Al gesto del Papa Francisco, que el mismo día de la firma del acuerdo con China, ha absuelto de la excomunión a los siete obispos que el partido comunista había instalado por la fuerza sin la aprobación de la Santa Sede, las autoridades chinas han respondido designando ellos mismos a los dos obispos que irán a Roma para participar en el inminente sínodo mundial:

Es la primera vez que esto sucede,  y la decisión parece una muestra de lo que sucederá con los futuros nombramientos episcopales, en base al acuerdo estipulado entre las dos partes. Un acuerdo cuyos contenidos no se han hecho públicos, pero que, evidentemente, no es igual para las dos partes.

Mientras en el pasado, primero en 1998 y después en 2005, los obispos chinos invitados a los sínodos de aquellos años, en el primer caso por Juan Pablo II y en el segundo por Benedicto XVI, nunca obtuvieron la autorización para ir a Roma, hoy, en cambio, ha ocurrido lo contrario. Han sido las autoridades de Pekín quienes han designado a los obispos que había que enviar al Sínodo, y Roma no ha puesto objeciones. Wang Zuo’an, director de la administración estatal para los asuntos religiosos ha sido el alto funcionario chino que ha hecho pública su designación.

Los dos elegidos son Juan Bautista Yang Xiaoting, obispo de Yan’an-Yulin, y José Guo Jincai, obispo de Chengde. Ambos son, desde hace tiempo, docilísimos ejecutores de la voluntad de las autoridades chinas, y el segundo –uno de los siete absueltos de la excomunión– es también secretario general de la pseudo conferencia episcopal china, de la que siguen sin poder formar parte los obispos llamados “clandestinos”, es decir, en comunión con Roma pero no reconocidos por el régimen.

Hoy, los obispos “clandestinos” conocidos son 17, de los cuales 7 tienen mucho más de 75 años. Y dos de ellos se encuentran ahora flanqueados en las respectivas diócesis por dos de los obispos de nombramiento gubernativo amnistiados por el Papa los días pasados. En la diócesis de Shantou, el obispo “clandestino” tiene 87 años y podrá ser sustituido fácilmente. Pero en la de Xiapu-Mindong el obispo “clandestino” Vicente Guo Xijin, de 56 años, deberá ceder el paso al rival Vicente Zhan Silu, obedeciendo al “sacrificio” que le ha pedido el Vaticano ya desde el invierno pasado. También esto confirma cómo el régimen chino se encuentre en ventaja sobre la parte contraria.

De todos los obispos actualmente presentes en China –de los que el Anuario pontificio calla los nombres, salvo los de Hong Kong y Macao–, Settimo Cielo ha ofrecido el pasado febrero un organigrama razonado, en base al muy informado libro del vaticanista Gianni Cardinale, publicado a inicios de este año por la Libreria Editrice Vaticana:

Pero hay que añadir que respecto a la diócesis de Ningbo, cuyo último obispo conocido, llamado Hu Xiande, “clandestino”, ha muerto el 25 de septiembre de 2017, la Santa Sede se ha limitado a comunicar que “el sucesor ha tomado posesión de la diócesis”: signo de que ahí debe haber ahora un nuevo obispo, tampoco reconocido por el gobierno chino, pero cuya identidad no ha sido revelada.

Una última anotación se refiere al extraño caso del octavo obispo al que el Papa Francisco ha retirado la excomunión el pasado 22 de septiembre, no ya como vivo, sino una vez muerto.

En el acto papal de la revocación de la excomunión está escrito que este obispo, Antonio Tu Shihua, franciscano, fallecido el 4 de enero de 2017, “antes de morir había expresado el deseo de reconciliarse con la sede apostólica”.

“L’Osservatore Romano” no publicó la necrológica de este obispo, como era normal hacer con cada obispo ilegítimo fallecido sin haberse reconciliado con la Iglesia, ni públicamente, ni en el foro interno.

Hay dos posibles explicaciones de su absolución “post mortem”, concedida por el Papa Francisco los días pasados.

O la Santa Sede ha sabido sólo mucho tiempo después de la muerte su deseo de reconciliación, o el gobierno chino ha exigido de Roma su rehabilitación póstuma. Y la ha obtenido.

 

Sandro Magister, L’Espresso – 30 de septiembre 2018

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