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El Señor acepta mi ofrecimiento reparador

DOROTEA: Voy al confesionario. El Señor acepta la ofrenda de mi vida como alma víctima con el fin de que no se altere verdad del Magisterio, referente a la homosexualidad, uniones civiles y relaciones prematrimoniales, en el próximo Sínodo sobre la Familia.

En el confesionario:

DOROTEA: En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Ave María Purísima.

CONFESOR. Sin pecado concebida.

DOROTEA: Padre, tras mi ofrenda a Nuestro Señor como alma víctima reparadora internamente siento en mis miembros los estigmas de Su Sagrada Pasión.

CONFESOR: Lo que me dices es un signo inequívoco de que el Señor acepta tu entrega.

DOROTEA: Sí, Padre. También me ha revelado el Señor que los estigmas serán visibles.

CONFESOR: De la misma forma que el Sínodo se ha ido preparando ocultando muchas cosas y con poca transparencia, también tus estigmas se manifiestan ocultos hasta que llegue el momento de que sean visibles.

DOROTEA: No solamente se harán visibles los estigmas, sino que además se harán visibles todas las llagas del Señor en Su Cuerpo. Es decir, el Señor llagado, ensangrentado, macerado de golpes, se hará visible en mi cuerpo. Es más, Él tomará mi cuerpo para mostrar visiblemente los efectos de Su Pasión en el Suyo.

CONFESOR: Todo lo que me dices que ocurrirá en ti, es proporcional al daño impensable que puede hacerse a las almas referente a su salvación eterna, si salieran adelante las proposiciones del Sínodo. El Señor quiere llevar a cabo una gran obra reparadora a través tuya.

DOROTEA: Sé que el dolor será atroz si no me sostiene el Señor. Habrá momentos que parecerá que he fallecido, pues no tendré pulso. Todo será una prueba de la Obra redentora del Señor para la salvación de los hombres. Habrá muchas conversiones cuando vean en mi cuerpo el Cuerpo llagado del Señor.

CONFESOR: El curso de los acontecimientos se puede cambiar tan sólo con una alma víctima como tú, aceptando en todo momento la voluntad de Dios Padre.

DOROTEA: Me abruma un poco lo que Señor tiene previsto en mí, pero sé que no me abandonará fortaleciéndome en lo suficiente para soportar todo en la medida que vaya ocurriendo.

CONFESOR: No lo dudes un solo instante.

DOROTEA: La preocupación del Señor es la salvación de las almas, por esta razón quiere, a través de esta alma víctima, convertir a los incrédulos. Se convertirán, quedarán paralizados al ver el Cuerpo llagado del Señor.

CONFESOR: Lo que me cuentas es novedoso, pues conocemos a personas con estigmas, pero no se sabe de alguien que muestre en todo su cuerpo la Pasión del Señor.

DOROTEA: Así será, Padre. Se podrá contemplar en mí el Cuerpo sufriente y llagado de Nuestro Señor. Me estremezco al pensarlo.

CONFESOR: De esta forma elige Dios para convertir a tantos corazones endurecidos y ciegos.

DOROTEA: La Pasión del Señor no se medita, no se conoce, no se valora, no se puede aceptar la voluntad de Dios. Si no hay sufrimiento no hay entendimiento. En el sufrimiento está la mayor prueba de amor que Dios dio a esta humanidad ingrata, pero tuvo absoluta Misericordia al aceptar Su Santísimo Hijo Jesucristo Su Santa Voluntad.

CONFESOR: Todo lo que has resumido está presente en la Santa Misa, pero no reconocemos la Pasión del Señor.

DOROTEA: Habrá conversiones de sacerdotes cuando contemplen en mí el Cuerpo crucificado de Nuestro Señor. El Señor ha preparado su obra de Misericordia. Padre, ruegue por mí.

CONFESOR: Rezaré mucho por ti, Dorotea. Es muy grande lo que el Señor va a llevar a cabo en ti.

DOROTEA: Padre, acepto la Voluntad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

CONFESOR: Dorotea, que la Santísima Virgen te cubra con su Manto. Te doy la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ti y te acompañe siempre.

DOROTEA: Amén. Padre, por último: EL ALMA VÍCTIMA ACEPTA CON CRISTO LA SANTA CRUZ PARA LA SALVACIÒN DE LOS PECADORES.

Dorotea




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