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El pánico al COVID provoca la pérdida de la Fe

Durante la homilía de la Misa celebrada el 20 de mayo del 2013 en la capilla de la Domus Sanctae Marthae (Casa de Santa Marta) el Papa Francisco afirmó: «Los milagros existen. ¡Pero hay que rezar! Una oración valiente, que lucha para llegar a ese milagro, no aquella oración de cortesía: ¡Ah, yo rezaré por ti! Entonces, un Padre Nuestro, un Ave María y me olvido. ¡No! Hace falta una oración valiente y perseverante, como la de Abraham que luchaba con el Señor para salvar la ciudad; como la de Moisés que rezaba con las manos en alto y se cansaba rezando al Señor; como aquella de tanta gente que tiene fe y con fe reza, reza». ¿Qué fundamento tienen estas justas exhortaciones del Pontífice luego de que el Vaticano anuncia restricciones durante los próximos ritos para celebrar la Pascua?

La Cuaresma y la Santa Pascua 2021 serán vividas como el año pasado. La recomendación es de la Congregación para el Culto Divino: «Estamos aún enfrentando el drama de la pandemia del Covid-19 que ha provocado muchos cambios también en el modo habitual de celebrar la liturgia», escribió el Prefecto de la Congregación, el Cardenal Robert Sarah, poco antes de renunciar a su cargo, renuncia aceptada por el Papa. En la Nota de la Congregación para el Culto Divino se recuerda que permanece aún válido el Decreto emitido por el Dicasterio por orden del Papa Francisco el 25 de marzo de 2020.1. Rigen, entonces, las indicaciones del último año para las celebraciones del Domingo de Ramos, del Jueves Santo, del Viernes Santo y de la Vigilia Pascual. La celebración del Domingo de Ramos deberá llevarse a cabo «en el interior del edificio sagrado». Se requiere que las Catedrales adopten «la segunda forma prevista por el Misal Romano [que de Romano tiene cada vez menos respecto al Vetus Ordo, tanto en sus contenidos como en las profanadoras propuestas iconográficas, como hemos señalado [aquí] en las iglesias parroquiales y en los demás lugares la tercera». En lo que dice respecto a la Misa Crismal, los Episcopados podrán, según la situación sanitaria del país, «dar indicaciones sobre un posible traslado a otra fecha.» La Misa Crismal puede ser trasladada a otro día, si fuera necesario, para ofrecer «una significativa representación de pastores, ministros y fieles». Para el Jueves Santo está establecido que se omita el lavado de los pies, ya antes facultativo. Tampoco se llevará a cabo la procesión final y el Santísimo Sacramento será custodiado en el tabernáculo [que, en muchas iglesias, no se encuentra ni siquiera en el centro de los altares mayores, sino en la «reserva eucarística», al lado, a veces oculto… decisión modernista que dio sus frutos. Excepcionalmente, es concedida a los sacerdotes la facultad de celebrar la Misa «sin presencia de pueblo, en un lugar adecuado». En lo que dice respecto a la Vigilia Pascual, se requiere sea celebrada «exclusivamente en las iglesias Catedrales y Parroquiales» y que en la liturgia bautismal «se mantenga únicamente la renovación de las promesas bautismales». Todo esto lo explica también la nota del dicasterio, con la certeza de «que las decisiones adoptadas no siempre son fáciles de aceptar por parte de los pastores y de los fieles laicos. Sin embargo sabemos que han sido adoptadas a fin de asegurar que los santos misterios sean celebrados del modo más eficaz posible por nuestra comunidad, en el respeto del bien común y de la salud pública». Tanto rigor para proteger la salud de los cuerpos destinados a morir, pero ninguna piedad por las almas que, en masa, se están perdiendo, junto con la razón.

Tanto rigor y tantos impedimentos para la alimentación de la Fe y de las almas. Pero todos van de compras para alimentar el cuerpo… «Está escrito: ‘No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’» (Mt. 4, 3-6), es lo que se lee en los versículos del Nuevo Testamento dedicados a como el Hijo de Dios, después de haber pasado 40 días y 40 noches en ayunas, fue tentado por el demonio. La Iglesia, de boca abajo a instancias del mundo, renuncia a Si misma ¿para ofrecer qué a las almas? Pánico, no por la salvación de la propia alma sino del propio cuerpo. «Memento, homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris» («Recuerda, hombre, que eres polvo y en polvo te convertirás»), palabras tomadas del Génesis (3;19). Pero los Pastores de los Novísimos ya no nos hablan más… aunque continuamos siendo «polvo».

Nada de lavado de los pies el Jueves Santo, ya no más beso de la Cruz el Viernes Santo, invitan a favorecer la participación de los fieles también con celebraciones online y a dar asistencia para predicar en casas de familia… todo parece surrealista. Precisamente la Iglesia, la única que tiene los instrumentos adecuados para dar aliento, fuerza, ánimo a las personas, a través de la catequesis, los Sacramentos y sus ritos, renuncia sin sabiduría ni ciencia a los bienes eternos que tiene bajo sus ojos desde hace dos mil años para ofrecer a las almas cada vez más asustadas y confundidas.

¿Qué hacemos con los sacerdotes graduados en psicología, en psiquiatría, en bioética, en cosmología y astrología… y que también imparten cursos de «astrología» y de «astrología humanista» si después no nos muestran como llegar a la Santísima Trinidad?

Imbuidos de esa ciencia temida por el Doctor de la Iglesia San Pedro Damián y por San Francisco de Asís, ya no se dan cuenta de lo que es un verdadero catecismo… Santo Tomás de Aquino escribió: «Concédeme, Señor Dios mío, una inteligencia que te conozca, un celo que te busque, una sabiduría que encuentres, una vida que te agrade, una perseverancia que te aguarde con confianza, y una confianza que finalmente llegue a poseerte». «Vanidad de vanidades, decía Qoèlet, vanidad de vanidades, todo es vanidad» (Eclesiastés 1, 2), San Felipe Neri lo reiterará… y Ángelo Branduardi lo cantará muy bien.

La celebración del Domingo de Ramos debe tener lugar «dentro del edificio sagrado», sin procesiones con ramos de olivo. En cuanto a la Misa Crismal, los Episcopados pueden, dependiendo de la situación del país, indicar una eventual transferencia de fecha, para permitir una mayor participación de los sacerdotes. Se mantienen las disposiciones de 2020 para el Triduo Pascual, incluida la «Coena Domini» del Jueves Santo, para lo cual el dicasterio vaticano decreta que «el lavado de pies, ya opcional, debe omitirse». Está implícita la indicación a los Obispos de suspender todas las manifestaciones de piedad popular que normalmente acompañan a los ritos de Pascua. ¿Las mascarillas y el distanciamiento no son seguros? Pero comprar alimentos (y no solo eso), incluso en grandes centros comerciales, es posible; mientras que beber de la Fuente de la vida eterna no es factible, no, porque vivimos en una época de masiva cultura laicista, dominante y masiva. Si tanto temor infunde el Covid 19 con sus variantes, aún más temor debería causar la pandemia ateísta y apóstata porque, una vez destruida la Fe, todo se destruye, incluidas las iglesias y parroquias que se fusionan cada vez más ante la falta de Clero.

Pierre Victurnien Vergniaud (1753-1793), político y revolucionario francés, como también miembro de la Convención y brillante orador, que votó a favor de la pena de muerte de Luis XVI, mientras intentaba en secreto salvar su vida, fue acusado de traición junto con otros 21 diputados en 1793. Dejado en libertad a la espera del juicio, se negó a huir y ante el tribunal pronunció la famosa sentencia «La Revolución es como Saturno: devora a sus hijos«. Condenado a muerte el 30 de octubre, fue guillotinado al día siguiente. Esto es lo que también estamos viendo en nuestra enfermísima sociedad: la codicia de revolución y de «libertad» para emanciparse de las leyes de la naturaleza y divinas, hace al hombre débil y esclavo de tener terror de su propia sombra, extremadamente inseguro. Para comprobarlo basta ver cuánto la necesidad de drogas psicotrópicas es cada vez mayor en Occidente.

Cuando la Iglesia era fiel a su deber, sin teorías ecológicas absurdas y ritos idólatras, incluso realizados en San Pedro con la Pachamama, sabía qué y cómo enseñar, qué y cómo orar para obtener, a través de la conversión, no ecológica, sino única y exclusivamente en la Cruz de Cristo, gracias espirituales y corporales, para uno mismo y para los demás.

1 https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2020/03/25/dec.html

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