Editorial: Radicati nella fede, Abril 2015.

Boletín informativo de la Comunidad Católica de Vocogno,
Diócesis de Novara, Italia.

Hoy día presenciamos con resignación, la vertiginosa caída de vocaciones sacerdotales con la consiguiente disminución del número de sacerdotes entre nosotros. Día tras día aumentan las parroquias que carecen de la presencia estable de un sacerdote. No cabe duda, los sacerdotes se están volviendo escasos. Con mayor frecuencia hay iglesias que se abren esporádicamente para la celebración de la Santa Misa mientras permanecen cerradas la mayor parte del año.

Es más, aún cuando haya un sacerdote residente en una parroquia grande, su presencia se disminuye progresivamente por el sobrecargo de trabajo que significa el garantizar servicios a innumerables pequeñas comunidades en su área. En muchos valles montañosos no queda ni un sacerdote.

¿Qué decir? Es un cuadro triste y descorazonante.

Pero, cabe preguntar: ¿Cúal es el mayor peligro? A nuestro entender ello es que la solución a todo esto esta siendo dictada por los mismos que causaron y aceleraron el problema. ¡El Cristianismo “Protestantizado” dio lugar a este desastre hace décadas y ahora nos ofrece los remedios!

Toda la reforma litúrgica de los 60s y 70s se enfocó en la centralidad de la Palabra de Dios y en una revisión completa de la milenaria liturgia católica a fin de ceder a las exigencias de una nueva eclesiología y del nuevo enfoque pastoral siendo violentamente implementada.

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Los 19 Santos Mártires de Gorkum , ahorcados y mutilados por los protestantes el 9 de julio de 1572, en Brielle, Holanda

Esta es la nueva eclesiología: La iglesia ya no es el Cuerpo Místico de Cristo sino que prevalece el concepto del Pueblo de Dios. El énfasis no se centra en el Sacramento del Orden Sagrado y del Sacerdocio, que constituyen la estructura de la organización jerárquica de la iglesia; el énfasis recae en el Bautismo y en un laicado obligado a convertirse mas y mas en corresponsable por la gestión de la Iglesia.

De esta nueva eclesiología que enfatizó la comunidad en vez de la unión con Dios en Nuestro Señor Jesucristo surgió la preocupación constante de que todos textos de la Misa y los Sacramentos fueran traducidos al idioma vernáculo a fin de que los fieles no se sintieran inferiores a los sacerdotes durante la oración pública.

Los fieles como corresponsables con los sacerdotes en el templo deberían poder entender inmediatamente todo lo dicho, a fin de poder gobernar democráticamente la Casa de Dios. He aquí la razón por la cual se dio importancia excesiva a la Palabra de Dios. La intención era leer la Biblia en la Misa.

El resultado fue este: Creatividad libidinosa en las liturgias de la Palabra con lectores laicos, comentaristas laicos, gestos simbólicos para acompañar las lecturas, participación en las homilías, e interminables oraciones de los fieles seguidas de una Consagración rápida y rebajada en sacralidad. Consagración que los individuos mas esclarecidos decían que aún estaba reservada al sacerdote ya que “nosotros” los católicos no íbamos a andar todo el camino hacia el protestantismo.

Podríamos explicarlo así: Desde el Concilio una suerte de semi-protestantismo se ha ido formando progresivamente, el cual no elimina totalmente al sacerdote pero lo relega a una pequeña esquina: la Consagración. Y ella rigurosamente traducida al vernáculo con todas las palabras tomadas de la Biblia dichas en voz alta para que los fieles, oyendo, la ratifiquen con su “Amen”. Naturalmente desde que se democratizó, la Iglesia necesita del asentimiento de los fieles: En la proclamación del “misterio de fe” y en la comunión con los fieles diciendo su “si” para así reforzar la Presencia de Cristo realizada a través del sacerdote. ¡Es realmente una especie de semi protestantismo!

La revolución litúrgica concebida de este modo pretendía traer un nuevo impulso a la vida Cristiana y a la misión de la Iglesia en la sociedad. Sin embargo de inmediato quedó claro que estaba produciendo confusión. La revolución social y cultural de 1968 que precisamente estaba haciendo explosión en los años post conciliares cargó con la culpa. Se dijo entonces que todo hallaría su lugar y que después de los errores y la confusión una etapa de tranquilidad y edificación fructífera arribaría. ¡Todavía la estamos esperando!

El último intento según ese derrotero surgió durante el Pontificado interrumpido de Beneficto XVI, quien con firmeza promovió un re equilibrio de la reforma orientada a la tradición; pero estas ilusiones desaparecieron con su abdicación.

Hoy día la Iglesia parece un campo tras una batalla: En ruinas con cadáveres a sepultar. No solo es que la sociedad no haya regresado al Cristianismo, sino que ya no hay sacerdotes para embarcarse en una nueva misión.

No obstante, ¿que hacen los nietos de los revolucionarios de hace décadas? ¡Proponen remplazar la Misa por una liturgia de la Palabra animada por los laicos para terminar en Comunión Sacramental! Es la consecuencia lógica de la mas desastrosa y falsa reforma de la Iglesia. Y estos descendientes -lo decimos ahora con certeza- consumarán el desastre.

La enfermedad no ahuyenta la infección, la plaga no detiene la pestilencia a no ser que mate a todos- ¿Y si fuere así que clase de victoria sería?

A través de sus periodos de crisis la Iglesia nunca diluyó su identidad para llegar a todo el mundo. Por el contrario aumentó su celo a fin de que sus sacerdotes fueran mas sacerdotales y sus fieles mas católicos.

En los tiempos Medievales, alrededor del año 1000 hubo una gran crisis y los sacerdotes se unieron en las parroquias , establecieron canonjías a fin de que los ministros de Dios pudieran santificarse a través de una vida casi monástica. Purificaron y nos entregaron una la liturgia mas espléndida, unida a un aumento en su oración. En resumen formaron la base para una profunda regeneración de las vocaciones sacerdotales pues sabían de sobra que sin sacerdotes no hay Iglesia.

Leímos recientemente en la prensa -en letras muy grandes- ” Ya no hay sacerdotes, los fieles ofrecerán la misa”. Esto nos permite entender que caminamos sin obstáculos en dirección opuesta a la verdadera reforma de la Iglesia. Ciertamente la prensa exagera, los laicos no podrían ofrecer una verdadera misa, tan solo leerían las Escrituras y distribuirían la comunión. ¿Pero, como es posible que no veamos que esta es la fase final de la desaparición de la Misa entre nosotros?

Ya estamos acostumbrados a pasarnos sin sacerdote para la doctrina y los laicos interpretan a los Obispos y al Papa con entera libertad. Solo necesitamos que celebren una pseudo misa, para declar la absoluta inutilidad del sacerdote.

¿Que haría un seminarista (un milagro viviente en esta iglesia) cuando lea dichos titulares en un periódico? ¿ No le quedaría claro que la Iglesia ya no lo necesita?

En todo este caos uno tiene la sospecha secreta de que los sacerdotes y fieles reeducados en el espíritu de la Nueva Iglesia semi-protestantizada, ven en las pseudo masas de las iglesias sin sacerdote, la última oportunidad de completar la reforma de la Iglesia que el Vaticano II dejó a medias. Sí, quieren una Iglesia donde todos sean sacerdotes, donde Cristo nazca dentro de la conciencia de cada cual y del interior de la comunidad; una iglesia en que Cristo ya no desciende de lo alto, una iglesia en la que el sacerdote es un legado del pasado, destinado a desaparecer- o casi: El fin del cristianismo.

Cada vez estamos mas convencidos de que no erramos al retornar definitivamente a la Antigua Misa que ciertamente no permitirá estas derivas. Si tan solo mas sacerdotes y fieles entendieran esto, entonces tendrían la oportunidad de un verdadero renacer ofrecido por Dios.


¿Que mas necesitamos que suceda para liberar nuestras mentes y corazones?

[Traducido por Vox Populi. Artículo original]