrogante y escasos resultados reales. Criminólogos, psicólogos y psiquiatras se burlarán sin embargo de los métodos utilizados por San Francisco de Asís o el arzobispo Sandoval para erradicar el mal de seres y de naciones, cuando ellos únicamente pueden ofrecer explicaciones parciales de un misterio que comprende la totalidad del ser humano. Porque reducir a causas materiales la realidad humana es un error imperdonable. Ya que «el hombre es insondable, su corazón es un abismo»6. ¡El mundo entero necesita un exorcismo!

Luis Segura
[mks_separator style=”solid” height=”5″ ]

1 Tomás de Celano, Vida Segunda, p. II, 108.

2 http://mexico.cnn.com/nacional/2015/06/19/arzobispos-hicieron-un-magno-exorcismo-para-sacar-el-mal-de-mexico

3 http://www.bbc.com/mundo/noticias/2013/11/131122_mexico_exorcismo_iglesia_narco_vh

4 Ver Sin Conciencia, Robert Hare; El psicópata y sus demonios y Antítesis: La vieja guerra entre Dios y el diablo, Luis Segura.

5 Quien desee acercarse al tema puede consultar mi trabajo sobre el asunto: El psicópata y sus demonios.

6 Salmo 64, 7.

Luis Segura
Escritor, entregado a las Artes y las Letras, de corazón cristiano y espíritu humanista, Licenciado en Humanidades y Máster en Humanidades Digitales. En estos momentos cursa estudios de Ciencias Religiosas y se especializa en varias ramas de la Teología. Ha publicado varios ensayos (Diseñados para amar, La cultura en las series de televisión, La hoguera de las humanidades, Antítesis: La vieja guerra entre Dios y el diablo, o El psicópata y sus demonios), una novela que inaugura una saga de misterio de corte realista (Mercenarios de un dios oscuro), aplaudida por escritores de prestigio como Pío Moa; o el volumen de relatos Todo se acaba. Además, sostiene desde hace años un blog literario, con comentarios luminosos y muy personales sobre toda clase de libros, literatura de viajes, arte e incluso cine, seguido a diario por personas de medio mundo: La Cueva de los Libros